Con Myron Ebell en la EPA vendrá retroceso de la
política ambiental de los EEUU
Negacionista
del cambio climático dirigirá a la Agencia de Protección
Ambiental norteamericana (EPA), que fue creada en 1970;
gracias a ésta, en 1972 fue prohibida la producción y
uso del DDT
El
gabinete de Donald Trump perfila integrarse con
representantes de los intereses de la industria
petrolera y de Wall Street: Sen. Elizabeth Warren
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
21 de noviembre de 2016.
La
semana pasada y en este mismo espacio, comentaba sobre el
inminente riesgo de que -al asumir la presidencia de los
Estados Unidos el hoy ya presidente electo, el republicano
Donald Trump- las negociaciones internacionales que durante
años han venido configurándose para enfrentar al cambio
climático naufraguen y, por tanto, coloquen al planeta en
una situación aún más desastrosa de lo que ya es en la
actualidad.
Sólo faltan 69 días para que este hombre, que ha negado los
hechos demostrados ya por la ciencia y quien califica al
cambio climático como una “broma”, asuma el poder y
literalmente busque desmantelar los avances logrados para
encaminar a la economía y a la industria hacia formas más
sustentables de producción.
Hace unos días trascendió que Donald Trump ha señalado a
Myron Ebell como su candidato para ocupar la dirección de la
Agencia de Protección Ambiental norteamericana (la EPA), un
hombre calificado como “lunático” y confrontado con la
comunidad científica por su negación sistemática del cambio
climático.
"Me gustaría tener más
fondos para poder combatir las tonterías impulsadas por el
movimiento ambientalista", Myron Ebell, 2015
El hoy director de Política Energética y
Calentamiento Global, del Instituto para la Competitividad
Empresarial, sostiene que el calentamiento global es una
“realidad alternativa” creada por los intereses políticos y
económicos, por la nueva izquierda y por intelectuales de la
escuela de Frankfurt que crearon al movimiento ecologista.
(Les recomiendo ver el vídeo de su participación en la
Décima Conferencia Internacional sobre Cambio Climático en
Washington, del 12 de junio de 2015).
Myron Ebell ha sido un abierto opositor a la aprobación de
leyes que limitan las emisiones de gases de efecto
invernadero en su país y, abandonando la argumentación
científica, ha calificado como “las fuerzas del mal” a los
grupos, científicos y legisladores que les impulsaron en el
Congreso norteamericano.
En fin, la eventual designación de este sujeto -carente de
las credenciales suficientes como para buscar descalificar a
la contundente mayoría de científicos serios y premios Nobel
del planeta- se suma a otros nombramientos más que, en voz
de la senadora Elizabeth Warren, prepara Trump para
encumbrar a personajes de la industria petrolera y de Wall
Street a los puestos de decisión más importantes de aquella
nación.
En verdad, sería una pena ver cómo la nueva administración
republicana desmantela a la Agencia de Protección Ambiental
(EPA), sobre todo cuando ésta cumplirá -el próximo 2 de
diciembre- una historia de 46 años en la que ha habido
logros significativos en el control de los intereses, muchas
veces desmedidos, de la industria norteamericana (sólo hay
que recordar los impactos que tuvo el DDT en la salud de
animales y humanos, y cómo la EPA logró -en 1972- la
prohibición de su producción y uso).
Ya en 1972, el Club de Roma advirtió que «si el actual
incremento de la población mundial, la industrialización, la
contaminación, la producción de alimentos y la explotación
de los recursos naturales se mantiene sin variación, se
alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra
durante los próximos cien años» (“The Limits to Growth”).
En 1992, en el 2004 y, más recientemente, en el 2012 -a
través del uso de complejos modelos para proyectar
escenarios futuros, se reconoció que la humanidad ha llevado
al planeta más allá de sus capacidades para recuperarse y
para brindarnos sustento, y por lo mismo es imprescindible
incorporar el criterio de sostenibilidad o sustentabilidad
en todas las ramas de actividad del ser humano.
En la última edición de “Los Límites del Crecimiento”
(2012), los científicos aseguran que «el
crecimiento económico de los últimos cuarenta años es una
danza en los bordes de un volcán que nos está preparando a
una transición inevitable».
Desafortunadamente, las señales que estamos viendo con las
posibles son de un freno en la dirección del cambio correcto
y un retorno al capitalismo salvaje al que no le importa la
evidencia científica, suprimir al diferente y poner al
interés particular por encima del bien público y del de la
humanidad.▄