Planeación urbana que ignora bosques es muestra de políticas públicas parciales e incompletas 

 

  • Problemas como la escasez de agua están íntimamente ligados a la ausencia de conservación de los bosques vecinos o interiores de las ciudades    

  • La Ciudad de México ha aprendido de sus errores en  materia de contaminación del aire y movilidad; lo mismo sucederá con a la conservación de bosques y la disponibilidad del agua  

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  19 de marzo de 2018.

 

 

Este miércoles -21 de marzo-, como se conmemora desde hace 47 años por iniciativa de la Asamblea General de las Naciones Unidas, será el Día Internacional de los Bosques. A pesar de que absolutamente todos sabemos del enorme valor que tienen para la conservación de la vida en el planeta, como nunca antes en la historia la situación de los bosques en todo el mundo es de un grave deterioro y de una pérdida a un ritmo insostenible.

 

 Cada año los seres humanos deforestamos más de 13 millones de hectáreas de bosques para cambiar los usos del suelo para la producción agrícola, la ganadería y, desde luego, para hacer crecer a nuestras ciudades. Por si esto fuera poco, otros 50 millones más de tierras forestales se incendian cada año, aportando con esto hasta un 20 por ciento de los gases de efecto invernadero que reducen la capacidad del planeta para regular adecuadamente el clima. El 80 por ciento de las especies vegetales y de los animales terrestres de los que nos alimentamos los seres humanos habitan en los bosques, y son más de 1, 600 millones de seres humanos quienes trabajan directamente en éstos para proveer de alimentos a toda la población mundial.  

A muy pocos parece preocuparles que en México se estén perdiendo (según las cifras más conservadoras) más de 250 mil hectáreas de bosques cada año por el crecimiento de la superficie agrícola y pecuaria, por los incendios forestales y la urbanización; o que en la Ciudad de México sean arrasadas 300 o más hectáreas de arboledas y pastizales todos los años.

 

 

Ante la crisis que comienza a manifestarse por la escasez de agua en ésta y en otras ciudades, cada vez más personas están entendiendo del papel fundamental de los bosques para la captación y disponibilidad del vital líquido (desafortunadamente, los gobiernos locales no están implementando políticas públicas contundentes para la protección efectiva de los bosques con los que aún cuentan). Muchas personas se muestran incrédulas cuando les decimos que más de la mitad del territorio de la Ciudad de México son bosques, zonas agrícolas y poblados rurales, o cuando se enteran que alrededor del 70 por ciento del agua que consumimos viene de la lluvia que es capturada por los bosques del poniente, sur-poniente y sur de la cuenca.  

Este 2018, la Organización de las Naciones Unidas está llamando nuestra atención justamente sobre el enorme potencial que tienen los bosques para la sustentabilidad de las ciudades y su contribución para mejorar la vida de las personas, fomentar el desarrollo económico y mitigar el cambio climático. No es solamente la capacidad de los bosques y de los árboles urbanos para almacenar carbono y contribuir así a mitigar el cambio climático; también lo es su aportación para fomentar hábitos de vida saludables entre la población (como la realización de actividad física y ejercicio); o la capacidad de las zonas arboladas de disminuir la contaminación auditiva que afecta a humanos y no humanos; y, desde luego, el que los árboles son también fuente de alimento para numerosos especies que habitamos en las ciudades.

 

 

 En el presente, las ciudades del mundo tienen más población de lo que nunca antes tuvieron y se pronostica que este siglo pudiera presenciar una urbanización sin control en distintas latitudes del planeta. Por ejemplo, Bangalore, en la India, con una población actual de 7 millones de personas, triplicará esta cifra para finales del siglo; para esas fechas, Kinshasa, en el Congo, alcanzará los 83 millones de habitantes (siete veces su población actual); y -para el 2050, la Ciudad de México, actualmente con poco más de 20 millones de habitantes, sólo incrementará en cinco millones su población, en un proceso exitoso de aprendizaje de sus errores por la adopción de un modelo de crecimiento insustentable basado en la movilidad en automóvil y que, seguramente, seguirá el mismo camino de frente a la crisis de disponibilidad del agua. 

En este contexto, es importante que instrumentos de política pública como el Programa General de Desarrollo Urbano de la Ciudad de México no sean concebidos de manera separada de los programas de ordenamiento ecológico del territorio; ya no es posible pensar en la ciudad como algo distinto a sus bosques y su suelo de conservación. Quien así lo siga creyendo, sólo evidencia su ignorancia y una visión parcial que -a nivel global- ya va de salida.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón