Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
3 de octubre de 2016.
A principios de este año -2016-, tuve el enorme privilegio
de participar en un curso-taller sobre “Cambio Climático:
Causas, consecuencias y soluciones”, impartido por el
Centro Mario Molina y convocado por la Procuraduría
Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT).
En alguna de las sesiones, uno de los especialistas del
Centro Mario Molina comentó que de continuar elevándose la
temperatura del planeta el cambio en los patrones y en las
variables del clima (como lo es también la presión
atmosférica), pudiera llegar un momento en el que volar un
avión sería algo imposible.
Desde luego que, en la actualidad, no estamos ni siquiera
cercanos a esa posibilidad; pero, por otro lado, comenzamos
a ver ya síntomas ciertamente alarmantes del
calentamiento global que están afectando a la operación de los
equipos de las líneas aéreas en el mundo.
De acuerdo con un reporte de la Universidad de Reading, en
el Reino Unido, avalado a su vez por la Administración
Federal de Aviación estadounidense (FAA), hay ya un sensible
incremento en la incidencia de las turbulencias con las que se encuentran los
aviones a lo largo de sus trayectos; y esto está claramente relacionado con los efectos
del calentamiento global en la atmósfera.

Las turbulencias son un movimiento del aire creado por la
presión atmosférica, las corrientes de chorro, el aire que
rodea a las montañas, las temperaturas frías o calientes,
así como por las tormentas eléctricas; sin embargo, también
hay turbulencias en el aire despejado (clear air turbulence) que son muy difíciles
de detectar incluso para los instrumentos de navegación
aérea.
Además de las afectaciones a las personas que viajan en
avión (como la que se vivió en agosto pasado en un vuelo a
la ciudad de Londres, donde por causa de una violenta turbulencia 12
personas –entre pasajeros y tripulación- fueron
hospitalizados por las graves heridas que tuvieron), los
especialistas prevén impactos de consideración en los costos de este hoy
imprescindible medio de transporte.

Por causa del calentamiento global, se espera un incremento
en la velocidad de las corrientes de chorro que las
aeronaves utilizan para desplazarse en altitudes y
velocidades crucero, lo que ya comienza a impactar en la
duración de los vuelos.
Esto ya está siendo observado en las rutas entre Europa y
los Estados Unidos, donde los vuelos hacia los
Estados Unidos están tomando más tiempo debido a la mayor
intensidad de corrientes de chorro contrarias; y, a su vez,
los vuelos desde los Estados Unidos hacia Europa están
disminuyendo su duración.

Aunque esto significa hoy sólo diferencias de unos cuantos
minutos, se espera que con el aumento del calentamiento
global las corrientes de chorro se incrementen o incluso
–como ya lo está constatando el centro Goddard de la NASA-
modifiquen sus patrones habituales.
Se prevé que el impacto acumulativo por la mayor duración de
los vuelos afectará en los costos del transporte aéreo y
–desde luego- contribuirá a una mayor emisión de dióxido de
carbono a la atmósfera.
El transporte aéreo es el más intensivo y el de mayor
crecimiento en cuanto a emisión de gases de efecto
invernadero se trata; un promedio de 100 mil vuelos despegan
y aterrizan en todo el mundo diariamente.
Sólo un 3 por ciento de los combustibles que utiliza el
sector de los transportes en todo el mundo pueden ser
considerados como sustentables, y si realmente se quiere
alcanzar la meta propuesta en el Acuerdo de París de no
permitir que la temperatura global aumente por encima de los
2°C, para el año 2030 –es decir, en 13 o 14 años a partir de
hoy- el sector transporte deberá utilizar más del 10 por
ciento de combustibles limpios para su operación.
Así que, si usted es una persona que –como muchas otras-
utiliza frecuentemente el transporte aéreo y ha
experimentado las molestas turbulencias, recuerde que éstas
tienen su origen también en las actividades que los seres
humanos estamos realizando en el planeta y para las que, de
manera irresponsable, no estamos poniendo un freno ni un
control en cuanto a la contaminación ambiental que
generan.

El ejemplo de los impactos del calentamiento global en la
aviación es uno más que viene a recordarnos, con toda su
crudeza y objetividad, que los asuntos de la protección al
medio ambiente tienen que ver con nuestra seguridad, pero
también con la de la salud y bienestar de todos los seres
vivos que habitamos este planeta.
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