Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
27 de febrero de 2017.
Desde
ayer domingo, 26 de febrero, y hasta el próximo jueves 2 de
abril, en la ciudad de Barcelona se realiza el Congreso
Mundial de Telefonía Móvil (Mobile
World Congress 2017),
convocado por el
Sistema Global para las Comunicaciones Móviles (GSMA, por
sus siglas en inglés) y donde se espera a más de 100 mil
visitantes y alrededor de 2 mil 200 compañías del sector.

Se trata de una industria que ha venido creciendo
vigorosamente desde la década de los noventa y, con mayor
notoriedad desde el 2007, con la aparición del primer iPhone
y la de los teléfonos inteligentes. A diez años de este
hecho, la valoración de los impactos de estas tecnologías
sobre el medio ambiente ha encendido los focos rojos y,
desde luego, la petición de que los fabricantes de teléfonos
inteligentes asuman su compromiso para reducir su huella
ecológica.
La organización ambientalista Greenpeace difundió
este fin de semana los resultados de un reporte llamado “De
Inteligente a sin sentido: el impacto global de diez años de
teléfonos inteligentes”, en el que se
señalan datos duros en esta materia.
En cuanto al uso de energía para la producción de más de 7
mil 100 millones de teléfonos inteligentes desde 2007 a la
fecha, se calcula que ésta ha sido el equivalente al
suministro energético utilizado durante todo un año por la
India (es decir, 968 Tera watts por hora). Y, hablando de
los desperdicios o residuos electrónicos que se generan en
todo el mundo, la Organización de las Naciones Unidas ha
calculado que -tan solo en el 2014-, los teléfonos
inteligentes fueron los responsables de 3 millones de
toneladas métricas; para el 2017, se espera un total de 50
millones de toneladas métricas de residuos, lo que es
preocupante al saber que durante los últimos diez años menos
del 16% de los residuos electrónicos en todo el mundo fueron
reciclados.
Sabemos que los teléfonos celulares
contienen metales pesados y sustancias químicas tóxicas
persistentes que contaminan el medio ambiente y afectan a la
salud; no sólo son sus baterías, sino también los
componentes internos de estos aparatos.

El uso de la tecnología móvil se incrementa año con año y,
de no tomar las precauciones necesarias, la inadecuada
disposición de los teléfonos desechados podría convertirse
en una amenaza para la salud pública (esto agravado, además,
por un mercado donde la informalidad domina y para el que la
educación del consumidor no es prioritaria). El vertiginoso
avance tecnológico ha propiciado que el uso de los teléfonos
inteligentes tenga un promedio de dos años, lo que
lógicamente empuja al alza las cifras de los residuos
electrónicos en todo el planeta.
En consecuencia, la petición de grupos ambientalistas a los
representantes de la industria de la telefonía inteligente
-reunidos hoy en la ciudad de Barcelona-, es apostar por
tecnologías que tengan una mayor duración y que opten por
sistemas de producción circular; es decir, que se minimice
la generación de residuos y que estos sirvan como insumo de
otras cadenas productivas y no terminen como basura que
contamina al agua, a la tierra o al aire del planeta.
Muchas innovaciones tecnológicas vinculadas con la telefonía
inteligente están por venir (el Internet de las cosas, la
realidad virtual, los autos conectados y nuevos
dispositivos), por lo que incorporar criterios de
sustentabilidad entre los productores es hoy vital.
La GSMA, organizadores del
Congreso Mundial de Telefonía Móvil en Barcelona, ha lanzado
una aplicación para los usuarios de teléfonos inteligentes
con la que pretende acercar a personas que, en sus
localidades y países, estén llevando a cabo o se quieran
sumar a acciones en favor del medio ambiente. Se trata de
reunir -mediante esta aplicación descargable como ODS en
Acción- a quienes integran proyectos para acabar con la
pobreza, erradicar el hambre, alcanzar salud y bienestar,
tener educación de calidad, lograr la igualdad de género,
tener agua limpia, promover el uso de energías renovables y
de ciudades sustentables, entre un conjunto de 17 objetivos.

Sin duda, el alentador -y necesario- que el desarrollo
tecnológico esté entendiendo la necesidad de incorporar
criterios de protección ambiental como condición para su
viabilidad futura.
▄