Hace
un mes, en una entrevista televisiva, escuché a un
importante dirigente político manifestar que tenía “mucha
desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil o
iniciativas independientes”, y la verdad es que quedé
sorprendido por lo que esta afirmación revela. Como una
persona interesada y ocupada en la defensa del medio
ambiente, para mí es claro el papel que han venido jugando
las organizaciones de la sociedad civil en la construcción
de un andamiaje jurídico, cultural, institucional e incluso
político en materia de protección del capital natural de
México.
Desconocer este hecho no revela más que una rampante
ignorancia de las más de cinco décadas de lucha durante las
que el esfuerzo de numerosas organizaciones civiles y gente
con un gran compromiso, ha logrado configurar una visión que
pone por encima de la explotación irracional de la
naturaleza al aprovechamiento sustentable y a las
necesidades de las generaciones futuras del planeta.

Hablar de “sociedad civil” –de acuerdo con el Banco
Mundial-, es referirse a “una amplia gama de
organizaciones: grupos comunitarios, organizaciones no
gubernamentales, sindicatos, grupos indígenas, sociedades
altruistas, de profesionistas y fundaciones”. En la
década de los ochenta, el término de “Organizaciones No
Gubernamentales” se hizo popular para referirse a
movimientos sociales encabezados por personas desvinculadas
del Estado y que desafiaron a los regímenes autoritarios en
Europa y América Latina.
Debido a su creciente influencia en la toma de decisiones
públicas, las organizaciones de la sociedad civil son
también llamadas el “tercer sector” (después del gobierno y
del comercio) y su capacidad de acción se ha ampliado
gracias a los avances tecnológicos y a los cambios sociales.
Ha sido tal su crecimiento que el Foro Económico Mundial ha
ponderado su presencia en la economía global en más de 2.2
billones de dólares; con alrededor de 54 millones de
trabajadores de tiempo completo y sumando a más de 350
millones de voluntarios activos.
Voluntarios adultos vs.
población adulta de países selectos

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La sociedad civil organizada –en agrupaciones o no- está
contribuyendo a desdibujar la rígida y perniciosa división
en sectores, empujando a que los gobiernos adopten prácticas
más democráticas y sustentables, apegadas a las necesidades
reales de las personas y sus comunidades. La exigencia de
que haya rendición de cuentas y transparencia; la
sensibilización sobre problemas como la discriminación y la
exclusión de las minorías; la demanda de mejores servicios
educativos, de salud, alimentación y seguridad; la respuesta
a emergencias y mejora en los sistemas de protección civil;
y, especialmente, la necesidad de proteger al medio ambiente
y al capital natural de la nación, son sólo algunos de los
ámbitos en los que la sociedad civil ha logrado avances
democráticos.
La política ambiental en México –tan desdibujada en las
agendas políticas que hoy se ofertan-, fue construida y es
impulsada con la activa participación de personas y de
grupos organizados de la sociedad, en cuyas filas
encontramos desde académicos, empresarios o líderes sociales
locales y nacionales; hasta notables científicos,
Organizaciones No Gubernamentales y servidores públicos de
cualquier orden de gobierno. Testimonio de ello es también
la extensa narrativa que ha dejado el trabajo de los
Consejos Consultivos para el Desarrollo Sustentable
(iniciados a partir de la gestión de la maestra Julia
Carabias al frente de la entonces Secretaría de Medio
Ambiente, Recursos Naturales y Pesca).

La defensa de los animales, por ejemplo, no se entiende sin
reconocer el vigoroso papel que han venido teniendo las
asociaciones protectoras y no gubernamentales ocupadas del
tema.
Me parece que, en el tiempo en el que estamos viviendo, más
que desconfiar es imprescindible promover y fortalecer
alianzas entre los gobiernos y la sociedad organizada; hacer
lo contrario, significará sólo postergar e ignorar vías de
solución a los problemas más apremiantes que hoy tenemos.
No puedo pensar en la lucha en contra del cambio climático,
por ejemplo, sin contar con el apoyo de agrupaciones civiles
dedicadas a investigar, a educar y a promover la conciencia
sobre las transformaciones que debemos generar en nuestras
conductas diarias. Así pues, pensemos en sumar y no por el
contrario en profundizar la división.
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