Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
28 de agosto de 2017.
Este
miércoles -30 de agosto- se conmemorará el Día
Internacional del Tiburón Ballena, fecha establecida
desde el 2008 y durante la 2ª. Conferencia Internacional del
Tiburón Ballena, en la que más de 40 países decidieron
promover esfuerzos de conservación de la especie.
En México, hace 11 años se inició con la investigación de
este enorme e inofensivo escualo, que puede llegar a medir
hasta 20 metros de largo y pesar más de 34 toneladas; y, en
el 2009, el Gobierno de la República decretó como Reserva de
la Biósfera al área marina conocida como Tiburón Ballena, en
la costa norte del estado de Quintana Roo.
Esta magnífica criatura, que se alimenta básicamente de
plancton, se tiene registrada como «amenazada» en la Norma
Oficial Mexicana 059-SEMARNAT-2010 y, también -apenas el año
pasado-, en la Lista Roja de Especies en Peligro de
Extinción de la Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza (UICN).
El tiburón ballena puede ser observado durante el verano
cerca de la isla de Holbox, en Quintana Roo, pero también en
las bahías de La Paz y en la de Los Ángeles, en la península
de Baja California. Y también en otras latitudes, como en
las costas de Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, Tanzania
y Honduras, el tiburón ballena viaja miles de kilómetros en
busca bancos de plancton (como los que encuentra en el Mar
Caribe mexicano).

Los depredadores naturales del tiburón ballena son las
orcas, el tiburón blanco y el tiburón tigre, pero –como
sucede con la mayoría de las especies marinas- su mayor
depredador es el hombre. Al ser animales que nadan muy cerca
de la superficie, son presa fácil de los pescadores y es muy
común que sean gravemente lastimados por las propelas de las
embarcaciones.
Según los investigadores, más del 60 por ciento de los
tiburones ballena han sido lastimados en altamar o, en las
costas, por pequeñas embarcaciones que no respetan los
protocolos ni el reglamento dentro de las zonas de
avistamiento. Otra grave amenaza para el tiburón ballena es
la contaminación de sus hábitats, principalmente por el
vertimiento de sustancias tóxicas, los derrames de
hidrocarburos y la presencia de residuos plásticos que pone
en riesgo su supervivencia.
Si bien –desde hace una década y durante esta temporada- hay
operativos coordinados de inspección por parte de la
Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), de
la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp)
y de la Secretaría de la Marina Armada de México (Semar), en
las costas mexicanas hay actividades humanas que están
atentando en contra la sobrevivencia del tiburón ballena.
Nada menos en la isla de Holbox, en el Caribe mexicano, hace
algunas semanas la Profepa detectó la construcción irregular
de más de una treintena de desarrollos turísticos e
inmobiliarios dentro de la reserva de Yum Balam. Además de
la avanzada deforestación de la isla por causa de estas
actividades, hace pocas semanas se registró el incendio de
un basurero a cielo abierto que evidenció los alarmantes
niveles de contaminación del suelo y del agua subterránea y
marina del lugar. El descuido de las autoridades y la
ausencia de infraestructura y de sistemas para el manejo
integral de los residuos sólidos municipales, constituyen
hoy una amenaza latente para la biodiversidad de Holbox y,
en particular, para el tiburón ballena.

El avistamiento de este indefenso gigante marino comienza a
ser una actividad económica importante en algunos sitios de
las costas mexicanas, sobre todo entre los meses de mayo y
septiembre. Si no queremos matar a la gallina de los huevos
de oro, es fundamental que comencemos a considerar la
promoción de una cultura de la protección y la conservación
de todos los componentes medioambientales que integran a
esta actividad.
Hay que replantear los límites del desarrollo (como, por
ejemplo, en la actividad turística e inmobiliaria); pero,
sobre todo, hacerles respetar para, así, garantizar que los
beneficios sean equitativos no sólo para las poblaciones
humanas, sino también para el resto de los seres vivos con
los que compartimos el territorio nacional.
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