México, el 6° país más visitado del mundo, debe invertir en infraestructura turística sustentable

 

  • La actividad turística significa el 10% del PIB mundial; sin embargo, la actividad es responsable del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero

  • Modernizar y construir infraestructura carretera, aeroportuaria, marítima, hotelera y de los demás servicios complementarios, requiere de inversiones en tecnología ambientalmente sustentable

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  14 de mayo de 2018.

 

De acuerdo con una investigación publicada por la revista Nature, la actividad turística en el planeta es la responsable de alrededor del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, superando con ello estimaciones previas sobre este sector (y me refiero a la cifra presentada por la Organización Mundial del Turismo, en 2017, en Kazajistán, que atribuía a la actividad el 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales).

 

Esto es de llamar la atención, pues el turismo contribuye cada vez con mayor vigor a la economía mundial (representa el 10% del PIB mundial, el 7% de las exportaciones mundiales y 1 de cada 10 puestos de trabajo), creciendo a un ritmo del 4% anual y configurándose así como un sector económico de primera importancia en numerosos países del orbe. Sin embargo, al hacer la cuantificación de las emisiones globales de dióxido de carbono relacionadas con el turismo entre 160 países, se encontró que del 2009 al 2013 la huella de carbono del turismo se cuadruplicó con relación a estimaciones previas.


 

En este período de sólo cuatro años, las emisiones de Giga Toneladas de Dióxido de Carbono Equivalente pasaron de 3.9 a 4.5, siendo el transporte aéreo y terrestre, el hospedaje y la comida, así como la producción de suvenires y las compras los rubros con mayor contribución en este incremento, principalmente, en países de altos ingresos.

 


 

De acuerdo con esta investigación publicada por Nature, el aumento de la demanda turística está minimizando los resultados de la descarbonización de la tecnología relacionada con el turismo y –dado el auge de la oferta vacacional- se está constituyendo en una de las actividades que complica ya el impulso global para frenar el cambio climático. En la revisión de estas 160 naciones -realizada por la Universidad de Sídney y publicada en la revista Nature Climate Change- se encontró que las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por el turismo tuvieron sus registros más altos en los Estados Unidos de Norteamérica, China, Alemania, India, México y Brasil.

 

Ya en México, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha identificado distintos impactos ambientales, económicos y sociales derivados de las actividades turísticas, entre las que se cuentan: la destrucción y fragmentación del hábitat y pérdida de la biodiversidad; alteración de ecosistemas y dinámica poblacional de especies de flora y fauna; relleno, compactación y nivelación para la construcción de infraestructura en humedales; contaminación potencial de cuerpos de agua que influye en la calidad de aguas subterráneas, lagunas y zonas arrecifales; entre otros impactos ambientales, sociales y económicos.

 

 

 

Es importante que haya un reconocimiento más o menos puntual de los impactos de las actividades turísticas sobre el medio ambiente, porque así se facilita la tarea de platear estrategias para la mitigación y la erradicación de prácticas nocivas; sólo así podremos fortalecer a un sector que, a nivel mundial, está siendo uno de los motores más activos en el crecimiento de las economías domésticas y en el que México se coloca ya como el sexto país más visitado del orbe.

 

Y, dada la riqueza cultural, la diversidad de la oferta de productos y destinos de nuestro país, la única manera de conseguir consolidar a un sector turístico sustentable es a través de la modernización tecnológica y la construcción de infraestructura de bajos impactos ambientales (lo que implica, por ejemplo, un mejor desempeño energético, el consumo racional del agua y la gestión integral de sus residuos).

 

Toda política pública encaminada a la construcción de nuevas redes carreteras, aeroportuarias, marítimas, hoteleras y de los demás servicios complementarios de la actividad turística, debe encontrar un balance entre el cálculo de los costos financieros y el de los costos ambientales que le son propios. Creo que algunas lecciones han quedado después de la experiencia vivida con el proyecto de Cabo Pulmo, Baja California Sur, o el del tristemente célebre manglar de Tajamar, en Quintana Roo, donde se demostró que la planeación no sólo debe atender criterios de costos económicos para la realización de proyectos sino, en la misma o mayor jerarquía, también su viabilidad ecológica, social y sus costos ambientales

 

Cuidemos entonces a quienes vistan México y no por decisiones apresuradas, demagogia o desconocimiento, terminemos por matar a la gallina de los huevos de oro.

 

 


Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón