Infraestructura para autos eléctricos requiere crecer a la par de la demanda de éstos

 

  • Seguir poniendo todos los huevos en la canasta del petróleo es, por decir lo menos, un craso error

  • Venta de vehículos híbridos o eléctricos ha registrado un aumento de alrededor del 28% durante los dos últimos años y la tendencia sigue al alza (AMIA)

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  10 de septiembre de 2018.

 

Al día de hoy, para la mayoría de las personas es bastante claro que con la quema de combustibles fósiles que realizamos cotidianamente estamos contribuyendo a la perniciosa emisión de gases contaminantes a la atmósfera, principalmente del dióxido de carbono. Y, desde luego, para casi todos es lógico pensar que al reducir el uso de las gasolinas o del diésel estaremos disminuyendo en consecuencia los volúmenes de gases de efecto invernadero que producimos y que son responsables del calentamiento global. En esta lucha que está emprendiendo la humanidad para mitigar las causas del aumento de las temperaturas y del resultante cambio de los patrones del clima, la transformación de la tecnología y de las fuentes energéticas del transporte está siendo fundamental.

Sabemos que, junto con las actividades agropecuarias y la producción de electricidad a partir de la quema del petróleo, el sector del transporte es una de las principales fuentes y la que mayor crecimiento experimenta en la generación de dióxido de carbono; también, es el sector que más rápidamente crece en su aportación de este gas a la atmósfera, siendo hoy el responsable de alrededor de una cuarta parte del total.

 

 

Por lo mismo, desde hace ya más de tres décadas se ha buscado introducir al mercado vehículos que utilicen electricidad en lugar de gasolinas y, sin duda, es durante los años recientes que se registra un despegue tanto en la producción como en la venta de esta nueva tecnología para el transporte.

Noruega es un caso de éxito, donde -en junio de este 2018- el 47% de todos los automóviles nuevos vendidos eran híbridos o vehículos completamente eléctricos. Pero también en México hay buenas noticias. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), la venta de vehículos híbridos o eléctricos ha registrado un aumento de alrededor del 28% durante los dos últimos años y la tendencia sigue al alza. Y esto es comprensible al ver los incentivos que los gobiernos otorgan a los consumidores que optan por estas tecnologías, cada día más competitivas y eficientes.

En Noruega, por ejemplo, los dueños de autos eléctricos disponen de estacionamientos gratuitos, no pagan cuotas de parquímetro en cajones públicos y tampoco tienen cargos por utilizar carreteras de peaje; incluso, durante algún tiempo se les permitió el uso de carriles confinados para el transporte público. Ha sido tal la respuesta de los consumidores que se espera que, para el 2024, la capital -Oslo- sea una ciudad completamente libre de combustibles fósiles.

Sin embargo, a pesar de que Noruega cuenta con una espléndida infraestructura de puntos de carga para los autos eléctricos, el aumento en la demanda de éstas comienza a significar un problema en aquel país; si hace poco contaban con un cargador para cada cuatro automóviles, hoy el mismo cargador debe atender a diez automóviles (con las molestias que esto implica en cuanto a tiempo para reabastecerse de energía). 

 

 

En México -donde se planea que para el 2050 el 90% de nuestros automóviles sean eléctricos-, también el tema de la infraestructura se perfila como el principal problema. Si bien hoy se cuenta con una incipiente red de estaciones de carga que está pudiendo satisfacer adecuadamente la demanda actual (fundamentalmente en las principales ciudades del país), lo cierto es que su dispersión y número presenta ya limitaciones importantes. Quienes poseen un auto eléctrico y quieren utilizarlo para recorrer el territorio nacional, no tienen hoy la certeza que después de los 100, 200 o 300 kilómetros podrán encontrar una estación de carga para continuar su recorrido.

Nuevamente, las acciones de adaptación y las de mitigación del cambio climático demandan la creación de una importante infraestructura que, desde ya, debe ser visualizada con claridad y planificada con los recursos que serán necesarios. Así como son necesarias las inversiones en sistemas de alcantarillado y desagüe que nos permitan hacerle frente a los inusuales fenómenos hidrometeorológicos que ya experimentamos, también es necesario prever las obras que una transición a la electrificación del transporte demandará.

En mi opinión, seguir poniendo todos los huevos en la canasta del petróleo es, por decir lo menos, un craso error.     

 

 


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