Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
13 de febrero de 2017.
El 3 de febrero pasado –y sin todos los reflectores que ha
habido sobre las Órdenes Ejecutivas firmadas por el
presidente estadounidense en materia migratoria y
económica-, Donald Trump decretó importantes modificaciones
en las reglas que en materia de bienestar animal debe seguir
el Departamento de Agricultura de aquel país.
Básicamente, la nueva administración retiró de los portales
oficiales los reportes de inspección y los historiales de
todas las empresas que trabajan con animales (criadores de
perros, de gatos y caballos; granjas avícolas y ganaderas,
etc.) y que, en muchos casos, han registrado un historial de
conductas de abuso, maltrato y crueldad.
Estos reportes eran especialmente valiosos para las
organizaciones defensoras de los animales y para los
consumidores, quienes de una u otra manera estaban logrando
sancionar en los hechos las conductas poco éticas y hasta
criminales de determinadas empresas.

No sólo eso, los reportes contenían una tipificación
detallada de las violaciones al bienestar animal observadas
en este tipo de instalaciones; hablamos incluso de
laboratorios en donde se realizan pruebas de alimentos y
productos químicos en animales, donde se impusieron medidas
correctivas y fueron documentadas a detalle.
Ahora, el gobierno de Trump retira estos reportes en línea y
les sustituye por un mecanismo francamente burocrático (Freedom
of Information Request)
que es una solicitud por escrito que, además de ser costosa
para el público, puede tomar años en ser respondida.
Y aún hay mucho más. Esta nueva Orden Ejecutiva para el
Departamento de Agricultura de los Estados Unidos que
modifica los estándares de bienestar animal, afectará
directamente a los consumidores de carne y de huevos
orgánicos.
La obligación vigente de que los animales estén en espacios
abiertos y no en instalaciones cerradas, o de evitar
prácticas que les produce sufrimiento (como cortar el pico
de las gallinas o las colas de los cerdos vivos para
facilitar su manejo), prácticamente deja de ser hoy un
requisito para los productores que ostentan la etiqueta de
“producto orgánico”.
En el caso de los criadores de perros o de caballos, ahora
los consumidores estadounidenses no tendrán forma de
verificar si los vientres de las madres de sus cachorros o
de sus potros han sido o no explotados con crueldad (lo que,
lamentablemente, es común).

Hasta hace unos días, en al menos siete estados de la Unión
Americana, las personas sólo podían comprar un perro de un
criador si éste tenía un impecable historial de reportes de
inspección avalado por el Departamento de Agricultura.
También, en un país en el que hay cerca de 80 millones de perros y 86
millones de gatos, los consumidores demandan altos
estándares de calidad para la fabricación y la
comercialización de alimentos para animales de compañía;
pero, con las nuevas medidas, las inspecciones que realizaba
también la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA)
han sido también suspendidas.
Influyentes organizaciones –como AOL, The Huffington Post o
Humane Society de los Estados Unidos- están llamado ya la
atención de las audiencias norteamericanas sobre esta poco
difundida Orden Ejecutiva del presidente Trump que no sólo
afecta a los animales, sino también a los seres humanos.
El bienestar animal es un estándar de enorme importancia no
sólo ética, sino –sobre todo- para proteger nuestra salud; es decir,
de la calidad de los alimentos de origen animal o de los que
están dirigidos al consumo de los propios animales, depende
directamente la posibilidad de conservar o no nuestra salud.
Por tanto, siendo México uno de los más importantes socios
comerciales de los Estados Unidos tenemos la obligación –y
el derecho- de exigir que sea verificable y comprobable que
la producción tanto de los animales que estamos importando
como carne o de sus productos (como huevo, leche, queso),
sean el resultado de procesos en los que se está
garantizando el bienestar y el trato digno a estos seres
vivos.
Recordemos que el número de exportaciones y de importaciones
de bienes de consumo que México realiza con los Estados
Unidos, prácticamente duplica al volumen total de las
operaciones que tienen con esa nación todos los países
latinoamericanos en su conjunto.
Ésta es una enorme fortaleza que debemos aprovechar.
Todo lo que no implique este tipo de estándares debiéramos
considerarlo como comercio injusto, desventajoso y promotor
de un capitalismo “salvaje” que no nos beneficia ni lo hará
nunca. ▄
