La semana antepasada diferentes medios de comunicación en
todo el mundo dieron a conocer que la empresa finlandesa de
alimentos Frazer comenzaría a vender -a finales del
mes de noviembre- una barra de pan que además de
harina de trigo, centeno, semillas de girasol y sésamo,
contiene también 70 grillos molidos.

La Sirkkaleipa (o pan de grillos) sale al mercado
apenas dos semanas después de que el parlamento finlandés
retirara la prohibición legal de utilizar a los insectos
como alimento.
Representando tan sólo el 3% del peso total del pan, los
grillos molidos se consideran no sólo una magnífica fuente
de proteínas y de minerales; sobre todo, son una estupenda
opción para reducir el consumo de productos cárnicos cuya
producción es responsable de la emisión de uno de los
mayores volúmenes de gases de efecto invernadero: el metano.
Los especialistas estiman que si reemplazamos nuestro
consumo de productos cárnicos a la mitad -sustituyéndole,
por ejemplo, con alimentos a base de insectos o con carne de
laboratorio-, estaríamos liberando una superficie
equivalente a casi 70 veces el territorio del estado de
Chihuahua (que cuenta con 247 mil 460
km²).
Y esto es así porque, además de que los insectos requieren
de menor terreno para vivir, también es muchísimo más
económico producir los insumos necesarios para su
alimentación.
Hay que decir que en México habita alrededor del 10% de
todas las especies de insectos conocidas en el planeta y,
para nuestro beneficio, existe ya una arraigada cultura
culinaria en la que el consumo de estos artrópodos es
habitual.
Sólo por mencionar a los más populares, podríamos hablar de
los chapulines, del gusano de maguey, del ahuautle (o hueva
de mosco), de los jumiles, de los escamoles, del chinicuil,
de la cuchamá, de las hormigas cuchatanas o de los alacranes
duranguenses.

En Finlandia, la empresa de alimentos Frazer cuenta
ya con un plan de expansión para su pan con grillos molidos;
pero también, en otros países europeos ya se están
elaborando y consumiendo productos a base de insectos.
Así, por ejemplo, desde el mes de septiembre pasado, la
cadena de supermercados Coop, en Suiza, comenzó a
vender hamburguesas y albóndigas de insectos, y en Bélgica,
Gran Bretaña, Dinamarca y Holanda, se comercializan
distintos productos elaborados también con insectos.
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Ciertamente, México tiene un enorme potencial para
incursionar en lo que la
Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación
(FAO) considera como una
prometedora
alternativa para luchar en contra del hambre y del
cambio climático.
Pero, para desarrollarlo, tenemos que dar pasos
certeros y pensando en la preservación y protección
de nuestra riqueza natural.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional para el
Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), se calcula
que México posee entre 300 mil y 425 mil especies de
insectos, lo que nos sitúa entre los nueve países
megadiversos del mundo. |
En los estados de Hidalgo, México, Oaxaca y Guerrero se
concentran las principales especies de insectos comestibles;
sin embargo, existen investigaciones en distintas regiones
del país no sólo sobre sus propiedades alimenticias, sino
para el desarrollo de otros productos útiles para el ser
humano (astringentes, colorantes textiles, fármacos, ceras e
incluso antibióticos).
Así pues, es necesario que sentemos las bases legislativas
no sólo para proteger a estos recursos, sino -desde luego-
para fomentar la investigación y la inversión para
aprovechar de manera sustentable todo lo que los insectos
son capaces de darnos.
Mientras tanto, yo invito a nuestra audiencia (sobre todo a
quienes no estén habituados a ello) a que conozcan y prueben
la exquisita variedad de insectos comestibles que hay en la
cocina mexicana. Pensemos que, además de aportar a nuestro
cuerpo proteínas y minerales buenos para nuestra salud,
estamos contribuyendo a fortalecer a una de las posibles
soluciones al problema del cambio climático. ▄
