Incendios forestales se incrementan por ocupación humana de territorios boscosos

 

  • Cifras inéditas de territorio devastado en el hemisferio norte durante 2018, tras una sequía de ya más de cuatro décadas

  • Desequilibrada la relación entre las especies y el fuego en sus ecosistemas por causa de una sola especie: el ser humano

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  12 de noviembre de 2018.

 

 

A lo largo de estos meses del verano y otoño en el hemisferio norte hemos conocido sobre los inéditos incendios forestales que acontecen en el estado de California, en los Estados Unidos; hoy en día, las pérdidas de vidas humanas y económicas –dicen algunos especialistas- son históricas. Aunque aún no hay cifras definitivas de la superficie devastada por el fuego, hay quienes estiman que pudiera estarse rompiendo el record del año 2003 de los 2 mil 921 kilómetros cuadrados de bosques quemados. 

 

 

Son distintos factores climáticos y ambientales los que han propiciado la “tormenta perfecta” que hoy viven cientos de miles de californianos: en primer lugar, la presencia de una sequía prolongada ya desde la década de los setenta y que ha incrementado la temporada normal de incendios forestales de cinco a más de siete meses. Además, la baja humedad relativa tanto en el suelo como en la atmósfera de la región –atribuible a la elevación de las temperaturas por el cambio climático-, sumada a la presencia de los típicos vientos del otoño (conocidos como los “vientos de Santana”), han facilitado la aparición y expansión de los incendios forestales en distintas regiones montañosas de la costa californiana. 

Pero, sobre todo, la creciente ocupación de los territorios boscosos por asentamientos humanos ha incrementado los factores de riesgo que propician la aparición de incendios de la escala que estamos viendo. Con distintas intensidades, durante los meses del verano y el otoño de este año, hemos visto olas de calor e incendios forestales de magnitud inédita en países como Grecia, Suecia, Noruega, Finlandia, España e Inglaterra. En los Estados Unidos, California, Oregón y Alaska han registrado incendios forestales persistentes y letales que dejaron carbonizados miles de kilómetros cuadrados solamente durante este año. 

El impacto del fuego en la vida silvestre –hablando en términos relativos- no es siempre tan grave; muchos animales e insectos han evolucionado al lado de una larga relación con el fuego y éste es parte natural de sus ecosistemas. A pesar de que muchos individuos de distintas especies mueren durante estos eventos, lo cierto es que un gran número de aves vuelan para alejarse de los incendios; mamíferos como renos, pumas o lobos corren a refugiarse en arroyos, lagos o entre las rocas; y colonias enteras de invertebrados hacen lo propio. Incluso, gracias al fuego algunos depredadores pueden verse beneficiados al aprovechar los flujos inusuales de criaturas que huyen y de las que se alimentan. La revista National Geographic ha documentado cómo osos y mapaches cazan a animales que están huyendo de las llamas, e incluso han registrado la forma en que las aves, en Australia, propician el esparcimiento del fuego para obtener alimento.

 

 

Pero no hay duda de que los actuales incendios forestales en el hemisferio norte del planeta están fuera de toda proporción normal y de que su presencia nos habla ya de un notorio desequilibrio ambiental, fundamentalmente promovido por una sola especie viva: el ser humano. La creciente presencia del hombre en las regiones boscosas del planeta es la causa de más del 90% de los incendios, fundamentalmente por los cambios de uso de suelo forestal hacia las actividades agrícolas y por la urbanización en distintas escalas; lo cierto es que la vida silvestre está perdiendo la batalla de frente a la magnitud de la destrucción que provoca el ser humano. 

Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas ha advertido que, si la humanidad no detiene la pérdida de la biodiversidad en el planeta, podríamos enfrentar y documentar nuestra propia extinción. Y más aún, señala que el planeta tiene tan sólo dos años para asegurar un acuerdo por la naturaleza para lograr detener a un “asesino silencioso” tan peligroso como lo es el cambio climático. 

Así pues, de este tamaño es la urgencia de alcanzar y –sobre todo- de comprometerse con acuerdos internacionales para revertir la tendencia del deterioro ambiental que hoy vemos manifestada en fenómenos tan destructivos como los gigantescos incendios forestales y que, al final del día, se revertirán en contra de nosotros mismos. Ocupar el territorio de manera correcta para la construcción de infraestructura de todo tipo y administrar racionalmente los recursos que nos brinda el planeta, son hoy premisas que deben guiar la acción de cualquier gobierno u organización.

 

 


Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón