Redistribución de especies vivas
en el planeta y cambio climático, un fenómeno permanente
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
17 de julio de 2017.
Todos conocemos la teoría que explica
–a partir de la antropología y, más recientemente, de la
genética- que las poblaciones humanas llegaron al continente
americano desde Siberia y del noreste asiático a través del
Estrecho de Bering. Esta histórica migración sucedió
durante un notable cambio en el clima del planeta (conocido
como la última glaciación) 14 mil años antes de nuestra era,
donde incluso distintas especies animales –como el perro- y
numerosas vegetales acompañaron al hombre en su camino.

Es justo decir que las migraciones de
especies vivas acompañadas por el ser humano, no han cesado
a lo largo de la historia del planeta; por el contrario, hoy
están siendo incluso detonadas por el hombre y sucediendo a
una escala de alcances globales, aunque no siempre nos
resulte tan sencillo percibirlo. Justamente ahora –y también como
consecuencia directa del cambio climático-, numerosas
plantas y animales están migrando tanto en la superficie
terrestre como en las profundidades marinas.
Creo que difícilmente un agricultor o
un pescador podría negar este hecho; el cultivo del café,
por ejemplo, cada día se está trasladando a mayores
altitudes para lograr su cosecha o, en el caso de los
viñedos europeos, los productores han ido haciéndose de
tierras ubicadas más al norte para encontrar las condiciones
climáticas óptimas que requiere este cultivo. También, y según lo señala un estudio
del Foro Económico Mundial, las especies terrestres
silvestres están moviéndose hacia los polos en un rango de
17 kilómetros promedio por década, mientras que las especies
marinas lo hacen en 78 kilómetros anuales.
Seguramente, esta redistribución de la
vida en el planeta nos es más evidente en especies como los
mosquitos, los que ya desde hace varias décadas atrás y
gracias al calentamiento global hoy podemos encontrar a
mayores altitudes de las tradicionales (al igual que las
enfermedades de las que son vector de transmisión). Los manglares, con su enorme capacidad
de capturar dióxido de carbono de la atmósfera, también
están moviéndose hacia el hemisferio norte; un hecho que
está reconfigurando el equilibrio de numerosos ecosistemas
tanto terrestres como marinos.

Se calcula que el volumen en la
pérdida de hábitats y la tasa de redistribución global de
las especies vivas durante el siglo XXI -como consecuencia
del cambio climático de origen antropogénico-, está
sucediendo a una velocidad sólo comparable con lo acontecido
en un período de 65 millones de años de la historia del
planeta Tierra.
Los impactos que está teniendo la
presencia de poblaciones migrantes de especies animales y
vegetales sobre otros ecosistemas, son aún difíciles de
calcular; pero ya están afectando y afectarán
indiscutiblemente a la economía, a la cultura y a la calidad
de vida de numerosas sociedades humanas.
Debido a fenómenos como la elevación
de la temperatura en la superficie marina, a la
acidificación de los océanos y el blanqueamiento de los
arrecifes coralinos, las pesquerías en distintas regiones
del planeta están ya siendo notablemente impactadas; muchas
especies de peces o están buscando aguas más frescas y a
mayores profundidades, o están emigrando hacia los polos. Sin duda, todo esto pone en juego a la
seguridad alimentaria de los países con menor desarrollo
humano y, desde luego, al resto del mundo.

Por éstas y otras razones, es
necesario que los criterios científicos que están
identificando al fenómeno de la redistribución de las
especies vivas en el planeta por causa del cambio climático,
sean incorporados en todo proceso de planeación del
desarrollo a nivel global (como lo son los Objetivos de
Desarrollo del Milenio), pero sobre todo a nivel regional,
nacional y local.
Es necesario que rompamos con una visión tan acotada y
cortoplacista del desarrollo, pues de lo contrario
continuaremos construyendo escenarios endebles y
permanentemente inalcanzables para satisfacer las
necesidades de las generaciones actuales y venideras.
El cambio climático es un fenómeno que ha estado y seguirá
estando presente en el acontecer de la vida en el planeta, y
más nos vale encontrar instrumentos eficaces para adaptarnos
a éste y dejar a un lado -de una vez y por todas- visiones
atávicas y caducas de lo que significa la satisfacción del
bienestar individual y social. ▄