Producir insectos para la alimentación; alternativa para combatir el cambio climático

 

  • Con la sustitución del 50% de los productos cárnicos, se recuperaría un territorio de 70 veces la superficie de Chihuahua 

  • Empresa finlandesa de alimentos anuncia la producción de un pan conteniendo hasta 70 grillos molidos en sus ingredientes    

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  4 de diciembre de 2017.

 

La semana antepasada diferentes medios de comunicación en todo el mundo dieron a conocer que la empresa finlandesa de alimentos Frazer comenzaría a vender -a finales del mes de noviembre- una barra de pan que además de harina de trigo, centeno, semillas de girasol y sésamo, contiene también 70 grillos molidos.

 

 

La Sirkkaleipa (o pan de grillos) sale al mercado apenas dos semanas después de que el parlamento finlandés retirara la prohibición legal de utilizar a los insectos como alimento. Representando tan sólo el 3% del peso total del pan, los grillos molidos se consideran no sólo una magnífica fuente de proteínas y de minerales; sobre todo, son una estupenda opción para reducir el consumo de productos cárnicos cuya producción es responsable de la emisión de uno de los mayores volúmenes de gases de efecto invernadero: el metano.

Los especialistas estiman que si reemplazamos nuestro consumo de productos cárnicos a la mitad -sustituyéndole, por ejemplo, con alimentos a base de insectos o con carne de laboratorio-, estaríamos liberando una superficie equivalente a casi 70 veces el territorio del estado de Chihuahua (que cuenta con 247 mil 460 km²). Y esto es así porque, además de que los insectos requieren de menor terreno para vivir, también es muchísimo más económico producir los insumos necesarios para su alimentación.

Hay que decir que en México habita alrededor del 10% de todas las especies de insectos conocidas en el planeta y, para nuestro beneficio, existe ya una arraigada cultura culinaria en la que el consumo de estos artrópodos es habitual. Sólo por mencionar a los más populares, podríamos hablar de los chapulines, del gusano de maguey, del ahuautle (o hueva de mosco), de los jumiles, de los escamoles, del chinicuil, de la cuchamá, de las hormigas cuchatanas o de los alacranes duranguenses. 

 

 

En Finlandia, la empresa de alimentos Frazer cuenta ya con un plan de expansión para su pan con grillos molidos; pero también, en otros países europeos ya se están elaborando y consumiendo productos a base de insectos. Así, por ejemplo, desde el mes de septiembre pasado, la cadena de supermercados Coop, en Suiza, comenzó a vender hamburguesas y albóndigas de insectos, y en Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca y Holanda, se comercializan distintos productos elaborados también con insectos.

 

Ciertamente, México tiene un enorme potencial para incursionar en lo que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) considera como una prometedora alternativa para luchar en contra del hambre y del cambio climático. Pero, para desarrollarlo, tenemos que dar pasos certeros y pensando en la preservación y protección de nuestra riqueza natural. 

De acuerdo con datos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), se calcula que México posee entre 300 mil y 425 mil especies de insectos, lo que nos sitúa entre los nueve países megadiversos del mundo.

En los estados de Hidalgo, México, Oaxaca y Guerrero se concentran las principales especies de insectos comestibles; sin embargo, existen investigaciones en distintas regiones del país no sólo sobre sus propiedades alimenticias, sino para el desarrollo de otros productos útiles para el ser humano (astringentes, colorantes textiles, fármacos, ceras e incluso antibióticos). 

Así pues, es necesario que sentemos las bases legislativas no sólo para proteger a estos recursos, sino -desde luego- para fomentar la investigación y la inversión para aprovechar de manera sustentable todo lo que los insectos son capaces de darnos.

Mientras tanto, yo invito a nuestra audiencia (sobre todo a quienes no estén habituados a ello) a que conozcan y prueben la exquisita variedad de insectos comestibles que hay en la cocina mexicana. Pensemos que, además de aportar a nuestro cuerpo proteínas y minerales buenos para nuestra salud, estamos contribuyendo a fortalecer a una de las posibles soluciones al problema del cambio climático.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón