"Bombas de lluvia", un fenómeno climático cada vez más frecuente en el mundo

 

  • Es ya una muestra palpable de cómo el clima se está volviendo “extremo y perturbador” por causa del calentamiento global: Al Gore

  • En el corto y mediano plazos, quienes vivimos en las grandes ciudades del país tendremos que exigir de nuestras autoridades obras de infraestructura para adaptarnos y enfrentar la nueva realidad climática

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  3 de septiembre de 2018.

 

El jueves pasado -30 de agosto-, a través de diversas cuentas en redes sociales e incluso en algunos diarios nacionales, pudimos ver un par de impresionantes fotografías de las lluvias que causaron inundaciones y verdaderos estragos en la zona sur y sur poniente de la capital mexicana. En estas imágenes que asemejan al hongo formado por una explosión atómica, vemos a una nube del tipo cumulolimbo descargando una impresionante pared de lluvia sobre una superficie de muy pocos kilómetros de diámetro, mientras que en el resto del sur del Valle de México se aprecia un cielo casi despejado y sin precipitación.

A este fenómeno se le conoce como “bomba de lluvia” y el aumento de su incidencia en todo el mundo, es atribuido a la elevación que registran las temperaturas atmosféricas como consecuencia de las actividades humanas.  

 

Ciudad de México, 30 de agosto de 2018. Fotos tomadas de Facebook

 

En palabras muy simples, las “bombas de lluvia” son el desplome o la precipitación súbita y acelerada del contenido de agua de una nube, a través de una columna de lluvia que se concentra sobre un área relativamente reducida del suelo de un territorio. La caída de enormes cantidades de agua -como las que se han registrado en sitios específicos de la Ciudad de México, de Monterrey, de Guadalajara y de otras localidades del país- puede alcanzar una velocidad de hasta 185 kilómetros por hora; lo que, a su vez y al impactar sobre el suelo, forma una especie de ráfaga de viento y un bucle horizontal de gran velocidad, capaz de dejar graves destrozos a su paso.

 

Este súbito y violento desplome de agua sobre un área reducida del territorio es provocado por la condensación que genera la entrada de una ráfaga de viento frío al interior de la nube, desatando un inusualmente rápido paso del estado gaseoso al líquido, aumentando el peso de la humedad y su consecuente precipitación descendente. Las bombas o muros de lluvia -de acuerdo con Al Gore, presidente y fundador de The Climate Reality Proyect- son sólo una muestra de cómo el clima se está volviendo “extremo y perturbador” por causa del calentamiento global; el ex-vicepresidente norteamericano afirma que la humedad en la atmósfera ha aumentado un cinco por ciento en 30 años, lo suficiente como para provocar un clima extraño y destructivo.

 

 

Está documentado que, entre 2001 y 2012, las lluvias fuertes en el planeta registraron un aumento del 40%, y que en 2015 este crecimiento alcanzó el 80%. La revista científica Nature asegura que esta distorsión al alza de los patrones de las lluvias tiene su explicación en el incremento del 40% del nivel de dióxido de carbono y de otros gases contaminantes en la atmósfera, fundamentalmente por las actividades humanas. El también autor de “Una Verdad Incómoda”, Al Gore, critica que estamos usando a la atmósfera del planeta como una “alcantarilla abierta” en la que arrojamos los desperdicios de la quema de combustibles fósiles que usamos para satisfacer nuestras necesidades energéticas.

Es un hecho que en distintas regiones del mundo veremos, cada día con mayor frecuencia, a estas bombas de lluvia y a los llamados “ríos voladores” -que son largas corrientes de nubes que secuestran la lluvia de unos territorios y la llevan a otros distantes, para terminar como estrepitosas bombas de lluvia que caen sobre un área pequeña y concentrada del paisaje. En el corto y mediano plazos, quienes vivimos en las grandes ciudades del país tendremos que exigir de nuestras autoridades la realización de obras de infraestructura hidráulica capaces de enfrentar los retos que ya estamos viviendo; y, para ello, no podemos permitir que los proyectos de obra pública sean sólo ocurrencias para lucirse frente a los medios, sino decisiones sustentadas con base en la estadística y considerando a la mejor tecnología disponible.

 

 

Para el caso de la Ciudad de México y su zona conurbada, urge dar celeridad a las obras del Túnel Emisor Oriente y construir infraestructura complementaria, así como renovar la red de desagüe y alcantarillado de numerosas colonias donde ésta se encuentra completamente caduca. Si bien -por estar bajo el suelo- no son obras ni lucidoras ni fáciles de presumir por quienes anteponen sus intereses políticos, sí son prioritarias y necesarias para adaptarnos a la nueva realidad climática del planeta.     

 


Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón