Después de 25 años de la Cumbre
de Río, la situación ambiental del planeta ha empeorado
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
17 de abril de 2017.
En 1992, un total de 170 países del mundo reunidos en la
Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, acordaron acciones
específicas para conseguir el desarrollo sustentable,
proteger a la diversidad biológica, prevenir actividades
peligrosas para los sistemas climáticos y la conservación de
bosques y selvas en el planeta. Pero, después de 25 años de
esto, el entorno ambiental del cual depende la humanidad y
la vida en el planeta continúa siendo degradado, a pesar de
numerosos acuerdos y tratados internacionales, de políticas
públicas nacionales o de leyes y planes locales en la
materia.

Buscando explicar la razón de este hecho, el Foro Económico
Mundial publicó hace unos días el resultado del análisis de
un conjunto de 94 estudios realizados en países
–desarrollados y en vías de desarrollo- en los que las
políticas públicas ambientales han fracasado. Tomando como
base el año 1970, el Foro Económico Mundial concluyó que la
huella ecológica de la humanidad ha excedido la capacidad
del planeta para recuperarse, al extremo de que, al día de
hoy, cada año requeriríamos tener 1.6 planetas Tierra para
poder satisfacer el ritmo de consumo que ya tenemos.
Por otra parte, la diversidad biológica del planeta ha
decaído en un 50% y, de manera alarmante, las poblaciones de
distintas especies continúan declinando. La emisión de gases
de efecto invernadero, causantes directas del calentamiento
global y del cambio climático, prácticamente se han
duplicado durante las últimas tres o cuatro décadas,
exacerbando los desequilibrios climáticos en distintas
regiones del mundo. Más del 48% de las selvas tropicales y
subtropicales del planeta han desaparecido, lo que, en
última instancia, se ha traducido en el empobrecimiento y la
pérdida de la calidad de vida de amplios sectores de la
población.
A pesar de los acuerdos alcanzados hace 25 años en la Cumbre
de la Tierra en Río de Janeiro, hoy todos los indicadores
señalan un acelerado deterioro de las condiciones
ambientales en el planeta y, al estar ya rebasando los
límites y las capacidades de recuperación, estamos en muchos
aspectos en el punto de no retorno. El ejemplo más claro de
esto es el inminente peligro de que el aumento de la
temperatura global rebase los 2 grados centígrados, lo que
traerá consigo efectos incalculables sobre los sistemas
climáticos, los ecosistemas y las condiciones de vida en
todo el mundo.

Desafortunadamente, las causas principales del deterioro
ambiental persisten y no han tenido cambios fundamentales en
lo económico, en lo político y en materia de comunicación;
así, un territorio boscoso hoy resulta más rentable
económicamente cuando está deforestado y sus usos son –por
ejemplo- agropecuarios o para la urbanización. El poder
fáctico de ciertas empresas y actividades –como las
extractivas o las mineras-, debilitan y hasta suprimen los
esfuerzos de armonización entre las políticas públicas
ambientales y las económicas. Y, finalmente, el Foro
Económico Mundial identifica una inadecuada comunicación
pública de la problemática y de los riesgos ambientales
entre la población, lo que se traduce en una débil
percepción y nula acción pública para enfrentar los retos
que hoy tenemos enfrente.
Si –por ejemplo-, en los Estados Unidos hubiera una
percepción realista de las causas y de los impactos del
cambio climático, la intención de su presidente de
fortalecer el uso del carbón y no así a las energías
renovables, se enfrentaría con una oposición unánime.
La apuesta es ahora por que los gobiernos provean de
incentivos financieros a la producción eco-eficiente; por
que los políticos tengan el valor para ir más allá de lo
convencional, premiando a quienes apuesten por la
sustentabilidad y castigando a los que no; y, que los
gobiernos establezcan una ruta de acción en la que las
actividades productivas más contaminantes programen su
transición hacia la sustentabilidad.
Y, desde luego, es urgente que aquellos responsables de la
comunicación colectiva (tanto en su ámbito público como
privado) incorporemos y demos una dimensión transversal a
todos los temas vinculados con la sustentabilidad,
haciéndonos conscientes del nivel de responsabilidad que
cada uno de nosotros tiene desde su propia actividad. ▄
