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Alrededor de una tercera parte del arbolado de la CDMX está plagado con muérdago

        

  • Características espaciales y ambientales -y a diferencia de lo que sucede en los bosques-, los árboles requieren de recibir mantenimiento constante

  • El muérdago -que se ancla a la corteza y absorbe el agua y los nutrientes del árbol- es diseminado por las aves y su control es sumamente complicado

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  5 de junio de 2017.

 

Todos sabemos –o al menos así quisiera pensarlo- que los árboles son imprescindibles no sólo para hacer posible la vida humana, sino la de la mayoría de los seres vivos con los que coexistimos en el planeta. Pero, aún así, es mucho lo que ignoramos o lo que suponemos incorrectamente sobre los árboles y que, en consecuencia, nos lleva a no darles el cuidado que requieren o a no hacer un aprovechamiento inteligente de este recurso natural renovable.

Incluso entre los especialistas no hay acuerdo sobre el aporte que tienen los árboles -por ejemplo- en la cantidad de oxígeno a la atmósfera; hay quienes aseguran que el fitoplancton y los corales oceánicos contribuyen con hasta el 80% del oxígeno que requerimos para vivir y, por el otro lado, hay quienes dicen que los bosques y las selvas terrestres generan dos terceras partes del total de este gas vital. Lo que sí sabemos es que el 45% de la energía renovable que utilizamos en el mundo proviene de los árboles, satisfaciendo las necesidades de más de dos mil 400 millones de personas. 

 

 

También –y hablando de “servicios ambientales”-, los árboles contribuyen de manera importante a regular el clima del planeta y, en particular, la temperatura y la humedad en las ciudades; capturan el agua de lluvia y propician su filtración hacia los mantos acuíferos; atrapan a las partículas contaminantes del aire y son barreras naturales del ruido; contribuyen a conservar la riqueza orgánica del suelo; son hogar de animales e insectos; y brindan frutos, flores y alimento para numerosos seres vivos. 

En las ciudades, dadas las características espaciales y ambientales -y a diferencia de lo que sucede en los bosques-, los árboles requieren obligadamente de recibir un mantenimiento constante para garantizar su crecimiento y desarrollo; de lo contrario, no sólo su supervivencia estaría en riesgo, sino también podrían convertirse en una amenaza para la seguridad de las personas y de la infraestructura urbana (como líneas eléctricas, drenaje y demás instalaciones privadas y públicas). Como lo ha señalado puntualmente la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México, hoy más que nunca es necesario trabajar en la creación de un sistema de gestión de áreas verdes urbanas que equilibre la cantidad y la conservación de los árboles que requiere la ciudad, para así garantizar la permanencia de los servicios ambientales que estos nos brindan a todos.

Es importante que sepamos que los árboles pueden padecer enfermedades que ponen en riesgo a su vida y, en consecuencia, afectar al desarrollo de otras especies que dependen de ellos (como el mismo ser humano); lastimar a los árboles con clavos, navajas o de otras maneras (como verter líquidos corrosivos en su base), les debilita e incluso puede conducirles a la muerte.  

 

 

Pero también hay plagas y enfermedades que atacan a los árboles como consecuencia de un medio ambiente desequilibrado. Éste es el caso del muérdago, una planta parásita que -de acuerdo con distintos cálculos-  afecta a entre una y dos terceras partes de todo el arbolado de la Ciudad de México y que, dadas sus características de aparentar ser el follaje natural de los árboles, no es fácilmente perceptible a la vista de quienes no son expertos.  

El muérdago -que se ancla a la corteza y absorbe el agua y los nutrientes del árbol- es diseminado por las aves y su control es sumamente complicado porque requiere de un trabajo casi artesanal para su retiro, lo que tampoco es garantía de que no vuelva a aparecer. Árboles que abundan en nuestra ciudad, como el fresno, el trueno, el sauce llorón, el ahuejote, el ahuehuete, el pirul, la jacaranda, el tepozán, el capulín o el ciruelo, entre otros, son los más afectados por esta plaga.

Es importante que quienes habitamos en la Ciudad de México o en otras poblaciones de la república seamos muy observadores de estos monumentales compañeros nuestros, los árboles, y que ante cualquier sospecha de la presencia de esta plaga -u otras que les enferman y les matan-, acudamos a dar aviso a las autoridades ambientales responsables en nuestra comunidad. Pero, sobre todo, debemos procurar no dañar ni debilitar a estos magníficos seres vivos, pues es gracias a ellos que podemos mantenernos saludables tanto física como emocionalmente.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón