Intenta Trump quitar protección para evitar caza y tráfico de elefantes africanos; recula por presión

 

  • Cada 15 minutos un elefante es asesinado por cazadores furtivos en África Oriental; revertir decreto estimula a la matanza de este animal en peligro de extinción 

  • Mercado ilegal del marfil es fuente financiamiento de grupos terroristas, particularmente en Zambia y Zimbabwe    

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  20 de noviembre de 2017.

 

En los inicios del siglo XX, en el planeta existían alrededor de diez millones de elefantes; en la actualidad, existen un poco más de 300 mil de este majestuoso animal. Distintas organizaciones naturalistas -como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el Fondo Mundial para la Naturaleza, entre otras- coinciden en clasificar al elefante africano como una especie en peligro de extinción. 

Además de un proceso acelerado en la pérdida de su hábitat, desde la década de los ochenta la caza furtiva de elefantes para abastecer al mercado ilegal del marfil ha venido incrementándose alarmantemente -particularmente en África Oriental, donde habita alrededor del 20% de esta especie-; ahí, se calcula que cada 15 minutos un cazador furtivo asesina a un elefante. Es bien sabido -o al menos así me gustaría asumirlo- que este mercado ilegal que es sostenido con la muerte de los elefantes africanos, es una de las principales fuentes de financiamiento para las organizaciones terroristas que operan en países como Zambia y Zimbabwe.

 

 

Consciente de este problema, el expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama, impuso casi al final de su administración -y durante una visita a Kenia- una serie de prohibiciones legales para tratar de frenar el comercio ilegal del marfil (destaca la prohibición del comercio de marfil entre los estados de la Unión). Después del mercado chino, los Estados Unidos ocupa el segundo lugar en el mundo donde el marfil es comercializado.

Bueno, resulta que la semana pasada el presidente Donald Trump decretó con bombo y platillo que la prohibición para la importación de partes de los cuerpos de los elefantes y de los leones africanos quedaba suspendida. El anuncio fue seguido de la confirmación del Servicio de Pesca y Vida Salvaje de los Estados Unidos, así como del beneplácito de la Asociación Nacional del Rifle que, además, calificó de acertada esta medida que abre las puertas a la cacería de dos especies incluidas en la lista de animales en peligro de extinción en el continente africano. Distintas organizaciones conservacionistas -como The Elephant Project y otras que ya cité- reprobaron la medida de inmediato, y fue tanta la polémica desatada que incluso miembros del Partido Republicano la señalaron como ignorante del momento político tanto en los Estados Unidos como en Zimbabwe y Zambia.

También, las redes sociales se inundaron de críticas ante el levantamiento que hizo Trump de la prohibición y nuevamente, como durante su campaña, se hicieron virales las fotos de los hijos de Trump sosteniendo a animales muertos como trofeos de cacería (particularmente, la de Donald Trump Jr. sosteniendo en sus manos una cola mutilada de un elefante.

 

 

En respuesta, hace un par de días Trump reculó y echó para atrás su decreto; como en otros casos en los que ha mostrado su torpeza y su favoritismo por los grupos más retrógradas de su país, el presidente aseguró que habría que estudiar con más profundidad los hechos.

No solamente los Estados Unidos, sino otros países -como México- tenemos que replantear el papel y las condiciones que la actividad de la cacería debe jugar en los esfuerzos por la conservación de la naturaleza. Recordemos que en nuestro país ha habido debates al respecto, fundamentalmente con la operación de las llamadas Unidades de Manejo Ambiental y, en particular, en aquellas en las que se permite la cacería controlada a cambio de jugosas cuotas que, en teoría, estarían destinadas a comunidades locales y a actividades de conservación (como es el caso del borrego cimarrón, en Sonora y en Baja California).

Nuevamente: hay que revalorar el papel que juega la conservación y el aprovechamiento sustentable de la riqueza natural de las naciones, para lograr el bienestar de todas las comunidades humanas y no humanas. Festejo que esta medida anunciada por Trump haya sido echada para atrás, y que haya quienes estén frenando el reiterado desprecio del presidente de los Estados Unidos por la vida y la naturaleza.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón