A
lo largo de estos últimos años y a través de este
espacio, he venido haciendo la narrativa de la manera en
que las dos últimas administraciones presidenciales han
desmantelado sistemáticamente al sector de la
administración pública responsable del cuidado del medio
ambiente y los recursos naturales del país.
Con
excepción de la Comisión Nacional de Áreas Naturales
Protegidas (cuyo presupuesto prácticamente no ha variado
desde el 2012), el sector encabezado por la Secretaría
de Medio Ambiente y Recursos Naturales ha visto una
disminución sustancial de los recursos de los que
dispone para atender la política de protección del
capital natural mexicano. En materia de gestión forestal
y de suelos, por ejemplo, entre el año 2012 y 2016 los
recursos asignados redujeron en alrededor del 80%; o en
lo tocante a la vigilancia, inspección y sanción de
ilícitos en contra del medio ambiente, el presupuesto
asignado a la Procuraduría Federal de Protección al
Ambiente (Profepa) redujo –en el mismo período- en un
21%.

En
suma, a lo largo del sexenio que concluyó el 1° de
diciembre pasado el presupuesto del sector Medio
Ambiente y Recursos Naturales decreció en más del
cincuenta por ciento, en comparación con los montos de
la década que le precedió. Es cierto que hubo
significativos avances en lo referente a decretar nuevas
áreas naturales protegidas en el país (se
triplicó la superficie resguardada al pasar de 176 Áreas
Naturales Protegidas, en 2012, a 182 en 2017, con lo que
ya suman 91 millones de hectáreas, 70 millones marinas y
21 millones terrestres).
Sin
embargo, no basta con decretar millones de hectáreas
como ANP´s y ya; hay que canalizar recursos importantes
para elaborar estudios, planes de manejo, obras de
infraestructura y sistemas de vigilancia que garanticen
los objetivos de la conservación y del aprovechamiento
sustentable de estos territorios. Como lo he señalado
reiteradamente, los recortes presupuestales al Ramo 16
-Medio Ambiente y Recursos Naturales- afectaron, durante
la administración del presidente Peña Nieto,
especialmente a los órdenes de gobierno estatal y
municipal al dejar de recibir apoyos etiquetados
específicamente para fortalecer a las autoridades
ambientales regionales y locales.
Lo
anterior se ha traducido en un relajamiento en el
aseguramiento del cumplimiento de la legislación
ambiental; en la carencia de estrategias y medidas
eficaces para salvaguardar a especies amenazadas (como
la tortuga marina, en Oaxaca, o el manatí, en Tabasco);
en la ausencia de innovación para el manejo de residuos
sólidos y control de la contaminación; en el agotamiento
de la política para el control de la calidad del aire,
entre muchos otros temas.

Por
si todo esto fuera poco, hace unas horas se dio a
conocer la propuesta de paquete económico del nuevo
gobierno federal para el año 2019, donde no solamente se
constata una importante reducción presupuestal para el
sector Medio Ambiente y Recursos Naturales -del orden
del 30% menos en comparación con el 2018-, sino en
rubros estrechamente vinculados como el de salud,
ciencia y tecnología, y cultura. Se confirma también el
fortalecimiento del sector energético basado no en la
transición hacia fuentes renovables y limpias, sino en
los combustibles fósiles; además, se inician ya
proyectos de enorme impacto ambiental -como la refinería
de Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, o el Tren Maya-, sin
cumplir con requisitos de prevención y manejo de
impactos ambientales perfectamente contemplados por la
legislación vigente.
En
su lugar -y lo digo con mucho respeto-, el mensaje es
apelar a entidades mágicas o religiosas para justificar
el incumplimiento descarado de requisitos y
condicionantes que, por cierto, nos ha tomado tantos
años y esfuerzos construir.

Creo
que es momento de que se entienda que la única manera de
combatir a la pobreza y a la marginación es entendiendo
que las iniciativas para el desarrollo nacional deben
surgir de las regiones y no así desde una visión
centralizada; la riqueza material de nuestro territorio
y el capital natural que le consustancia requiere de
inversiones considerables para su efectiva preservación
y eficaz protección.
Dar por hecho que ésta
siempre estará ahí, a nuestra disposición, es síntoma de
arrogancia e ignorancia del feroz avance del deterioro
ambiental actual. ▄