México debe reiterar acuerdos internacionales en materia de medio ambiente frente a Trump   

 

  • El tema no se abordó en los “principios y objetivos que guiarán la negociación con el gobierno de los Estados Unidos” presentados hoy en Los Pinos

  • La Casa Blanca borra de su sitio Web toda referencia al cambio climático y a las energías limpias; en cambio, favorecerá el uso intensivo del petróleo y carbón

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  23 de enero de 2017.

 

 

Desde el viernes pasado, con el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, he venido teniendo el mismo sentimiento que me agobió cuando algunos de mis mejores amigos comenzó a ser víctima de una enfermedad terminal y nada, nada en absoluto, sucedía para poder frenar el fatal desenlace. Hoy, nuestro impredecible amigo del norte está declaradamente enfermo y el mundo parece sentirse impotente y aterrado por la enorme posibilidad de ser contagiado, con todas las devastadoras consecuencias que ello implica.

Justo en el momento en el que el nuevo ocupante de la Oficina Oval prestaba juramento, uno de los peores síntomas de la enfermedad se hizo presente: toda referencia a los derechos civiles, al sistema de salud pública –conocido como “Obama Care”-, al reconocimiento de la comunidad LGBT o al trabajo y los compromisos en materia de cambio climático, desaparecieron del portal Web de la Casa Blanca.

 

 

Quienes durante décadas hemos venido trabajando –en distintos niveles y desde varias trincheras- para construir una agenda hacia la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente, presenciamos con frustración no sólo el desentendimiento de la administración Trump sobre lo ya alcanzado (como, por ejemplo, el Acuerdo de París y otros instrumentos para combatir al cambio climático); sino, peor aún, vemos entronizarse a la negación rotunda de un hecho científicamente comprobado en aras de la ganancia económica y de la cada vez mayor concentración de la riqueza, sin importar el costo.

Como se ha comentado ampliamente en los medios y en las redes sociales, el nuevo gobierno estadounidense ha borrado de su portal de Internet cualquier referencia al cambio climático o al uso de energías renovables; en su lugar, colocó un breve texto titulado “Un Primer Plan de Energía para América” (An America First Energy Plan), en el que se reitera lo advertido durante la campaña de Donald Trump en materia de uso intensivo del petróleo y del carbón.

 

 

Argumentando que esto resultará en beneficios económicos para la población, se anuncia que serán utilizadas las reservas de petróleo y de gas que no han sido explotadas aún en el territorio norteamericano (lo que, muy seguramente, implicará el uso de la dañina fractura hidráulica o “fracking”) y, más preocupante aún, promete que se estimulará el uso del carbón para la generación de energía.

 

 

El brevísimo documento –disponible en el portal de la Casa Blanca- establece como asunto de “seguridad nacional” el impulso a la producción petrolera doméstica, urgiendo la independencia de ese país de los intereses de la OPEP y de otras naciones productoras (a las que incluso califica como “cárteles”) e inscribiéndole como parte de su estrategia anti-terrorista. 

Como ya se anunció –y seguramente con la misma velocidad con la que aparentan estar sucediendo las cosas-, eventualmente comenzaremos a ver el desmantelamiento de la legislación de protección ambiental en los Estados Unidos (como el texto en comento ya lo dice en lo tocante a la Agencia de Protección Ambiental, la EPA, que en adelante pasará a ser una especie de guardabosques federal y no podrá regular el desempeño ambiental de las empresas norteamericanas). 

Me preocupa mucho que, esta mañana en la residencia oficial de Los Pinos, durante la presentación de los “principios y objetivos que guiarán la negociación con el gobierno de los Estados Unidos”, el presidente Peña Nieto en ningún momento habló de la protección de nuestros recursos naturales y del medio ambiente. Es alentador, sí, que el gobierno mexicano reitere la exigencia de respetar los acuerdos internacionales (muchos de carácter ambiental ya suscritos por nuestro país, como el Acuerdo de París); sin embargo, y ante la línea que vaticina ya la administración Trump –afín a los intereses de las grandes empresas petroleras-, es fundamental reiterar que el respeto mutuo implica también la obligación de acatar las leyes y las regulaciones mexicanas en materia de protección ambiental. 

Como lo he dicho en este espacio y en otras ocasiones: una de las bases indiscutibles de la soberanía nacional es la preservación de nuestro capital natural, de la riqueza material y biológica de nuestro territorio, así como el reconocimiento de la diversidad cultural, social y étnica que constituye a nuestra nación.

Ojalá que estas premisas irrenunciables estén presentes como parte de nuestras principales fortalezas, durante las difíciles negociaciones que se avecinan en las semanas por venir con la nueva administración estadounidense. No nos contagiemos de la ceguera que aqueja a nuestro vecino ni de su negación persistente de la realidad en aras de favorecer a sólo unos cuantos.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón