En siete años, el 20% de la energía mundial será consumida por aparatos electrónicos inteligentes 

 

  • Y, en diez años, los dispositivos electrónicos interconectados por Internet serán los responsables de alrededor del 3,5% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero    

  • Empresas como Google, Facebook, Instagram, WhatsApp y otras, tienen la obligación de transitar hacia el uso de energías limpias para evitar impactos ambientales mayores    

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  26 de marzo de 2018.

 

Hace un par de semanas, mi amigo y maestro –el químico Luís Manuel Guerra, comunicador y divulgador de temas científicos- aseguraba a su audiencia que “un teléfono inteligente consume mucha más energía de lo que lo hace el refrigerador de la casa”. En principio, me resultó difícil pensar que un simple eliminador de baterías como el que usamos para recargar la pila del celular pudiera consumir más energía eléctrica de lo que lo hace un voluminoso refrigerador doméstico; pero viéndolo con mayor detenimiento es un hecho que al estar nuestros dispositivos conectados a Internet, efectivamente estamos propiciando el consumo de grandes cantidades de energía en servidores remotos que almacenan datos y mediante los que a todas horas del día intercambiamos cantidades enormes de información.

 

 

Se calcula que hoy –en su conjunto- los centros de datos digitales consumen el 1% de toda la energía eléctrica disponible en el planeta. Y no sólo pensemos en los numerosos servidores, ordenadores, pantallas, sistemas de refrigeración, de iluminación y demás equipos de los que disponen las instalaciones de empresas como Google, Facebook, Twitter y otras en todo el planeta; sino también consideremos a las complejas redes que, a nivel mundial, permiten la interconectividad de voz y datos que hoy utilizamos.

Según un estudio de Climate Home News, arbitrado y publicado en 2016, los miles de millones de dispositivos que utilizamos cotidianamente implicarán el consumo de hasta el 20% de toda la energía eléctrica del mundo para el año 2025 (es decir, dentro de siete años); y en diez años más, dadas las tendencias actuales de crecimiento en su utilización, estos dispositivos serán los responsables de alrededor del 3,5% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Estas estimaciones evidentemente no pueden prever con precisión las futuras innovaciones tecnológicas que, como es lógico, demandarán un mayor consumo energético. Por ejemplo, ya se está perfilando la llegada de una quinta generación de tecnología móvil (5G), donde el tráfico IP –o protocolo de Internet- se verá incrementado sensiblemente al incorporar a las redes el funcionamiento de automóviles, aparatos domésticos, sistemas inteligentes remotos, herramientas de georreferenciación, entre otros desarrollos tecnológicos conocidos como “el Internet de las cosas”.

 

 

Pero también debemos reflexionar en que todo este conjunto de nuevas tecnologías ha impreso una serie de hábitos y formas novedosas para relacionarnos con el medio ambiente, y que poco estamos haciendo para tomar conciencia de los impactos que estamos generando sobre la naturaleza. Hoy el público tiene una percepción más o menos clara de lo que causa en nuestro entorno, por ejemplo, el desperdicio del agua o el excesivo consumo de electricidad; pero cuando hablamos del uso de aplicaciones en nuestros dispositivos móviles o computadoras (como WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter y otras), no somos capaces aún de medir o siquiera imaginar los efectos de nuestra conducta.

Y hacerlo es importante, porque las metas establecidas en instrumentos como el Acuerdo de París en materia de combate al cambio climático, pudieran convertirse en irrealizables debido a la vigorosa innovación tecnológica en materia de comunicación digital y su relación con el consumo de la energía. Creo que el mayor peso de la responsabilidad recae sobre las empresas que están detrás de nuestros dispositivos donde almacenamos y con los que intercambiamos datos. Es imprescindible que esta industria avance ya en la transición del uso de energías limpias (como la eólica y la solar) y que, con ello, garantice de manera sustentable el ejercicio de lo que la ONU ha llamado un derecho humano: la disponibilidad y el fácil acceso de toda la población a la información que nos brinda Internet.

Así que, estimados radoescuchas, les invito a que la próxima vez que envíen un WhatsApp o ingresen a su cuenta de Facebook a través de su dispositivo móvil o de su computadora, piensen en la compleja infraestructura que hay detrás de esta sencilla acción y, desde luego, sobre la enorme responsabilidad que nos implica con el medio ambiente el disfrute de los actuales estándares de libertad.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón