Hace
ocho días en esta columna de Antena Radio 3ª. Emisión, y
reflexionando sobre el desabasto de combustible en el
Centro y Bajío del país, comenté que me resultaba
difícil ponderar los efectos que tendrá sobre la calidad
del aire la distribución de gasolina a través de pipas
y, sobre todo, los niveles de contaminación de los
mantos freáticos y del suelo por las fugas provocadas en
ductos a manos del crimen organizado (sí, el huachicol).
En general, consideré muy complejo pronosticar las
consecuencias que tendría sobre los recursos naturales y
para la población el “a todas luces anárquico manejo de
un material peligroso tan extensamente presente como lo
es la gasolina”.
Desafortunadamente, Tlahuelilpan, Hidalgo, se inscribe
ahora como una dolorosa lección de las consecuencias del
manejo irresponsable, de la ausencia de
institucionalidad y de la pérdida de autoridad en cuanto
al manejo de sustancias peligrosas en nuestro país. En
cualquier lugar del mundo las sustancias químicas forman
parte integral de la actividad humana y, por lo mismo,
existen medidas precautorias del dominio público para
evitar que bajo ciertas condiciones de exposición o de
manejo inadecuado, estas sustancias puedan convertirse
en un riesgo significativo para el medio ambiente o para
la salud y la vida de las personas.

Desde la producción de plásticos, ropa, detergentes y
medicamentos, hasta la fabricación de fertilizantes o
pesticidas para el agro, la industria química tiene una
presencia indiscutiblemente predominante en nuestras
sociedades. Los expertos hablan de una producción global
que era calculada, allá en 1970, en los 171 mil millones
de dólares; y ya para el año 2010, la industria química
representó un volumen de 4,2 billones de dólares, lo que
le posiciona indiscutiblemente como una industria
fundamental para entender el actual orden económico
mundial.
Y -como es lógico- la producción, distribución y consumo
de las sustancias químicas no está exenta de riesgos
tóxicos o de accidentes fatales; productos de limpieza
para el hogar, de higiene personal y hasta cosméticos,
nos advierten siempre que pueden afectar a la salud
humana, a la fauna y flora o hasta ecosistemas enteros
(como sucede con la industria extractiva). Ya desde la
Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y
el Desarrollo de 1992, en Río de Janeiro, fue adoptado
el capítulo 19 de la Agenda 21 sobre el manejo
ambientalmente adecuado de los productos químicos. A
partir de esto, se formó el Foro Intergubernamental
sobre Seguridad Química (IFCS) que contó con la
participación del Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente (PNUMA), de la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación
(FAO), de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Organización
Mundial de la Salud (OMS); el resultado fue la
conformación de un marco de políticas para promover el
manejo adecuado y la seguridad química conocido como
Enfoque Estratégico para el Manejo Adecuado de los
Productos Químicos a Nivel Internacional.
Distintos protocolos y convenios se han abocado al
control y manejo adecuado de sustancias químicas, lo que
ha dado relativa seguridad en su producción y uso
generalizado (aunque no garantías de suprimir por
completo los riesgos latentes). En México, el tema del
manejo adecuado de las sustancias químicas ha avanzado
de manera mucho menos contundente en comparación con
otras naciones, lo que ha resultado en una percepción
pública que subestima los riesgos por falta de
información, así como un creciente número de poblaciones
humanas y ecosistemas con exposiciones inadmisibles a
sustancias químicas peligrosas (Mendoza Cantú e Ize
Lema).

De acuerdo con la PROFEPA y el CENAPRED, del 2010 al
2014 se presentaron un total de 2 mil 835 emergencias
químicas, fundamentalmente por el manejo inadecuado de
hidrocarburos líquidos y gaseoso (61%) y por más de 440
sustancias químicas peligrosas. Pocos han sido los casos
de los que se ha ocupado la opinión pública.
En fin, en mi opinión, eventos como el sucedido en el
territorio hidalguense este fin de semana tienen
responsables bien concretos que comparten culpabilidad:
gobiernos federal, estatales y municipales -pretéritos y
presentes- que no han sido ni son capaces aún de
comunicar los principios internacionalmente acordados
para prevenir y administrar los riesgos por el uso de
sustancias químicas peligrosos; y, lamentablemente, es
igualmente responsable una sociedad incapaz de
informarse y de valorar el alcance y las consecuencias
de acciones como las que penosamente hemos vivido.
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