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Sector energético debe ser responsable de sus impactos y de sus costos ambientales        

 

  • Las consecuencias de los accidentes nucleares han sido históricamente desconocidas por el mundo  

  • Preocupante que se quiera dar un nuevo impulso al uso del carbón de los combustibles fósiles, ignorando sus eventuales impactos  

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  27 de marzo de 2017.

 

 

Mañana martes -28 de marzo- se cumplirán 38 años desde uno de los accidentes nucleares más graves de la historia y, particularmente, el peor que haya vivido los Estados Unidos en su propio territorio: el accidente de Three Mile Island, a sólo 16 kilómetros de la ciudad de Harrisburg, en Pensilvania.

 

Al perderse el refrigerante del reactor, la temperatura del núcleo se elevó hasta fundirse y expandir material radioactivo en su contenedor; a fin de evitar una explosión de incalculables consecuencias se decidió liberar el gas radioactivo para reducir la presión, afectando así a las más de 70 mil personas de los poblados cercanos a la central nuclear. Los impactos sobre la salud de la población aún son ampliamente debatidos, pues la variabilidad de la exposición a la radiación hizo prácticamente imposible realizar evaluaciones objetivas.

 

Sin embargo, hay registros que señalan que a partir del accidente nuclear de Three Mile Island se presentó un aumento en los casos de cáncer, malformaciones congénitas y enfermedades psicológicas detonadas por el estrés en el que vivió la población a partir de 1979. Se dice que las medidas de emergencia instrumentadas durante y después del accidente fueron insuficientes; dos días después del evento, se evacuó solamente a las mujeres embarazadas y a los niños en un radio de 13 kilómetros alrededor de la central nuclear. Lo que este accidente hizo evidente fue que las medidas de seguridad en este tipo de instalaciones eran insuficientes, por lo que había que invertir sumas considerables en ello y, consecuentemente, encarecer su costo si se le habría de considerar como una fuente generadora de energía completamente segura.

 

 

 

 

Siete años después –el 26 de abril de 1986-, pero en Ucrania, la central nuclear de Chernóbil sufrió el accidente considerado hasta hoy como el más grave de la historia. A pesare de que el Departamento de Seguridad de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) publicaba en su Boletín -en junio de 1983- que "un accidente serio con pérdida de refrigerante es prácticamente imposible en las centrales del tipo” del de Chernóbil, en abril de 1986 prácticamente todo el continente europeo sería cubierto por una nube radioactiva. Los impactos de este accidente aún no se conocen o los sabemos aisladamente, seguramente por un silencio impuesto por los grandes intereses que esta industria maneja en todo el planeta.

 

Y, más recientemente, también en el mes de marzo, pero del 2011, un terremoto y el tsunami sufrido en las costas de Japón afectó a tres centrales nucleares; particularmente, de acuerdo con la Agencia de Seguridad de Energía Nuclear, la central de Fukushima –localizada a unos 250 kilómetros al noreste de Tokio-, tuvo un nivel de gravedad grado “cuatro”, en una escala del uno al siete, y donde Chernóbil es el extremo máximo. Desde entonces, poco o prácticamente nada se ha difundido –de manera oficial- sobre los impactos que está teniendo sobre el medio ambiente esta planta que, a la fecha, continúa sin alcanzar una solución definitiva. Todo tipo de mensajes y especulaciones sobre las afectaciones al océano o a la atmósfera del planeta circulan en redes y en distintos medios, pero lo cierto es que prevalece una enorme incertidumbre.

 

 

 

 

Se avecina una época de enormes transformaciones en materia de fuentes de energía en el planeta; por un lado, un impulso inédito a las energías renovables, pero –por el otro- la intención de regresar y fortalecer el uso del carbón y de combustibles fósiles (lo que es una pésima noticia para la estabilidad ambiental y climática del planeta). Creo que estas fechas en las que recordamos eventos tan graves para la humanidad deben llevarnos a una revisión y a la reflexión no sólo sobre el rumbo que deberá seguir la humanidad en materia energética; sino, también, sobre la responsabilidad que tienen las empresas del sector –sean públicas o privadas- de frente a la sociedad y a la comunidad internacional. 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón