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Llama UNESCO a invertir en la restauración de la naturaleza para asegurar desarrollo

        

  • En el Día Internacional de Conservación de los Manglares se reconoce, por segundo año consecutivo, la urgencia de frenar el deterioro de estos importantes sumideros de carbono   

  • En el mundo, se ha perdido el 67% de estos ecosistemas; en México, más de la mitad de los 17 millones de hectáreas que había en 1980 dejaron de existir gracias a un modelo insustentable de desarrollo

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  24 de julio de 2017.

 

 

No deja de sorprender que, siendo los ecosistemas de manglares tan importantes para mantener el equilibrio climático y ambiental del planeta, apenas hace dos años la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) haya decidido establecer una fecha para conmemorarles y llamar así nuestra atención sobre la urgencia de su cuidado.  

Ya desde hace 12 años, la organización no gubernamental Red-Manglar Internacional, junto con otras agrupaciones civiles del mundo, propusieron que el 26 de julio fuera establecido como el Día de la Defensa del Ecosistema Manglar. Esta iniciativa fue motivada por la necesidad de denunciar la intención de empresas trasnacionales de explotar los recursos naturales de los Manglares de Olmedo y Majagual, en la provincia de Esmeraldas, en la república del Ecuador, donde están los manglares más altos del mundo.

No fue sino hasta el 6 de noviembre del 2015 cuando la Conferencia General de la UNESCO, reconociendo la necesidad de conservar a estos poco frecuentes e importantes ecosistemas del planeta, proclamó al 26 de julio como el Día Internacional de Conservación de Manglares.

 

 

Se estima que más del 67 por ciento de los manglares del mundo ya se han perdido; tan sólo en México, en los 17 estados que cuentan con litorales, hemos acabado ya con más de la mitad de los 17 millones de hectáreas de manglares que teníamos contabilizadas en 1980 (la urbanización descontrolada, la explotación de recursos naturales -como el petróleo o las pesquerías- y un modelo de crecimiento turístico incorrecto han sido los principales responsables de esto).

De continuar con ese ritmo de depredación de estos magníficos y escasos ecosistemas en el planeta, los expertos estiman que en los próximos 100 años pudieran desaparecer prácticamente todos los manglares que no están siendo protegidos. Y es que su importancia económica, social y ambiental es innegable: centenariamente, los manglares han garantizado la seguridad alimentaria de numerosos pueblos y comunidades, contribuyendo vigorosamente al mantenimiento de distintas especies marinas y de un aprovechamiento forestal sostenido.

Pero también, los manglares han sido barrera natural de protección contra las tormentas; amortiguan la elevación de los niveles de los océanos y la fuerza de las mareas y los tsunamis; son filtros naturales del agua en los litorales marinos y terrestres; además de que representan el hábitat de cientos de especies de flora y fauna. En materia de cambio climático, los manglares han demostrado ser ecosistemas estratégicos para la mitigación de este fenómeno debido a su enorme capacidad para capturar al carbono de la atmósfera y de los mares.

Desafortunadamente, en nuestro país persiste una visión obsoleta del desarrollo económico y social donde la protección al medio ambiente y la defensa de la base material de nuestra riqueza -es decir, nuestro capital natural- no tienen la prioridad que debieran para garantizar una prosperidad de largo aliento. Los planificadores del desarrollo no tienen incorporada en sus ecuaciones a la conservación de la naturaleza y, por el contrario, cotidianamente sabemos de planes y proyectos gubernamentales o privados que terminan suprimiendo importantes áreas boscosas donde -entre otros servicios ambientales- se recargan nuestros acuíferos o donde habitan especies de las que nos alimentamos. 

 

 

Invertir en la protección de la naturaleza llega a parecer a los desarrolladores urbanos un gasto inútil o un tema de simple ornato, y no se le considera una inversión que dará sustentabilidad y seguridad al crecimiento de la nación en su conjunto. Hay que ver, por ejemplo, la manera en que muchos desarrolladores inmobiliarios en nuestra ciudad planean sus construcciones sin siquiera preocuparse por conocer las propiedades naturales de los terrenos, de los que terminan arrancando árboles y espacios verdes para edificar verdaderos monstruos que -además de romper con el paisaje- consumen enormes cantidades de agua, de energía y generan grandes volúmenes de residuos. 

En el Día Internacional de la Conservación de los Manglares, este 2017 la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, está haciendo un llamado justamente para darle vuelta a esta tendencia y canalizar inversiones para frenar la degradación y proteger los manglares que, sin lugar a dudas, son fundamentales para la salud de nuestro planeta. Invito a nuestra audiencia a que, en este Día Internacional de la Conservación de los Manglares, busquen investigar y conocer con más detalle sobre la enorme aportación que hacen ecosistemas a la salud del planeta, para así sumarse de manera activa a su defensa y conservación. 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón