La
contaminación auditiva es un problema no solamente ambiental
sino de salud pública, cuya atención es ya apremiante y, por
lo mismo, poco a poco se está colocando en la agenda
política de los países que buscan robustecer el bienestar de
su población. En distintas ocasiones hemos hablado aquí de
los impactos del ruido en el aparato auditivo y -sobre todo-
como detonante del insomnio y del estrés, condiciones que
propician la producción de hormonas (como el cortisol y la
adrenalina) y que afectan al sistema inmunológico y al
metabolismo; todo esto, nos predispone a enfermedades
gastrointestinales, cardiacas y cerebro-vasculares que
tienen un alto costo en términos sociales y económicos.
En ciudades como en las que vivimos la mayor parte de la
población, la contaminación auditiva es un problema de salud
pública que alcanza niveles epidémicos; incluso, numerosos
especialistas equiparan los impactos del ruido sobre la
salud a los daños producidos por la contaminación del aire.
Pero, también, hay estudios que señalan a la combinación de
ambos contaminantes (el ruido y el smog) como un
importante factor de riesgo para el incremento de la
mortalidad por causa de enfermedades cardiovasculares y
respiratorias, particularmente en mayores de 65 años.

Por otra parte, hay una gama de problemas psicológicos y
sociales propios de los entornos ruidosos que no han sido
estudiados con suficiente profundidad y que, en
consecuencia, reciben poca o nula atención por parte de
autoridades y de los profesionales de la salud. De igual
forma, sabemos que los ambientes ruidosos propician la
aparición de conductas violentas y que no favorecen hábitos
de integración social adecuados; también, se ha comprobado
que el aprovechamiento escolar de los niños reduce
dramáticamente cuando hay distractores auditivos frecuentes.
Pero, más recientemente, distintos estudios de neurociencia
se han centrado en los impactos del ruido sobre el desempeño
de las personas y de la productividad en los entornos
laborales. Investigadores de
Perkins + Will
, un grupo de especialistas de distintas partes del mundo
que está dedicado a entender cómo los entornos construidos
afectan a la experiencia humana y la forma en que es posible
mejorar las edificaciones mediante innovaciones
arquitectónicas y de diseño, han realizado interesantes
estudios sobre los efectos del ruido en los centros de
trabajo.
En 2016, pudieron comprobar cambios estadísticamente
significativos en el puntaje de creatividad de las personas
asociándoles con diferentes ambientes y condiciones
acústicas: los trabajadores reportaron ser más creativos
cuando el ruido de la oficina era notablemente menor o éste
se enmascaraba con “ruido blanco” (es decir, sonidos de
amplia frecuencia y sin variaciones notables o distractoras).
En contraste, el 99% de los empleados informó haber perdido
la concentración por causa del ruido (siendo los sonidos
fuertes motivo de irritación), y un 68% de los encuestados
expresó frustración, fatiga y falta de concentración, cuando
los registros del sonido superan el nivel de una
conversación normal.
Perkins + Will
señala la importancia de contar con buenos diseños acústicos
y arquitectónicos en los centros de trabajo, a fin de que
este tipo de contaminación –que merma a la productividad y a
la eficiencia de las organizaciones- pueda ser controlada
adecuadamente.

En México, algunos especialistas (como la doctora Jimena de
Gortari Ludlow) están invitando a las nuevas generaciones de
arquitectos a recapacitar sobre la urgencia de incorporar en
sus proyectos diseños integrales que funcionen como barreras
contra el ruido ambiental. A pesar que, desde hace 16 años,
la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT)
ha venido señalando a la contaminación auditiva como una de
las principales causas del deterioro de la calidad de vida
de los habitantes de la Ciudad de México, hasta ahora no ha
habido una respuesta contundente con políticas públicas que
atiendan de manera integral a este complejo problema.

Sin duda, habrá que hacer mucho ruido para que el tema del
combate a la contaminación auditiva sea incorporado en las
agendas legislativas y de instrumentación de políticas
públicas de todos los órdenes de gobierno.
▄