Este
fin de semana supimos de la realización de una consulta
pública convocada por el hoy presidente de la república,
López Obrador, para dejar que “el pueblo decida” si se
construye o no una termoeléctrica en tierras de la
comunidad de Huexca, municipio de Yecapixtla, en el
estado de Morelos. El 2 de mayo del año 2014, en
Tlalquiltenango y en Yecapixtla, Morelos, el entonces
dirigente nacional de MORENA se había comprometido con
los pobladores a apoyarles para que no se construyera la
termoeléctrica, a la que calificó como imposición,
agravio y ofensa en contra de los habitantes de aquellos
municipios morelenses.
Hace unas horas, el Gobierno Federal presentó los
resultados de su consulta en la que -se dijo- hubo
alrededor de 89 mil participantes, de los cuales un 59%
optó por el “Sí” y un 40% por el “No” a la construcción
de esta obra de infraestructura energética. Lo que
continúa, según expuso el Ejecutivo Federal, será pedir
la opinión de especialistas internacionales para ver si
–como lo han señalado ya distintos organismos públicos y
universidades mexicanas- la termoeléctrica significaría
un peligro para las poblaciones vecinas.

En medio de todo, el presidente de México manifestó su
intención de que el proyecto continúe –lo que sorprendió
por su anterior posición por la negativa- y aseguró que
si se cancelara la termoeléctrica se perderían alrededor
de 4 mil millones de pesos; es decir, algo así como el
4% de lo que se calcula nos costará la cancelación del
Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en
Texcoco.
El proyecto de la termoeléctrica en Huesca, Morelos,
data de hace diez años, cuando las secretarías de
Energía y la de Medio Ambiente y Recursos Naturales
emitieron su autorización –y, hay que decirlo- sin
mediar ninguna consulta entre los pobladores. En el
2011, la Comisión Federal de Electricidad presentó los
detalles de la construcción de dos termoeléctricas en
Huesca; esto despertó la oposición de miembros de las
comunidades directamente afectadas pues, además de los
riesgos señalados por instituciones
como el
Centro Universitario para la Prevención de Desastres
Regionales (Cupreder) o del mismo Cenapred por su
cercanía al volcán Popocatépetl, resulta que la
extracción de agua del Río Cuautla a través de un
acueducto de 10 kilómetros de longitud para el
funcionamiento de las dos termoeléctricas –extracción
del orden de los 2 mil 500 litros por segundo-, estaría
poniendo en riesgo el abasto del vital líquido para
cerca de una treintena de ejidos en Yecapixtla, Apatlaco,
Cuautla, Yautepec, Tlaltizapán, Tlalquil-tenango,
Jonacatepec y Tepalcingo (esto, de acuerdo con un
estudio realizado, en el 2015, por el
Centro de Investigación en Ingeniería y Ciencias
Aplicadas, de la Universidad Autónoma del Estado de
Morelos).
El Proyecto Integral Morelos (en el que se inscribe la
construcción de las termoeléctricas en Huexca) contempló
también la construcción de un gasoducto de 150
kilómetros que ya pasa por Tlaxcala, Puebla y Morelos
(en la zona de los volcanes), así como la instalación de
una línea eléctrica de 20 kilómetros de longitud desde
Yecapixtla y hasta Yautepec.

A lo largo de estos diez años, los opositores al
proyecto impulsado por la Comisión Federal de
Electricidad han librado una batalla tanto en
tribunales, como en la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos y en distintas instancias estatales y
nacionales, e incluso han padecido recientemente el
cobarde asesinato de dos de sus líderes más conocidos:
Rubén Fajardo de Anda y Samir Flores Soberanes.
Ahora, y sin importar las restricciones establecidas en
la
Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano
Sustentable del estado de Morelos ni, tampoco, las
recomendaciones emitidas por organismos defensores de
los derechos humanos o por especialistas en materia de
impacto ambiental, todo parece indicar que la imposición
de un proyecto energético pleno de contradicciones será
un hecho gracias al cuestionado mecanismo de consulta
que, en otros casos, ha servido para cancelar obras
públicas con mucho menor riesgo y mayores inversiones ya
en proceso de construcción.
No hay duda de que en México hace falta una mayor
voluntad y esfuerzos coordinados para promover el
desarrollo sustentable, donde las variables económicas,
sociales y ambientales del desarrollo sean conciliadas
efectivamente y en favor del bienestar integral de las
poblaciones humanas y no humanas que habitamos en este
bello territorio. En proyectos como el de la
termoeléctrica de Huexca -que considero realmente
necesarios para el abasto energético de la región
morelense y de otras-, sería mucho mejor concentrarse en
los planes de contingencia y de protección ambiental, en
definir y comprometer apoyos al desarrollo de las
comunidades -tanto en el ámbito rural como en el
urbano-, así como consensuar mecanismos para distribuir
los beneficios previstos, en lugar de empantanarse en la
discusión sobre las posibles externalidades (ciertamente
susceptibles de ser controladas) o enfrascarse en
confrontaciones políticas por años y que resultan
incluso en asesinatos y retrocesos indeseables.
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