Antiguos y mortíferos virus reviven por deshielo causado por calentamiento global

 

  • Entre estos, el "Mollivirus", el "Pandoravirus" y el "Phitovirus Sibericum"; a este último le llaman "virus gigante" porque tiene el tamaño de una bacteria y su material genético multiplica por 50 al del virus del VIH

  • Naciones deben invertir en la conservación de su diversidad biológica y en la investigación científica. Los recursos naturales nos darán los elementos para combatir y probablemente curar a las futuras enfermedades, y la ciencia proporcionará las herramientas útiles para desarrollar el conocimiento requerido para poder lograrlo

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  13 de agosto de 2018.

 

 

Ya en el año 2006, Al Gore -ex vicepresidente de los EE.UU.- advertía al mundo, en su libro “Una Verdad Incómoda”, sobre los alcances y la distribución que parecían estar desarrollando algunas enfermedades en distintas latitudes del planeta como consecuencia directa del cambio climático. Decía que cuando vectores de distintos agentes patógenos como “… algas, mosquitos, garrapatas u otras formas de vida transportadoras de gérmenes… comienzan a aparecer en nuevas áreas y adquieren una distribución más amplia, hay más oportunidades de que interactúen con las personas y de que las enfermedades que transportan se transformen en amenazas más graves [1].

Al Gore documentó cómo en sólo cinco años -de 1999 al 2003- y debido a la elevación de las temperaturas en el territorio estadounidense, el mosquito que transmite el Virus del Nilo se esparció desde la costa Este y hasta la costa Oeste de aquella nación. Señaló también al cambio climático como la causa del surgimiento de más de 30 enfermedades durante las últimas tres décadas, algunas de éstas ya erradicadas o bajo control (como el hantavirus, el coronavirus, el dengue, la tuberculosis y otras más).

 

 

Más recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre la necesidad de acelerar la investigación y el desarrollo de protocolos aplicables durante alguna emergencia de salud (como ya sucedió con la epidemias del ébola, el SARS o el zika), y frente a la posible aparición de la llamada “Enfermedad X”; este llamado responde a la muy fundada sospecha de que el aumento de las temperaturas está liberando al medio ambiente bacterias y virus desconocidos por nosotros, y que permanecieron miles y hasta millones de años atrapados bajo el hielo perene -o permafrost- en las regiones polares. Se trata de suelos fríos, sin oxígeno y oscuros, ideales para preservar prácticamente intactas, por miles y hasta millones de años, a estas potenciales amenazas para los seres vivos cuyos sistemas inmunológicos no se encuentran preparados.

Y esto no se trata sólo de una especulación; es algo que ya está sucediendo. En el 2016, cerca de la ciudad de Salejard, en el norte de Siberia Occidental, a unos 2 mil kilómetros al noreste de Moscú, un niño de 12 años murió  después de ser infectado por el ántrax. Las autoridades rusas señalaron entonces que el origen del contagio (detectada también en otras 90 personas) había sido el cadáver infectado de un reno que llevaba oculto bajo el hielo alrededor de 75 años y que, con las elevadas temperaturas del verano de ese año, afloró a la superficie liberando a la bacteria del carbunco (responsable del ántrax). Más de dos mil renos que pastaban en esa zona fueron también contagiados.

 

 

Comúnmente, las capas de permafrost en el suelo son de 50 cms de profundidad y es normal que se derritan cada verano; pero ahora el calentamiento global está provocando que capas más profundas y antiguas queden expuestas. Los científicos temen que, como consecuencia del derretimiento del permafrost, las infecciones mortales de los siglos XVIII y XIX regresen a la faz de la Tierra. En la tundra de Alaska, por ejemplo, han sido descubiertos restos humanos con fragmentos del ADN del virus de la gripe española que, en 1918, mató entre el 3 y el 6% de la población mundial; y, en la región de Siberia, numerosas víctimas de la viruela y de la peste bubónica fueron enterradas también bajo el hielo.

Ya en el 2005, la NASA revivió a una bacteria que estuvo congelada en los hielos de Alaska por 32 mil años, y más recientemente un grupo de científicos franceses activó -bajo todas las medidas de seguridad- a tres virus prehistóricos[2] a los que se les atribuye ser causa de la desaparición de nuestros ancestros neandertales. 

Es por esto por lo que, para enfrentar las consecuencias del cambio climático y la emergencia que se avecina (como lo ha dicho la OMS [3]), las naciones deben invertir en la conservación de su diversidad biológica y en la investigación científica. Los recursos naturales nos darán los elementos para combatir y probablemente curar a las futuras enfermedades, y la ciencia proporcionará las herramientas útiles para desarrollar el conocimiento requerido para poder lograrlo.

 

 


[1] Al Gore, Una Verdad Incómoda, Gedisa Editorial., pag. 172.

 

[2] "Mollivirus", "Pandoravirus" y "Phitovirus Sibericum". A este último le llaman "virus gigante" porque tiene el tamaño de una pequeña bacteria: 1,5 micrómetros de largo. Es el más grande jamás encontrado y su material genético multiplica por 50, por ejemplo, al del virus del VIH.

 


Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón