Una de cada diez muertes en el mundo debida a contaminación del aire: Yale, Columbia, WHO y WEF

 

  • Desempeño ambiental de México deja mucho que desear; ocupa el sitio 72 de 180 países en el Índice de Desempeño Ambiental 2018

  • Los desafíos ambientales y de salud pública no están siendo abordados en la agenda de los candidatos políticos en el país  

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  26 de febrero de 2018.

 

 

El problema de la contaminación del aire –de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS)- constituye hoy la peor amenaza ambiental para la salud pública. Cada año son más de siete millones de muertes en todo el mundo las que causa el deterioro en la calidad del aire y, sobre todo, son las partículas suspendidas –sólidas y líquidas, conteniendo hollín, polvo, polen y humo, entre otros contaminantes- las que más daño producen a la salud de los humanos y de otros seres vivos. 

Como lo hemos comentado en este espacio, la contaminación del aire existe tanto en espacios abiertos como en lugares cerrados, con graves impactos sobre la salud humana; la OMS estima que, tan solo en las centrales eléctricas de los Estados Unidos, cada año mueren 52 mil personas por la exposición a pequeñas partículas contaminantes.

Investigadores de las Universidades de Yale y Columbia, en colaboración con el Foro Económico Mundial, confirman en un informe conjunto el hecho de que la contaminación del aire es, hoy por hoy, la peor amenaza ambiental para la salud pública.

Esta conclusión deriva de un nuevo Índice de Desempeño Ambiental 2018 (EPI, por sus siglas en inglés), en el que se califica a 180 países a través de 24 indicadores de desempeño en diez categorías de temas, centrados en la salud ambiental y la vitalidad de los ecosistemas.  

 

 

Las naciones con el mejor desempeño ambiental fueron Suiza, Francia, Dinamarca, Malta y Suecia; y las peor calificadas son la India, Bangladesh, Burundi, República Democrática del Congo y Nepal. México ocupa el sitio 72 de la lista del EPI y, por su parte, los Estados Unidos son el número 27.

Es inquietante constatar que, entre los indicadores utilizados por el EPI, nuestro país acusa un grave problema en cuanto a la exposición de la población a partículas suspendidas muy finas (las PM2.5), que son capaces de penetrar a los pulmones y generar enfermedades cardiovasculares y respiratorias de consideración. Estudios recientes del Banco Mundial y del Instituto para la Medición y Evaluación de la Salud (2016), sugieren que alrededor de cinco millones de personas mueren prematuramente cada año por dichas cardiopatías isquémicas, lo que significa una de cada diez muertes registradas en el mundo.  

 

 

También, México presenta altos índices de exposición a la contaminación por metales pesados persistentes (como el plomo, el arsénico, el cadmio y el mercurio), contaminantes que afectan principalmente a mujeres embarazadas y a los niños, y cuya permanencia en el medio ambiente puede durar por décadas.

Desafortunadamente, y a pesar de los discursos que nos hacen creer lo contrario, el EPI 2018 coloca a México entre los países con un pésimo desempeño en materia de protección de su diversidad biológica y con un alto deterioro de sus hábitats naturales. Lo mismo sucede con la situación actual de nuestras pesquerías y vida marina, en materia de recursos forestales, energía y clima, así como en lo tocante a las emisiones de óxido nitroso, óxidos de nitrógeno, metano y carbón negro.

Ante este complejo y desafiante panorama, no deja de sorprenderme el evidente desinterés –por no decir la ignorancia- de quienes hoy están compitiendo y prometiendo “soluciones” a los retos actuales de México. Para todos los candidatos que en estas fechas ocupan incontables horas de nuestra atención a través de promocionales en los medios de comunicación, parece ser más importante llamar la atención de los votantes sobre supuestas confabulaciones millonarias y milagrosos códigos morales, que trabajar en el análisis de este tipo de indicadores que impactan directamente a la salud pública.

De nadie, nadie en absoluto de los y las que participan en la contienda electoral en México, he escuchado el menor signo de preocupación por los desafíos que informes como el EPI 2018 están planteando para el futuro inmediato de México y el mundo. Alarma la visión tan corta que en la materia demuestran los contendientes y, peor aún, la deteriorada percepción pública de lo que son realmente las prioridades que nos plantean la democracia, la salud pública y el desarrollo sustentable.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón