Avanza más rápido deterioro del hábitat que recuperación de las poblaciones del águila real

 

  • En septiembre del 2017, se habían registrado 317 nidos en el territorio nacional; es decir, sólo seis veces más de los que se hallaron en el 2008

  • Desde 1994, el águila real mexicana está considerada como amenazada y, a pesar de  los esfuerzos por conservarle, su recuperación es lenta  

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  12 de febrero de 2018.

 

 

La mejor forma de determinar las condiciones de salud de nuestro entorno natural es, sin duda, vigilar el número y la situación de las poblaciones animales y vegetales que lo habitan. Cualquier desequilibrio en estas variables, es síntoma inequívoco de que algo está siendo alterado en las relaciones de interdependencia o en las cadenas tróficas vigentes entre las especies. Así, por ejemplo, cuando una plaga de insectos devasta determinados cultivos de los que dependemos los seres humanos, lo más probable es que las poblaciones de sus depredadores naturales –como los murciélagos, los escarabajos o las catarinas, entre otros- se encuentren mermadas por distintas causas.

 

 

Ésta no ha sido la excepción en el caso del águila real mexicana que, en 1994, fue incluida en la lista de especies en riesgo (NOM SEMARNAT-059) y, en el 2008, señalada por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) como una especie en grave peligro de extinción. Esta imponente ave (que aparece en el escudo nacional, en nuestra bandera, en numerosas esculturas y en incontables referencias de nuestra historia) ha disminuido drásticamente su población por amenazas como la deforestación y la destrucción de sus hábitats, la electrocución en líneas de alta tensión, la cacería y el tráfico ilegal de especies silvestres, así como por el robo de sus nidos o por los impactos de la contaminación con plaguicidas.

En el 2008, la CONABIO registró la existencia de tan solo 50 nidos de Águila Real en todo el país, estimando entonces que habría menos de 140 ejemplares vivos en el territorio mexicano. Diez años después, y con la operación de un Programa de Acción para la Conservación de Especies (PACE), la población de esta emblemática ave se ha logrado incrementar sensiblemente: en septiembre pasado, se habían registrado 317 nidos (seis veces más que en el 2008).

 

 

Por otra parte, hace cinco meses fue inaugurado –en las instalaciones del Heroico Colegio Militar- el Centro Nacional de Control y Protección del Águila Real, conjuntando los esfuerzos de las secretarías de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la de la Defensa Nacional (Sedena). El propósito de este Centro es el de la conservación del águila real mediante la aplicación de técnicas de rehabilitación clínica, física y conductual, así como su reproducción y reintroducción final al medio silvestre.

 

 

Es de mencionar también el trabajo de monitoreo y de educación realizado por organizaciones privadas (como el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza), por instituciones públicas (como la CONABIO y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas), así como organizaciones de la sociedad civil empeñadas en la preservación del águila real.

Si bien ha habido resultados en la conservación del águila real mexicana a través de las acciones que aquí enumero, creo que éstos resultan insuficientes de frente al ritmo en el que estamos perdiendo los hábitats de este majestuoso animal. Insisto: el diseño de las políticas públicas y la organización misma del quehacer gubernamental en nuestro país continúa fragmentado, sectorizado, sin considerar que el cuidado y la protección del medio ambiente es un asunto transversal, de interés, observancia y competencia no sólo en la gestión pública, sino también para cualquier actividad y sector involucrado en el desarrollo.

Y no sólo eso. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad y la obligación de proteger al medio ambiente, a través de nuestras acciones como consumidores, como usuarios de servicios y en cualquier actividad que realizamos.

Mañana -13 de febrero-, conmemoramos el Día Nacional del Águila Real; pensemos entonces en la manera en que, en nuestro entorno inmediato o más allá de éste, podemos incidir en su recuperación y preservación.  Denunciemos el comercio o la cacería ilegal de esta especie; busquemos preservar los sitios donde viven y anidan estas aves, así como los hábitats que sostienen su supervivencia. Pero –sobre todo-, informémonos y conozcamos sobre cuáles son las condiciones que garantizarán la sobrevivencia de esta especie que, además, encierra un enorme significado sobre la mexicanidad misma.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón