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La Ciudad de México en el Top Ten de las ciudades más ruidosas del planeta: WEF

        

  • Se cuenta con una normatividad deficiente e inadecuada para prevenir y combatir, de manera eficaz, este tipo de contaminación

  • La CDMX es la octava ciudad en el mundo cuya población registra mayores problemas auditivos, según el Índice Mundial de Escucha

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  15 de mayo de 2017.

 

 

Ya en varias ocasiones hemos hablado en esta columna sobre la problemática de la contaminación por ruido y de los numerosos impactos que ésta tiene en la salud humana y en la convivencia social. Se trata de una forma de contaminación ambiental que ha merecido poca atención por parte de quienes están encargados tanto de formular las leyes, como de las autoridades responsables de prevenirle y de controlarle.

Para los habitantes de concentraciones urbanas como la Ciudad de México es muy claro que la contaminación auditiva afecta a su calidad de vida; sorprende constatar que, durante los más de 15 años de existencia de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de nuestra ciudad, el ruido siempre ha estado dentro de las tres principales causas de denuncia. 

 

Entre los efectos directos de este tipo de contaminación, podemos señalar los que ocurren en el aparato auditivo (que se manifiestan en distintos niveles de sordera); los que derivan del stress y afectan al sistema cardiovascular y al aparato digestivo; y los impactos psicológicos y sociales (como pueden ser las alteraciones nerviosas o las conductas violentas en ciertas personas y entornos).

Desafortunadamente, la normatividad vigente en materia de control de la contaminación auditiva –tanto en el país como en la Ciudad de México- es sumamente deficiente y no nos está permitiendo enfrentar de manera eficaz a este problema que, incluso, ha demostrado ser un detonador de padecimientos como la diabetes.[1]  Resulta que tenemos una normatividad que se aplica de manera pareja en toda la ciudad y que establece límites máximos de ruido para los horarios diurno y nocturno, pero que no distingue las distintas actividades y los tipos de zonificación que existen en la ciudad. Y para cualquiera es evidente que no es posible tolerar los mismos niveles de ruido que hay en una zona comercial o industrial, a los que debieran permitirse en los distritos escolares o de hospitales de nuestra ciudad.  

 

 

Hace un par de semanas, el Foro Económico Mundial colocó a la Ciudad de México en la lista de las diez urbes más ruidosas del planeta (estamos en el número ocho, sólo antes de París y Buenos Aires;  la ciudad de Guang-zhou, en China, es la ciudad con la mayor contaminación acústica del planeta y, Zúrich, Suiza, es la más silenciosa). En esta lista aparecen también –antes de la Ciudad de México- Nueva Delhi, El Cairo, Mumbai, Estambul, Beijing y Barcelona. 

Este año, la empresa alemana Mimi Hearing Technologies, dedicada a la fabricación de aparatos auxiliares para la sordera, publicó su Índice de Escucha Mundial (World Hearing Index) en el que vincula a la contaminación auditiva con los problemas de sordera en todo el mundo. La Ciudad de México ocupa también el octavo sitio mundial en problemas auditivos de su población, de un listado de 50 ciudades de distintos países, y donde las mujeres son el segmento más afectado.

 

 

Para enfrentar este problema de contaminación ambiental (al que, por cierto, muchos atribuyen mayores impactos en la salud que los generados por la contaminación del aire), es necesario que encendamos todas las alertas sobre el mismo y que trabajemos en los mecanismos para combatirle. Sí, es necesario incidir sobre la educación y la cultura de la ciudadanía para reducir las emisiones sonoras, pero también requerimos de mejores instrumentos normativos y de vigilancia para sancionar a los generadores e inhibir los ambientes con ruido excesivo en nuestras ciudades. 

Yo invito a nuestro auditorio a que se informe sobre la manera en que todos podemos ayudar a reducir el ruido en el trabajo, en la casa o en la calle; además de conocer las distintas formas en las que podemos protegernos de los daños a nuestros oídos, pero también prevenir afectaciones de tipo físico y psicológico causadas por la contaminación auditiva.

Cuidar nuestro entorno de la contaminación ambiental es la mejor manera de prevenir los daños a nuestra salud.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón