Invertir en investigación y no en esfuerzos para negar los impactos del cambio climático

 

  • Estamos al borde del punto de no retorno en materia de cambio climático en distintos planos ya identificados por la ciencia

  • Fenómeno de El Niño y derretimiento de los casquetes polares, los signos más evidentes    

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  13 de noviembre de 2017.

 

Todos hemos escuchado hablar del punto de no retorno o punto de inflexión, que es ese momento en el que atravesamos por un umbral crítico después del cual –de no tomar medidas urgentes y contundentes- ya nada podrá ser lo mismo.

En lo tocante al calentamiento global y al cambio en los patrones del clima, muchos científicos coinciden en que nuestro planeta ya ha rebasado ese punto de inflexión y nos recomiendan (como es el caso de los Acuerdos de París) llevar a cabo acciones concertadas internacionalmente para mitigar sus causas y para adaptarnos a los fenómenos que se verán y se ven ya exacerbados: sequías más prolongadas, huracanes más poderosos, inundaciones catastróficas, incendios forestales descontrolados, variaciones en las estaciones del año, aparición de vectores de distintas enfermedades, entre otros.  

La comunidad científica identifica amenazas en el corto plazo que son muy preocupantes. Por ejemplo: la acelerada desaparición del hielo marino en el Ártico, que en cuestión de pocas décadas sería permanente y produciría un cambio radical en el clima del Polo Norte; en el caso del hielo que cubre al territorio de Groenlandia, su desaparición total pudiera ocurrir para finales de este siglo. Por otra parte, en el Polo Sur, probablemente desde el año 2014, la Antártida Occidental ha rebasado ya el punto de inflexión y, en un futuro no muy lejano, el aumento de la temperatura en el mar estaría elevando su nivel hasta en cinco metros. Y, también, como consecuencia del incremento de dióxido de carbono en la atmósfera, la acidificación que está experimentando el agua de los océanos provoca ya el colapso de los arrecifes marinos en distintas latitudes del planeta; esto está teniendo un impacto directo sobre la vida marina y, desde luego, en la de los continentes.

 

 

Otros procesos de deterioro en el clima del planeta que ya están en marcha, pero cuyos impactos se contemplan al mediano y largo plazos, son: la variación drástica de las corrientes marinas y de la llamada “circulación termohalina” que pudiera causar una elevación notable del nivel de los océanos, particularmente en la costa atlántica de Norteamérica. Así mismo y como consecuencia de la elevación de las temperaturas oceánicas, los depósitos submarinos de gas metano –que es un activo gas de efecto invernadero- se verían afectados y liberados a la atmósfera, provocando la aceleración del calentamiento global. Y, finalmente, es predecible una disminución en la producción de oxígeno en los océanos –conocida como anoxia oceánica- causada por la liberación de fósforo en los mares por la descomposición de las rocas expuestas a la radiación solar excesiva y por la contaminación marina con residuos de agroquímicos.

Existen otros aspectos en los que estamos por cruzar la frontera del no retorno y que pudieran afectar a la estabilidad climática del planeta, y sobre los que persiste una incertidumbre por parte de la comunidad científica; es el caso de la muerte regresiva de la Selva Amazónica y de los bosques boreales, del debilitamiento de la “bomba de carbón” oceánica (o su capacidad para producir oxígeno), entre otros. 

 

 

Para poder realizar pronósticos más certeros sobre los posibles escenarios climáticos del futuro, es necesario invertir en investigación científica sobre los fenómenos que están aconteciendo en los océanos, en la tropósfera (en particular, el comportamiento del agujero en la capa de ozono y la disminución de las corrientes de chorro en el hemisferio norte); y en otros temas como la desertificación y el derretimiento de los glaciares en el Himalaya y de otras altas cadenas montañosas.

 

Hay señales claras de que el planeta, la humanidad y los seres vivos en su totalidad estamos en un punto de inflexión en lo tocante al clima (el derretimiento de los polos o el fenómeno de El Niño son las alertas más claras); no podemos darnos el lujo de permitir que quienes niegan estos hechos -aun siendo inmensamente poderosos- continúen en su afán suicida de negar lo que la ciencia está evidenciando y, peor aún, que por sus egoístas intereses se frene la investigación y la implementación de las soluciones que hoy están urgiéndonos.

 

 

Con información de Casey Ivanovich e Ilissa Ocko (World Economic Forum)

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