Brechas de género determinan conductas que afectan negativamente al medio ambiente

 

  • A diferencia de las mujeres, los hombres son menos afectos a conductas benéficas para el medio ambiente, como reciclar o el consumo responsable

  • Más que reforzar estereotipos, es imprescindible fomentar el respeto y aprecio por la diversidad en todos sus ámbitos

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  11 de junio de 2018.

 

 

Siempre he visto en el rechazo a la diversidad a uno de los principales obstáculos para la defensa del medio ambiente, háblese de diversidad biológica, cultural, sexual, étnica o incluso ideológica. Esta tendencia a no aceptar, a excluir o de plano discriminar a lo que es diferente, es la principal promotora del deterioro actual que presenciamos en las condiciones generales de nuestro planeta. Las raíces culturales de este discurso –más que unificador, yo le llamaría simplificador de la realidad- son muchas, y hay que atenderlas urgentemente si lo que queremos es detonar la acción colectiva que contribuya a la salvación de la vida en el planeta tal y como la conocemos hoy.

 

 

 

En el plano religioso, por ejemplo, hemos visto la manera en que el actual líder de la iglesia católica, el Papa Francisco, se ha venido pronunciando por un cambio en los paradigmas tradicionales de la relación del ser humano con el planeta. Primero, con su Encíclica Laudato Si –del 2015-, en la que habla de la peligrosa situación ambiental y de los cuidados a que está obligada la humanidad con la “casa común que Dios nos ha confiado”; y, apenas hace unos días, con su categórico llamado a los líderes de la industria energética para que combatan al cambio climático y busquen el uso generalizado de tecnologías limpias.

Pero, también, en el plano cultural hay obstáculos y grandes desafíos. Este es el caso de la construcción social de la masculinidad y que, según una serie de siete experimentos en los que fueron involucrados alrededor de dos mil participantes estadounidenses y chinos, concluye que los hombres tendemos menos a adoptar hábitos “verdes” o para el cuidado del medio ambiente. A diferencia de las mujeres, los hombres tendemos a generar más desperdicios; reutilizamos y reciclamos mucho menos de lo que lo hacen ellas; nuestra huella de carbono es mucho mayor y, en general, tenemos una percepción más reducida que la de las mujeres sobre nuestra responsabilidad por los comportamientos destructivos para el medio ambiente. 

 

 

El estudio realizado por las universidades de Utah y la de Notre Dame, y publicado –en 2016- en The Journal of Consumer Research, identifica un estereotipo de “masculinidad tóxica” en el que hay un fuerte vínculo psicológico entre las conductas de cuidado al medio ambiente y la percepción social de la femineidad. Hábitos tan simples como el de llevar al supermercado una bolsa reutilizable para hacer las compras o el de adquirir productos orgánicos con etiquetas en las que se muestran flores o diseños percibidos como “no masculinos”, son interpretados por muchos hombres –e incluso por las mujeres- como una afrenta que pone en duda a la masculinidad del consumidor.  

Por tanto, evitar esas conductas amables con el medio ambiente está significando a este tipo de personas una garantía de salvaguardar su identidad de género (a pesar de sus altos costos ambientales).

Una primera solución a esta cuestión radicaría en la capacidad de los publicistas de masculinizar –por decirlo así- los mensajes dirigidos a la promoción de productos “verdes”; esto se experimentó ya en China con los autos híbridos, donde una agencia distribuidora exaltó en su publicidad estereotipos masculinos de este tipo de vehículos (tradicionalmente más comprados por mujeres que por hombres). Sin embargo, creo que en muy poco abonaría construir la solución a través del reforzamiento de los estereotipos vigentes de lo masculino y lo femenino; es importante que, de manera paulatina, transitemos hacia sociedades más tolerantes, que volteemos a ver y tomemos ejemplo de aquellas comunidades que en México han estado y están dispuestas a aceptar y a asumir la diversidad que naturalmente nos constituye. 

 

 

Porque la responsabilidad que tenemos de proteger y de preservar al medio ambiente de nuestra ciudad, de nuestro país y del planeta entero, corresponde de igual manera a todos los géneros. Así, y en la medida en la que lo asumamos y emprendamos acciones cotidianas para construir una ciudadanía ambientalmente responsable, estaremos también trabajando para reducir las brechas que perpetúan la desigualdad, la pobreza, la discriminación y la injusticia en nuestras comunidades.


Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón