Conocimiento y uso de la diversidad biológica debe ser la base del desarrollo tecnológico

 

  • La biomímica es la capacidad de imitar el funcionamiento de la naturaleza en el desarrollo de tecnología, buscando la sustentabilidad del desarrollo    

  • México debe fomentar y financiar la investigación científica para detonar su desarrollo tecnológico, basado en el conocimiento de su propio capital natural    

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  9 de abril de 2018.

 

Ancestralmente, el ser humano ha buscado imitar y aprender de la naturaleza para lograr una mejor adaptación al entorno, y esto se ha visto reflejado en el desarrollo de la tecnología en distintas etapas de nuestra historia. Si lo pensamos bien, el conocimiento, la conservación, la protección y el aprovechamiento de nuestro entorno natural puede y debe darnos soluciones de largo plazo, así como herramientas tecnológicas eficaces para enfrentar a los desafíos modernos. 

A lo largo de millones de años, la naturaleza ha venido perfeccionando su diseño para alcanzar el funcionamiento armónico y sustentable entre todos sus elementos, y esto es algo que -por fortuna- no ha pasado desapercibido al ser humano. Ya en la década de los noventa, Janine Benyus –escritora de ciencias naturales estadounidense- utilizó el término “biomímica” para referirse a las innovaciones tecnológicas desarrolladas por el ser humano y que están inspiradas precisamente en las formas en las que distintas especies de animales y plantas se adaptan a su entorno.

Probablemente, muchos de nosotros recordemos también el término “biónico”, atribuido al ingeniero Richard Buckminster Füller y utilizado en las populares series televisivas de los años setenta: “El Hombre nuclear” y “La Mujer Biónica”.

Pero bueno; si vemos más atrás en la historia de la humanidad, nos daremos cuenta de que muchas de las teorías y de los inventos producidos por personajes como Da Vinci, Newton o Pascal -entre muchos otros-, también fueron el resultado de la meticulosa observación de la naturaleza. En la actualidad, podemos citar ejemplos icónicos de desarrollos tecnológicos inspirados por la manera en que funcionamos los seres biológicos en este planeta.

 

 

 Los diseñadores del tren bala “Shinkansen”, del Japón, que se desplaza a más de 300 kilómetros por hora, lograron resolver el inconveniente del ruido ensordecedor producido por las ondas de presión atmosférica al ingresar a los túneles, cuando decidieron imitar el diseño del pico del ave Martin Pescador. Un ingeniero de nombre Nakatsu observó que esta ave lograba atrapar a sus presas lanzándose desde el aire y sumergiéndose rápidamente al agua –que es un ambiente con mayor densidad y resistencia-, logrando alcanzar suficiente profundidad y salpicando tan solo unas cuantas gotas gracias al diseño de su pico.

 

 

Otro ejemplo destacado de biomímica es el de la Torre Eiffel, construida en 1889 y cuya estructura fue inspirada por los estudios que hizo el ingeniero Gustave Eiffel sobre el esqueleto humano y, específicamente, del fémur, que es el hueso más largo, fuerte y voluminoso. Más recientemente, los plásticos anti reflejantes –como los utilizados en las pantallas de nuestras computadoras y televisores- imitaron el diseño de los ojos de las polillas, cuyas protuberancias tienen la función de hacerlas prácticamente invisibles para sus depredadores no permitiendo que la luz sea reflejada. El velcro, desarrollado en la década de los cuarenta y patentado en los cincuenta por el ingeniero suizo George de Mestral, fue inspirado por las bardanas, esas pequeñas plantas silvestres que tienen una bolita espinosa y cuyos ganchos se adhieren fuertemente a nuestra ropa, al pelo de los animales y a otras superficies.

Y así podríamos seguir ilustrando cómo el ser humano ha venido imitando y aplicando tecnológicamente los diseños de la naturaleza a, por ejemplo, la aviación, a la navegación acuática e incluso a la industria de la moda (con la utilización de telas térmicas).

Por todo ello, y si queremos que en nuestro país se estimule a la innovación tecnológica, es necesario fomentar y destinar recursos para la investigación científica de nuestro capital natural; la enorme diversidad biológica de México puede y debe ser inspiración para el desarrollo científico y tecnológico nacional. No es viable ya pensar en seguir una senda del desarrollo en la que continuemos entubando o desecando ríos y lagos, deforestando áreas naturales para extraer minerales o hidrocarburos, o continuar desdeñando y suprimiendo a la sabiduría ancestral de pueblos y culturas originarias.

Necesitamos conocer la mejor forma de ser resilientes y divulgarlo; pero también, saber cómo aprovechar y utilizar sustentablemente la riqueza natural del país en favor de toda la comunidad de vida que habita aquí y para el mundo.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón