Al
día de hoy, para la mayoría de las personas es bastante
claro que con la quema de combustibles fósiles que
realizamos cotidianamente estamos contribuyendo a la
perniciosa emisión de gases contaminantes a la
atmósfera, principalmente del dióxido de carbono. Y,
desde luego, para casi todos es lógico pensar que al
reducir el uso de las gasolinas o del diésel estaremos
disminuyendo en consecuencia los volúmenes de gases de
efecto invernadero que producimos y que son responsables
del calentamiento global. En esta lucha que está
emprendiendo la humanidad para mitigar las causas del
aumento de las temperaturas y del resultante cambio de
los patrones del clima, la transformación de la
tecnología y de las fuentes energéticas del transporte
está siendo fundamental.
Sabemos que, junto con las actividades agropecuarias y
la producción de electricidad a partir de la quema del
petróleo, el sector del transporte es una de las
principales fuentes y la que mayor crecimiento
experimenta en la generación de dióxido de carbono;
también, es el sector que más rápidamente crece en su
aportación de este gas a la atmósfera, siendo hoy el
responsable de alrededor de una cuarta parte del total.

Por lo mismo, desde hace ya más de tres décadas se ha
buscado introducir al mercado vehículos que utilicen
electricidad en lugar de gasolinas y, sin duda, es
durante los años recientes que se registra un despegue
tanto en la producción como en la venta de esta nueva
tecnología para el transporte.
Noruega es un caso de éxito, donde -en junio de este
2018- el 47% de todos los automóviles nuevos vendidos
eran híbridos o vehículos completamente eléctricos. Pero
también en México hay buenas noticias. De acuerdo con la
Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA),
la venta de vehículos híbridos o eléctricos ha
registrado un aumento de alrededor del 28% durante los
dos últimos años y la tendencia sigue al alza. Y esto es
comprensible al ver los incentivos que los gobiernos
otorgan a los consumidores que optan por estas
tecnologías, cada día más competitivas y eficientes.
En Noruega, por ejemplo, los dueños de autos eléctricos
disponen de estacionamientos gratuitos, no pagan cuotas
de parquímetro en cajones públicos y tampoco tienen
cargos por utilizar carreteras de peaje; incluso,
durante algún tiempo se les permitió el uso de carriles
confinados para el transporte público. Ha sido tal la
respuesta de los consumidores que se espera que, para el
2024, la capital -Oslo- sea una ciudad completamente
libre de combustibles fósiles.
Sin embargo, a pesar de que Noruega cuenta con una
espléndida infraestructura de puntos de carga para los
autos eléctricos, el aumento en la demanda de éstas
comienza a significar un problema en aquel país; si hace
poco contaban con un cargador para cada cuatro
automóviles, hoy el mismo cargador debe atender a diez
automóviles (con las molestias que esto implica en
cuanto a tiempo para reabastecerse de energía).

En México -donde se planea que para el 2050 el 90% de
nuestros automóviles sean eléctricos-, también el tema
de la infraestructura se perfila como el principal
problema. Si bien hoy se cuenta con una incipiente red
de estaciones de carga que está pudiendo satisfacer
adecuadamente la demanda actual (fundamentalmente en las
principales ciudades del país), lo cierto es que su
dispersión y número presenta ya limitaciones
importantes. Quienes poseen un auto eléctrico y quieren
utilizarlo para recorrer el territorio nacional, no
tienen hoy la certeza que después de los 100, 200 o 300
kilómetros podrán encontrar una estación de carga para
continuar su recorrido.
Nuevamente, las acciones de adaptación y las de
mitigación del cambio climático demandan la creación de
una importante infraestructura que, desde ya, debe ser
visualizada con claridad y planificada con los recursos
que serán necesarios. Así como son necesarias las
inversiones en sistemas de alcantarillado y desagüe que
nos permitan hacerle frente a los inusuales fenómenos
hidrometeorológicos que ya experimentamos, también es
necesario prever las obras que una transición a la
electrificación del transporte demandará.
En mi opinión, seguir poniendo todos los huevos en la
canasta del petróleo es, por decir lo menos, un craso
error.
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