Debe aplicarse principio precautorio en el desarrollo y uso de energías renovables

 

  • Campos solares y eólicos no son inocuos para el clima; también provocan elevación de temperatura y humedad en el territorio

  • Venta de vehículos híbridos o eléctricos ha registrado un aumento de alrededor del 28% durante los dos últimos años y la tendencia sigue al alza (AMIA)

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  17 de septiembre de 2018.

 

En este espacio he venido subrayando de manera reiterativa los enormes beneficios que puede brindarnos una transición, tanto nacional como global, hacia el uso de energías renovables para , por un lado, satisfacer las crecientes necesidades energéticas del mundo; y, por otro, para mitigar el cambio radical que estamos presenciando en los patrones climáticos en prácticamente todo el planeta. Sin embargo, la implementación de cualquier decisión que tenga que ver con el medio ambiente debe considerar los posibles impactos que, por ejemplo, traerían consigo el despliegue masivo de tecnología como lo son los campos eólicos o de paneles solares.

 

Una de las máximas formuladas durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992, en Río de Janeiro, fue precisamente el “principio precautorio” o de precaución y que señala que “cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”. Es decir, el principio de precaución es un concepto que recomienda “la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo”.

 

 

 

 

De esta manera, el principio precautorio reconoce, entre otros factores, que toda acción implica la existencia de una posible amenaza, un peligro o un riesgo latente de daño al medio ambiente como consecuencia de nuestras decisiones. Sin embargo, y aunque sea rotunda la carencia de evidencia científica que subyace respecto de los posibles impactos, esto no deberá ser motivo para postergar u omitir la instrumentación de medidas que prevengan e impidan la degradación del ambiente, los daños a la salud o a los ecosistemas.

 

Hace unas semanas, la revista Science publicó un interesante estudio sobre los posibles impactos climáticos que tendría la instalación de campos eólicos o de celdas solares en la región del desierto del Sahara y, específicamente, en la zona de transición de El Sahel, al sur. A pesar del potencial energético de esta región del planeta (que se calcula proporcionaría hasta cuatro veces más energía que la que se consume actualmente en todo el mundo), la operación de campos eólicos y solares generadores de energía no sólo volvería más cálida a la región -en 2 y un grado centígrado respectivamente-, sino también aumentarían el promedio de las lluvias que ahí se presentan.

 

 

A pesar de representar 30 veces menos el impacto sobre la temperatura que tienen los combustibles fósiles, los impactos climáticos micro regionales traerían transformaciones notables en los patrones sociales, políticos y culturales de sus habitantes. En este sentido, es imprescindible que en toda propuesta de desarrollo de infraestructura –pública o privada- sea incorporado el principio precautorio sobre los posibles impactos al medio ambiente; trátese de lo que se trate, sean éstos proyectos de la industria de la transformación, energéticos, de transporte y comunicación, hasta hidráulicos o de asentamientos humanos, su viabilidad descansará no sólo en el cálculo de los costos económicos, sino también en todas aquellas externalidades que seamos capaces o no de prevenir.

 

Estamos a la puerta del inicio de una nueva administración en el gobierno federal y de muchas otras en lo estatal y municipal; numerosas propuestas en forma de promesas de campaña han desfilado frente a la ciudadanía, pero ello no quiere decir que todas sean de facto viables y que no tendrán impactos sobre el entorno y en nuestra salud y la de los ecosistemas del país. Es importante que los nuevos responsables de cristalizar estos compromisos hechos de frente a la ciudadanía, sean capaces también de prever y administrar adecuadamente aquellas variables que, en el largo alcance, hoy son incluso posibilidades con una reducida probabilidad de ocurrencia.     

 

 


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