Avanza en 2016 la percepción pública sobre la problemática ambiental en el país 

 

  •  En su conjunto, este año los temas ambientales ocuparon el sexto sitio en la presencia mediática en México 

  • Medios de comunicación e instituciones educativas deberán asumir el compromiso de difundir estos temas para enfrentar su urgencia

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  26 de diciembre de 2016.

 

 

Esta mañana, escuchando la primera emisión de Antena Radio y la columna de la Memoria del Aire, me llevé una grata sorpresa cuando Abel Vicencio aseguró que los temas ambientales cada año vienen posicionándose más en los medios de comunicación y que, en el 2016, éstos ocuparon el sexto sitio entre los más tratados y monitoreados en nuestro país. Como es evidente, y ante la aparición de signos inequívocos de su presencia, el tema del calentamiento global y el cambio climático ha ido ganando terreno en los medios de comunicación tradicionales y, sobre todo, en las redes sociales.

 

Creo que es muy positivo que la percepción pública del problema ambiental se fortalezca, pues ello nos habla no sólo de la formación de una conciencia más o menos sólida entre algunos segmentos de la población, sino –sobre todo- podría hablarnos de la adopción de mejores prácticas y de la transformación de conductas colectivas a formas más amigables con el medio ambiente. Hoy, en México –y desde luego, en muchas partes del mundo-, amplios sectores de la opinión pública reconocen que estamos teniendo problemas en el acceso a los recursos naturales, en la disponibilidad y la calidad del agua; pero también, que la pérdida de los suelos, la contaminación ambiental y el empobrecimiento de la población en distintas regiones del mundo son problemas estrechamente vinculados.

 

Para mucha gente es ya evidente que la humanidad debe mitigar los impactos que están siendo causados sobre los ecosistemas por la generación de energía sucia o por la inadecuada disposición de los residuos, y –desde luego- para muchos no escapa el hecho de que la salud pública está cada día en mayor riesgo debido al surgimiento de nuevas enfermedades (como el Zika o el chiconguña) por la destrucción de los hábitats naturales y por el cambio climático.

 

 

A lo largo del 2016 hubo también una extensa difusión de los Acuerdos de Paris –de noviembre del 2015-, sobre todo por su discusión en las cámaras legislativas nacionales. En muchos países se establecieron estrategias y objetivos particulares para alcanzar la meta de no rebasar los 2° centígrados en el incremento de la temperatura global. Por su parte, en países como los Estados Unidos y México, importantes extensiones del territorio marino y terrestre fueron decretadas como áreas naturales protegidas, entre otras acciones dirigidas al cuidado de los ecosistemas, de la flora y la fauna, o de restricciones impuestas a determinadas actividades contaminantes. 

 

En nuestro país tuvimos una amplia gama de asuntos que, durante el 2016, fueron conocidos a través de los medios de comunicación y que fortalecieron la percepción pública sobre la importancia de conservar nuestros recursos naturales (como fue el caso del manglar de Tajamar o de la isla de Holbox, en Quintana Roo); pero, también, creo que se tomó conciencia sobre la necesidad de tomar medidas urgentes para controlar la contaminación ambiental (como lo fue el endurecimiento y adopción de las nuevas medidas del programa Hoy No Circula en la Ciudad de México).

 

A lo largo del año que está concluyendo, pudimos constatar una creciente preocupación por parte de autoridades ambientales estatales y locales (y entre muchas organizaciones ciudadanas), con motivo de los significativos recortes presupuestales realizados en este sector. A pesar de ello, y según lo demuestran las cifras de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial, en lugares como la Ciudad de México la participación ciudadana ha sido vigorosa y sólida para demandar el ejercicio pleno de sus derechos en temas como el respeto a los usos del suelo, la defensa del bienestar animal, el control de la contaminación auditiva y del aire, o la protección de las áreas verdes.

 

 

 

Aún así, es necesario fortalecer –en lo local y en lo nacional- la atención a otros problemas que están deteriorando nuestra calidad de vida, como lo son: el aprovechamiento y uso sustentable del agua; el manejo inadecuado de los residuos sólidos; la protección de los bosques, de las barrancas y de otras áreas de valor ambiental en las ciudades, entre muchos otros.

 

Hay avances en la construcción de una percepción pública y de acciones en favor del medio ambiente, pero la contundencia de hechos como el cambio climático o la pérdida de la diversidad biológica demanda de nosotros (y, particularmente, de los medios de comunicación y de las instituciones educativas) contribuir más decididamente a la discusión y a la construcción de las soluciones que la emergencia ambiental nos está exigiendo. Esperemos que, en el 2017, tomemos este compromiso en nuestras manos.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón