Derecho a la vivienda y derecho al medio ambiente sano no han sido complementarios en la CDMX

 

  • Bando Dos -de López Obrador-, Norma 26 -de Marcelo Ebrard- y los proyectos de Norma 30 y 31 del actual jefe de gobierno, han desequilibrado el ejercicio de estos derechos

  • El sismo del 19 de septiembre evidenció la falta de planeación y de conocimiento para ocupar y construir vivienda en el territorio de la CDMX  

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  2 de octubre de 2017.

 

Desde 1985, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció que el primer lunes del mes de octubre los países miembros conmemoraríamos el Día Mundial del Hábitat; y en 1986, se celebró por primera ocasión esta fecha. 

El Día Mundial del Hábitat ha tenido desde entonces el propósito de invitarnos a reflexionar sobre un derecho básico de todo ser humano (el derecho a contar con un refugio adecuado, con una vivienda), pero también sobre la responsabilidad que tenemos todos de garantizar que nuestras ciudades sean habitables y sustentables. Por lo mismo, este 2017 el tema del Día Mundial del Hábitat es “Políticas de Vivienda: viviendas asequibles”; y esto se trata simplemente de recordarnos la urgencia de garantizar, de la manera más amplia, el ejercicio de un derecho humano fundamental para lograr una calidad de vida adecuada y digna. 

 

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Este derecho humano está establecido, desde luego, en la Constitución Política mexicana, en su Artículo Cuarto, donde a la letra dice que: “… Toda familia tiene derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa -y que- La Ley establecerá los instrumentos y apoyos necesarios a fin de alcanzar tal objetivo”. Pero es también en el mismo Artículo Cuarto de nuestra Carta Magna en el que se establece que “… Toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar -y que- El Estado garantizará el respeto a este derecho.”

En consecuencia, lejos de que el Artículo Cuarto constitucional genere una colisión entre derechos fundamentales (el derecho a la vivienda y el derecho a un medio ambiente sano), éste nos está señalando que el Estado mexicano debe garantizar que el ejercicio de ambos derechos tiene que ser simultáneo y complementario. 

De este modo, y desde la perspectiva de los derechos humanos, estamos obligados a pensar, a proyectar y a construir nuestras ciudades con criterios de sustentabilidad que incluyan a absolutamente todos los segmentos de la población. Las Naciones Unidas nos recuerdan que, en el mundo, más de la mitad del territorio de las ciudades está destinado a la vivienda, por lo que tenemos la obligación de moldear el desarrollo urbano bajo criterios de sustentabilidad.

Es importante recordar que aquí mismo, en la Ciudad de México, después de décadas de un crecimiento urbano desordenado e inequitativo, en los 90 hubo un destacado esfuerzo -en muchos casos liderado por los vecinos, en otros por las autoridades y en muchos de manera conjunta- por establecer condiciones para un uso más racional del suelo urbano que fuera acorde con su vocación y con las características de cada colonia. Surgieron programas delegacionales de desarrollo urbano y algunos otros “parciales”, en un loable intento por ordenar el crecimiento y el uso del territorio. 

Lamentablemente, este esfuerzo fue frenado al inicio de la década pasada con el decreto del llamado Bando Dos -durante el gobierno de López Obrador-, con la Norma 26 -de Marcelo Ebrard- y más recientemente con los proyectos de Norma 30 y 31 del actual jefe de gobierno. Esta normatividad, bajo el pretexto de fomentar la construcción de vivienda popular, ha permitido incumplir con los programas de desarrollo urbano (en cuanto a densidades, alturas de los edificios, espacios libres y áreas verdes), y ha propiciado la corrupción y la desmedida construcción de vivienda que -hace unos días y como consecuencia del terremoto- está mostrando su verdadero rostro.

 

 

Un derecho humano que ha sido vulnerado de manera alarmante (y que resulta muy complicado exigir su reparación), es nuestro derecho a un medio ambiente saludable; la ocupación desmedida del territorio para construir vivienda sin el conocimiento o sin las consideraciones mínimas de sus propiedades naturales (como tipo de suelo, disponibilidad de agua, etc.), está trayendo consecuencias lamentables -como las que evidenció el sismo del 19 de septiembre pasado. 

Así que hoy, en el Día Mundial del Hábitat, estamos obligados a reflexionar respecto a la mejor forma en la que debemos conjugar la exigibilidad y el goce de los derechos humanos; vivienda para todos, sí, pero no a costa de la seguridad de las personas ni mucho menos del deterioro del entorno en el que se sustenta la vida de todos los componentes de nuestros ecosistemas.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón