Comunidades deben involucrarse en protección, conservación y aprovechamiento de la tortuga   

 

  • Cada año, sólo sobreviven entre el 12 y 13% de las tortugas que nacen en los litorales del territorio nacional

  • Opera mercado ilegal de huevos de tortuga en Juchitán, en Puerto Escondido e incluso en el Mercado de Sonora y de San Juan, en la Ciudad de México

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  14 de agosto de 2017.

 

 

En todo el planeta sólo existen ocho especies de tortugas marinas y siete de ellas son mexicanas: la tortuga Lora, la Golfina, la Carey, la Caguama, la Verde, la Prieta y la Laúd; sólo la tortuga Kikila –que habita en los mares de Australia- no deposita sus huevos ni nace en las playas mexicanas. De acuerdo con las autoridades ambientales del país, este año se esperan al menos siete arribazones -una por mes-, con más de un millón y medio de anidaciones en las que las tortugas depositarán más de 150 millones de huevos.

El día de hoy distintos medios de comunicación han dado testimonio de la cuarta arribazón del año de miles de tortugas golfinas, principalmente en las playas de la costa oaxaqueña. Desde los inicios de este verano se registra este fenómeno en toda la costa del Pacífico Mexicano, aunque más notoriamente en las playas del Morro Ayuta y La Escobilla, en Oaxaca (donde se da aproximadamente en 80 por ciento de las anidaciones de las especies de tortuga Laúd, Golfina y Prieta).

 

 

Solamente en la playa La Escobilla y durante esta cuarta arribazón del año, se calcula un total de 15 millones de huevos depositados por aproximadamente 150 mil tortugas golfinas. Sin embargo, del total de huevos depositados en nuestros litorales y a lo largo de toda la temporada (que inició en mayo pasado), se estima que solamente sobrevivirán entre el 12 y el 13 por ciento de las nuevas crías; esto, debido al daño que causan a los nidos las mismas tortugas o los fenómenos climáticos, pero sobre todo por la rapiña de animales y de humanos. 

Y no hay duda: la principal amenaza para la subsistencia de las tortugas es, hoy por hoy, el saqueo que hacen los seres humanos de sus huevos; se estima que el año pasado, en las playas de Morro de Ayuta, Oaxaca, más de un 70 por ciento de los huevos de tortuga fueron saqueados por pobladores de la región.

 

 

Esta actividad ilegal y que atenta en contra del equilibrio de nuestros ecosistemas marinos, es estimulada por una compleja red de comercialización de los huevos de tortuga; desde hace algunos años, las autoridades locales y federales han identificado la ruta de operaciones de este mercado ilegal en Juchitán, en Puerto Escondido e incluso en el Mercado de Sonora y en el de San Juan, aquí en la Ciudad de México. 

Afortunadamente, con acciones coordinadas entre autoridades federales (como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Secretaría de Marina) y con el comprometido trabajo de organizaciones de la sociedad civil, se está logrando incidir en la conciencia ciudadana y en la desactivación de un mercado negro que no sólo merma a las poblaciones de tortugas sino, también, a las de otras especies de las que depende nuestra seguridad alimentaria.

Las tortugas son fundamentales para conservar el equilibrio de los ecosistemas marinos y costeros del planeta, debido a su labor de mantenimiento de los arrecifes coralinos y de los pastos marinos en los que habitan numerosas especies. Por sí mismas, las tortugas sirven como alimento para otras especies (como cangrejos, aves y mamíferos) y son fundamentales para el equilibrio de las poblaciones de medusas y de esponjas, organismos que son potencialmente destructores de los arrecifes coralinos. 

 

 

De la tortuga golfina se puede asegurar que ya no está en la lista de animales en peligro de extinción; sin embargo, su situación continúa siendo crítica y requiere de toda la atención de las autoridades involucradas y de la protección que pueden brindarle las poblaciones asentadas en los sitios en donde -durante millones de años- se han reproducido. 

Es imprescindible que las comunidades costeras del país conozcan más de cerca la realidad de este importante recurso natural; pero, sobre todo, que participen activamente en la instrumentación intersectorial de mecanismos para su conservación y aprovechamiento sustentable. De lo contrario, continuaremos por la ruta de mermar y de agotar la riqueza natural que sirve como base del desarrollo y del bienestar de nuestra población; algo que, dada la situación actual del país y del mundo, no podemos permitirnos de ninguna manera.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón