Concentraciones de CO2 en la atmósfera superan ya las 410 ppm; enfrentamos un escenario inédito

 

  • La cifra es la más alta en 800 mil años (durante los que las 350 ppm fue el máximo) y los impactos comienzan a manifestarse ya en la salud de los océanos, el clima y la diversidad biológica

  • Necesario tener liderazgos que sepan leer y dialogar con la ciencia, a fin de imprimir cambios radicales en nuestros estilos de vida y consumo de energías

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  30 de abril de 2018.

 

En los inicios de la década de los setenta, por encargo del Club de Roma, fue publicado el estudio denominado Los Límites del Crecimiento, donde un grupo de científicos concluyó que “de mantenerse sin variación el incremento actual de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de recursos naturales, durante los siguientes 100 años alcanzaríamos los límites absolutos del crecimiento”.

Hoy, 46 años después de aquella publicación, esta predicción se ha adelantado en el tiempo: la humanidad está consumiendo recursos a un ritmo en el que requerimos ya de un planeta y medio para sostener la marcha (es decir, estamos tomando un 50% más de lo que la naturaleza es capaz de regenerarse).

Y el panorama no es para nada esperanzador cuando vemos que el principal reclamo de miles de millones de personas en todo el orbe, es justamente el de tener mayor capacidad de consumo e incluso igualar los estándares y los estilos de vida de sociedades altamente insustentables (como la de los Estados Unidos).

Los inventores y calculadores de la “huella ecológica”, Mathis Wacker-nagel y William Rees, aseguran que: “si todo el mundo tuviera las mismas referencias ecológicas que los norteamericanos, necesitaríamos -utilizando la tecnología actual- tres planetas para satisfacer nuestra demanda material total”, y agregan que “… para responder sosteniblemente a las necesidades de la población y de la producción económica, que aumentarán durante los próximos cuarenta años, necesitaremos entre seis y doce planetas”.  

El panorama es más alarmante cuando sumamos una variable que está agravando las condiciones de la Tierra y, por tanto, la disponibilidad de recursos naturales: las emisiones de dióxido de carbono (o CO2) y el calentamiento global.  

El pasado mes de marzo, el Centro para la Investigación del Clima Internacional registró en el observatorio de Mauna Loa, Hawaii, una aceleración en el incremento de la presencia de CO2 en la atmósfera del planeta (una tendencia observada ya desde hace varias décadas, pero hoy alarmantemente aumentada). Y es que a lo largo de la existencia de la vida en la Tierra la atmósfera ha estado compuesta por entre 275 y máximo 350 partes de dióxido de carbono por millón; las partes por millón es la proporción del número de moléculas de dióxido de carbono con relación a otras moléculas de gases de efecto invernadero que constituyen a la atmósfera.

 

 

Gracias a esa proporción equilibrada en la cantidad de CO2 en la atmósfera es que la temperatura en la Tierra son estables (un promedio de 12° C), y le hacen un planeta habitable para el ser humano y para todas las especies con las que coexistimos. 

Sin embargo, y como consecuencia de las actividades humanas y el uso de combustibles fósiles, por primera ocasión en la historia de la vida en el planeta las concentraciones de CO2 en la atmósfera han alcanzado y superado ya las 410 partes por millón, mostrando una tendencia acelerada en su incremento y sin precedentes en los últimos 800 mil años. Este hecho está deteriorando la salud de los océanos y elevando su nivel; ya desequilibra los patrones climáticos; pero también está afectando a la diversidad biológica del planeta e impactando a los recursos –de por sí ya limitados- que sostienen a la civilización humana y a toda la vida en el planeta.

También hace unas semanas hemos sabido que, como consecuencia del incremento de dióxido de carbono en la atmósfera, la intensidad de las corrientes marinas que ayudan a mantener un clima templado en las costas atlánticas de Europa y América del Norte han disminuido significativamente y están en su punto más bajo de los últimos mil 600 años.

 

 

El que las actividades humanas sean la principal causa de este desequilibrio planetario es un certero aviso de que requerimos urgentemente una transformación radical de nuestros estilos de vida.

Necesitamos de gobiernos y de líderes en todos los sectores productivos que reconozcan y asuman los límites que nos impone ya el crecimiento; pero, sobre todo, que sepan leer y dialogar con la ciencia para detonar el tránsito hacia la adopción de energías limpias, entender lo insoslayable que debe ser la distribución equitativa de los frutos del desarrollo, pero –sobre todo- que sean capaces de asumir la responsabilidad compartida de conservar al planeta porque, lo sabemos, ya vamos contra reloj.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón