Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
6 de marzo de 2017.
Para
muchos hombres y mujeres de ciencia de todo el planeta, la
humanidad ha llegado ya al punto de no retorno para poder
frenar y revertir los impactos que nuestras actividades
ocasionan en el medio ambiente. El consenso es que, en
adelante, habrá que trabajar –ya con mucha urgencia- en la
forma en que habremos de adaptarnos a un entorno en el que
se ha perdido la estabilidad climática, además de buscar
mitigar los impactos que continuamos infringiendo sobre la
naturaleza.
La contundente mayoría de la comunidad científica del mundo
coincide en que la elevación de la temperatura promedio del
planeta, tiene como origen las actividades humanas y,
particularmente, la quema de combustibles fósiles. Los
científicos han dejado muy claro que no se trata de un
fenómeno natural o cíclico, sino que hay sobrada evidencia
de que los gases residuales de actividades como la
agricultura intensiva, la generación de energía con base en
el carbón y el petróleo –entre otras-, están causando el
calentamiento global y distorsionando los patrones normales
del clima.
Como respuesta a la negación de estos hechos por parte del
presidente de los Estados Unidos y –peor aún- del nuevo
responsable de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de
aquella nación,
Scott Pruitt,
en días recientes la comunidad científica ha hecho públicos
los resultados de algunas investigaciones que señalan
puntualmente algunas de las causas del cambio climático.

Scott Pruitt,
director de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA)
Hace seis meses, en Qingdao, China, científicos de todo el
mundo dieron a conocer evidencia sobre el acelerado aumento
de la temperatura que registra la superficie y el fondo
marino en todo el planeta; esto, sustentados en la
información recabada desde el año 2005 por el Sistema de
Flotadores Argo (que es una red global de más de 3
mil 500 boyas marinas, distribuidas en todo el planeta y
enlazadas vía satélite, que pueden sumergirse hasta 2 mil
metros de profundidad, tomar registro de las temperaturas
marinas y modelar así escenarios). Y no sólo eso, complejos
sistemas climáticos computacionales han permitido incorporar
información recabada desde hace más de sesenta años,
haciendo posible determinar el ritmo del calentamiento de
los océanos en la actualidad.
Hoy se sabe que desde los años ochenta se ha incrementado en
un 40% la presencia de dióxido de carbono en la atmósfera;
que los océanos absorben alrededor del 90% de este calor
adicional; que, a partir de los años noventa, hay un notable
aceleramiento del calentamiento global (13% mayor a lo antes
pensado) y que éste ha penetrado ya a más de los 700 metros
de profundidad en los océanos.

Por otro lado, la semana pasada el New York Times dio
a conocer el resultado de un estudio en el que se concluye
que, por causa del cambio climático, la primavera en el
hemisferio norte del planeta se ha adelantado en un promedio
de 30 días a lo observado durante los últimos 30 años (en la
Ciudad de México, las jacarandas comenzaron a florecer a
finales de enero y no, como era costumbre, de febrero). Las
consecuencias de este hecho están afectando no sólo a
algunas actividades económicas agropecuarias, sino también
tienen consecuencias en los ciclos biológicos y
reproductivos de numerosas especies vegetales, animales e
insectos.

SPRING FOLIAGE
Days early, against 30-year
average
Frente a estas -y muchas más- evidencias científicas, hay
una seria preocupación de la comunidad científica mundial y,
particularmente de la norteamericana, de frente a la
posición de la administración de Donald Trump no sólo de
negar la existencia del cambio climático, sino de
desmantelar las medidas institucionales y legislativas para
combatirlo (como la adopción de energías limpias) y de
fomentar el uso de combustibles fósiles y del carbón.
El próximo 22 de abril, en numerosas ciudades
norteamericanas, pero también en otras latitudes del mundo,
se realizará la
Marcha por la Ciencia;
será un llamado de la comunidad científica mundial para que
se tome en serio la evidencia disponible y se valore el
servicio que la ciencia tienen para toda la humanidad
(además de denunciar el carácter dogmático y anti-científico
de la administración Trump).
Éste, es un recordatorio más de que –en cualquier parte del
mundo- los responsables de las políticas públicas deben
procurar en todo momento sostener un diálogo permanente con
la ciencia y con aquellos que la cultivan.
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