Incendios forestales en Chile nos alertan sobre conservación del capital natural   

 

  • El 2016 ha sido el tercer año -después de 1998 y 2011- con mayor superficie afectada por incendios forestales

  • En México, los Chimalapas es una región con cinco décadas de conflictos por cambios de uso de suelo

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  30 de enero de 2017.

 

 

Hay alarma por los incendios forestales que están devastando extensos territorios boscosos en el centro y sur de Chile y que, a la fecha, no han podido ser controlados ni extinguidos en su totalidad. Al día de hoy, el saldo es de: 127 incendios forestales activos hasta las ocho de la noche de ayer domingo; 43 detenidos por su presunta responsabilidad en la generación intencional de 38 incendios; cerca de 400 mil hectáreas afectadas (cuando el promedio anual en Chile no superaba las 52 mil hectáreas); miles de damnificados y, lamentablemente, 11 personas fallecidas.

Frente a esta inusual situación, el gobierno chileno ha decretado en “estado de catástrofe” a la Comuna y a la Región de Valparaíso; a las provincias de Colchagua y Cardenal Caro, en la región de O´Higgins; así como a las regiones de Maule, Biobío y la Araucanía, en el centro y sur del país. También, ahora mismo se están registrando incendios forestales en las regiones de Coquimbo y Los Lagos, así como en la de Magallanes y en la Antártica chilena. 

 

 

Evidentemente, las inusuales condiciones ambientales en la zona austral chilena están contribuyendo a la proliferación de los incendios forestales: se han presentado fuertes vientos, olas de calor y altas temperaturas, además de baja humedad en todo el país. Pero, sobre todo, las autoridades chilenas reconocen que –en su gran mayoría- los incendios tienen como origen a la actividad humana.

Y hay que apuntar que la pérdida de control en el uso del fuego no se trata solamente de una consecuencia propia de las actividades agropecuarias; recientemente, la Corporación Forestal Nacional de Chile ha acusado incluso la negligencia de las compañías distribuidoras de electricidad por el inadecuado mantenimiento de sus instalaciones. También, y debido a que la agricultura y la silvicultura son las principales actividades productivas en las regiones donde se está dando la mayor incidencia de incendios, se ha hablado ya de que existe la intención por parte de algunos agricultores y ganaderos de mermar la superficie de los bosques para así extender la frontera agropecuaria.

Esta práctica de incendiar bosques para incrementar la superficie dedicada a los usos de suelo agrícola y ganadero, ha sido bien conocida aquí en México; un ejemplo es el de la frontera entre el estado de Oaxaca y Chiapas, en la región selvática de los Chimalapas, donde a lo largo de cinco décadas ha existido un conflicto entre comuneros indígenas oaxaqueños y pequeños propietarios chiapanecos que, en el afán de los segundos por extender los terrenos de cultivo, han provocado -se dice- numerosos incendios forestales en detrimento de las selvas. 

Año con año, en México ha venido aumentando la superficie afectada por los incendios forestales; de acuerdo con datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), el año pasado -2016- fueron siniestradas más de 263 mil hectáreas, lo que le coloca como el tercer año con mayor incidencia de incendios después del 2011 (con más de 360 mil hectáreas) y de 1998 (con 277 mil hectáreas de bosques incendiados).

 

 

Estos hechos deben alertarnos y ponernos en guardia para la eventual llegada de la temporada agrícola “Primavera – Verano 2017”; sí, desde luego, para hacer las previsiones para evitar incendios o -cuando lleguen- combatirles con equipo y recursos suficientes; pero, sobre todo, para reforzar las medidas que desincentiven y que castiguen decididamente la intención de cualquier persona de favorecer los cambios de uso del suelo forestal al uso agrícola y ganadero.

Es necesario que los países latinoamericanos –y, desde luego, otros que cuentan con recursos forestales en el mundo- incorporemos el valor de la conservación y del aprovechamiento sustentable de nuestros bosques, en los indicadores y en las valoraciones económicas con las que tradicionalmente ponderamos nuestro crecimiento.

Invertir en la conservación y, sin duda, acrecentar nuestro capital natural, nos reportará enormes ventajas competitivas frente al mundo y nos brindará beneficios sociales tangibles; y esto, sobre todo, de frente a un modelo de desarrollo que sólo ha favorecido la concentración de la riqueza social en unas pocas manos y que -como lo estamos viendo claramente en estos días con el nuevo gobierno estadounidense- desprecia y niega nuestro derecho humano (y el de otros seres vivos) a gozar de un medio ambiente saludable.    

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón