Peligrosa laxitud en la aplicación de normas sísmicas para la construcción en la CDMX: NYT

 

  • El 71% de más de una centena de construcciones revisadas por la UNAM, no cumplían con la totalidad de las normas técnicas; el resto ni siquiera alcanzó el mínimo exigido en materia de seguridad sísmica

  • Tipo de frecuencia de ondas sísmicas impacta de manera diferenciada a edificios altos y de menor altura  

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  25 de septiembre de 2017.

 

A lo largo de la historia, es mucho lo que los seres humanos hemos aprendido sobre la forma en que se presentan los desastres naturales y, especialmente, la manera en la que podemos reducir el impacto de estos eventos en nuestros centros de población, comunidades y medio ambiente. La experiencia que hemos acumulado en grandes urbes como la Ciudad de México en materia de protección civil ha contribuido a que, en acontecimientos como los del pasado martes 19 de septiembre, sea sensiblemente menor el número de las víctimas que –con gran dolor- hoy estamos lamentando.

Hace 32 años, en 1985, con un sismo de 30 veces mayor intensidad al del martes pasado, con más de 10 mil decesos y 350 edificios colapsados, iniciamos la construcción de herramientas jurídicas y de una cultura de la protección civil que han contribuido a salvar vidas y a que enfrentemos con mayor preparación los eventos sísmicos que son propios de nuestro territorio. Pero, desafortunadamente –y como lo señala un interesante artículo del New York Times publicado el día de ayer-, a pesar de que la Ciudad de México cuenta con una de las mejores regulaciones del mundo en materia de construcciones (porque incorpora códigos para dar seguridad a las edificaciones ante los riesgos sísmicos), hoy por hoy, y según lo constatan diversos especialistas en el tema, hay una aplicación sumamente laxa de estos ordenamientos. 

 

Foto: NYT / Jose Mendez/European Pressphoto Agency

 

Al día de hoy, ha sido contabilizada más de una veintena de edificios colapsados en la capital del país por el sismo de la semana pasada, y son muchos otros los que están en algún nivel de riesgo estructural.

Si las afectaciones no fueron mayores -señala el New York Times-, probablemente se deba sencillamente a la buena suerte; pues de acuerdo con un estudio de expertos en ingeniería sísmica de la UNAM, de un total de 150 edificios construidos después de las últimas reformas legales -en 2004- en materia de construcciones, el 71% no cumplían con la totalidad de las normas técnicas y el resto ni siquiera alcanzó el mínimo exigido en materia de seguridad sísmica. 

Una de las causas más obvias de lo anterior es que la inspección de un volumen significativo de construcciones está en manos de una reducida red de arquitectos e ingenieros, que están siendo empleados por las empresas inmobiliarias como directores responsables de obra. Como es lógico deducirlo, estas personas no pueden estar presentes durante todos los procesos que involucran las construcciones y, por tanto, no verifican si las normas técnicas están siendo cumplidas a cabalidad; y ni hablar de las verificaciones que debieran ejecutar las autoridades gubernamentales en materia de riesgo sísmico, pues esto es prácticamente inexistente. 

El New York Times ha señalado el doloroso ejemplo del Colegio Rébsamen, en la delegación Tlalpan, donde después del sismo del 7 de septiembre pasado -el de mayor magnitud en un siglo-, la autoridad avaló un dictamen de una construcción que, como ha sido evidente, no cumplía con los criterios de seguridad estructural. Ese caso me ha llevado a pensar también en la enorme cantidad de edificios, viejos y nuevos, a los que se les ha permitido colocar en sus azoteas pesadas estructuras con anuncios espectaculares que -es evidente pensarlo- afectan a la estabilidad de la construcción durante un sismo. 

 

 

También, se ha observado un patrón que relaciona a la frecuencia de las ondas sísmicas con su resonancia en las construcciones de acuerdo con su altura; las ondas sísmicas de menor frecuencia -como en 1985, con un epicentro lejano- afectaron principalmente a los edificios altos; y las ondas sísmicas de mayor frecuencia -como las del martes pasado, con un epicentro muy cercano- hicieron vibrar rápida y violentamente mente a edificaciones de menor altura (decenas de las cuales colapsaron). 

Pensemos entonces en el peligroso cóctel que se ha venido preparando en la Ciudad de México, donde la sistemática violación de los programas delegacionales en materia de alturas máximas para las construcciones, ha favorecido la aparición de un abigarrado paisaje urbano que mezcla todo tipo de alturas, usos de suelo y factores de riesgo en nuestras colonias.   

En fin, creo que éste será un tema sobre el que deberemos reflexionar y debatir sociedad civil, autoridades, legisladores y especialistas, si queremos seguir garantizando seguridad y viabilidad a nuestra ciudad.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón