Bosques producen el 40% de la energía disponible en todo el planeta   

 

  • La dendro-energía contribuye significativamente a mejorar la vida de las personas, fomentar el desarrollo sostenible y mitigar el cambio climático 

  • Necesarias nuevas herramientas legislativas, adecuaciones institucionales en todos los órdenes de gobierno, pero -sobre todo- la incorporación de la participación ciudadana

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  20 de marzo de 2017.

 

 

Mañana, 21 de marzo, y como sucede desde hace 46 años y por iniciativa de la Asamblea General de las Naciones Unidas, conmemoramos en todo el planeta el Día Internacional de los Bosques.

 

Como nunca antes en la historia, la situación de los bosques es en todo el mundo de un grave deterioro y de un descuido inédito; esto, a pesar del enorme valor que tienen para la vida, para la conservación de la diversidad biológica y, desde luego, para la estabilidad del clima global.

 

Cada año deforestamos en todo el mundo más de 13 millones de hectáreas de bosques (para cambiar los usos de suelo) y, por distintas causas, se incendian 50 millones más de tierras forestales, aportando con esto hasta un 20 por ciento de los gases de efecto invernadero que reducen la capacidad del planeta para regular adecuadamente el clima.

 

El 80 por ciento de las especies vegetales y animales terrestres habitan en los bosques, y no sólo dependen de ellos los más de 1, 600 millones de seres humanos que trabajan directamente en éstos, sino todos quienes gracias a sus productos tenemos hoy garantizado el acceso a la alimentación y al agua.

 

Pensemos en los bosques de lugares como la Ciudad de México, donde la gran mayoría de sus habitantes desconocen no sólo los servicios ambientales o los productos alimenticios que brindan a la zona urbana, sino también su tamaño y su diversidad biológica.

 

Muchas personas se muestran incrédulas cuando les decimos que más de la mitad del territorio de la Ciudad de México son bosques, zonas agrícolas y poblados rurales, o cuando se enteran que alrededor del 70 por ciento del agua que consumimos viene de la lluvia que es capturada por los bosques del poniente, sur-poniente y sur de la cuenca. 

 

Y a nadie parece preocuparle que, a nivel nacional, se estén perdiendo (según las cifras más conservadoras) más de 250 mil hectáreas de bosques cada año por el crecimiento de la superficie agrícola y pecuaria, por los incendios forestales y la urbanización; o que en la Ciudad de México sean arrasadas 300 o más hectáreas de arboledas y pastizales todos los años.

 

Este 2017, la Organización de las Naciones Unidas está llamando nuestra atención sobre el enorme potencial que tienen los bosques del mundo para brindarnos energía renovable; la dendro-energía (es decir, aquella que proviene de los árboles) contribuye de manera significativa a mejorar la vida de las personas, fomentar el desarrollo sostenible y mitigar el cambio climático.

 

Alrededor del 40 por ciento de la energía disponible en el planeta proviene de la madera, tanto en países en desarrollo como en los industrializados; una tercera parte de la humanidad utiliza cada año la mitad de toda la producción maderera mundial para producir electricidad, cocinar alimentos o calentarse.

 

Por todo esto, es necesario que países con una considerable riqueza forestal -como México- trabajen en la incorporación de criterios y prácticas de sustentabilidad en el manejo de sus bosques; primero, frenando el deterioro sistemático de los mismos y, después, incorporando innovaciones tecnológicas para la gestión sostenible y el fomento de la economía verde.

 

Sí, son necesarias nuevas herramientas legislativas, adecuaciones institucionales en todos los órdenes de gobierno, pero -sobre todo- es necesaria la incorporación de la participación ciudadana y de las comunidades en la toma de decisiones de este sector estratégico de la economía.

 

La ONU considera que varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible pueden ser alcanzados mediante el aumento de las superficies arboladas en distintas regiones del mundo, pues esto -además de contribuir a la mitigación del cambio climático- brindará acceso a millones de personas en países en desarrollo a energía barata, confiable y renovable.

 

Cuando abogamos por la conservación y la protección de nuestros recursos naturales y del medio ambiente, lo estamos haciendo para garantizar la subsistencia de todos los componentes que no sólo nos permiten a nosotros tener una vida con calidad y bienestar; sino para que, también, así sea para las generaciones que nos continuarán en el tiempo. 

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón