Incorporar a comunidades
indígenas al desarrollo es condición para alcanzar la
sustentabilidad
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
8 de agosto de 2017.
Fue
durante la Cumbre de la Tierra –en 1992- cuando, por
primera vez en la historia de la Asamblea General de la ONU,
una veintena de representantes de poblaciones indígenas
autóctonas de todo el mundo hablaron desde el estrado para
denunciar el deterioro de sus tierras y del medio ambiente
de frente a los intereses económicos en sus países. Un año
después, en 1993, la ONU proclamó a ese el Año
Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo; la
intención era fortalecer la cooperación de la comunidad
mundial para dar solución a los problemas con los que se
enfrentan las comunidades indígenas, en aspectos como los
derechos humanos, el deterioro del medio ambiente, el
desarrollo económico, la educación y la salud.
En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó
el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del
Mundo (que corrió de 1995 a 2004) y decretó que cada 9
de agosto se conmemoraría el Día Internacional de los
Pueblos Indígenas, buscando promover y dar voz a las
demandas y peticiones de estas comunidades (que representan
a más de 370 millones de personas y al 5% de la población
mundial).

Fue hasta el 13 de septiembre de 2007 cuando la Asamblea
General aprobó la Declaración de las Naciones Unidas
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas; que si bien
no se trata de un instrumento coercitivo del derecho
internacional, sí es una herramienta que orienta a las
legislaciones nacionales hacia esquemas de justicia que
eliminen las violaciones a los derechos humanos de los
pueblos indígenas.
Así pues, pasado mañana -9 de agosto- conmemoraremos por
décima ocasión el Día Internacional de las Poblaciones
Indígenas.

México, particularmente, es uno de los diez países con mayor
diversidad étnica en todo el orbe. Aquí, oficialmente se
reconocen 68 lenguas indígenas y hasta 364 variantes y, de
acuerdo con información del INEGI, alrededor del 11 por
ciento de la población mexicana (15.7 millones) es indígena.
Desde el punto de vista de la conservación de la diversidad
biológica de nuestro territorio, este es un hecho de primera
relevancia.
Pero, contradictoriamente, estamos perdiendo el conocimiento
social de nuestra biodiversidad; por ejemplo: las especies
de plantas y de animales que mejor conocemos y que más
consumimos en el país, son sólo aquellas que tienen un valor
comercial y económico relevante para el sector agropecuario
y exportador. Cultivos como el maíz, el frijol o el plátano,
o la producción de carne y lácteos, por ejemplo, no sólo
cuentan con una infraestructura económica y de
comercialización bien organizada; también, son el principal
objeto de estudio para investigadores de agencias
gubernamentales, universidades o empresas privadas, que
buscan optimizar y maximizar el aprovechamiento y la
promoción de estos productos en el mercado nacional y
extranjero.
Debemos reconocer que en México existe un conocimiento mucho
más amplio de los componentes de la riqueza natural y
biológica del país, y que este saber está depositado en los
pueblos indígenas y en las comunidades rurales de nuestro
territorio, las mismas que durante siglos han interactuado y
construido una relación de armonía con la flora y la fauna,
y con los procesos que suceden en los ecosistemas. No es
fortuito que, gracias a este conocimiento de la naturaleza
en sus distintas regiones, la
cocina mexicana –rica por su diversidad- fuera declarada, en
noviembre del 2010, patrimonio cultural inmaterial de la
humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Aquí hemos hablado, también, sobre la relación entre la
disminución de hablantes de lenguas indígenas y la
consecuente pérdida del conocimiento de la diversidad
biológica en estados como Yucatán y Campeche.

El Día Internacional de las Poblaciones Indígenas
–que festejaremos pasado mañana- es un llamado a dar
solución a los problemas económicos, sociales y ambientales
que enfrentan los pueblos originarios en todo el mundo;
pero, también, un llamado urgente al reconocimiento del
papel fundamental que juegan las comunidades indígenas no
sólo en la conservación de la riqueza natural del país, sino
en la posibilidad de su aprovechamiento sustentable.
Es tiempo ya de reconocer nuestras singularidades, para
fortalecerlas e impulsarles de frente a quienes nos buscan
discriminar y marginar; incorporemos ya en la ecuación del
desarrollo a estos pueblos que, en última instancia, nos dan
sabiduría, identidad y un rumbo definido.
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