Calentamiento global existe y está empobreciendo a las naciones ricas y a las subdesarrolladas 

 

  •  Países afectados por eventos climáticos extremos constituyen el eslabón más débil de las cadenas productivas multinacionales; el impacto económico es global

  • Urgen medidas de adaptación y mitigación consensuadas entre distintas naciones y bloques regionales; las soluciones locales no son suficientes

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  8 de agosto de 2016.

 

En el presente, sólo quienes tienen una mente estrecha y pretenden ignorar las evidencias de la ciencia respecto de la presencia del calentamiento global y del cambio climático, pueden negar irresponsablemente su existencia y –peor aún- rechazar la urgencia de tomar medidas para mitigarlo y para buscar adaptarnos a éste. Prevalece una visión en la que los fenómenos climáticos –como las sequías, las olas de calor, las lluvias torrenciales o los huracanes- son eventos devastadores, sí, pero restringidos a determinados lugares o países del planeta.

 

 

Se cree que, por ejemplo, los tifones parecen sólo afectar a los países del mar Índico y el del Japón; que los vientos y lluvias monzónicas sólo impactan al territorio de la India y los del Golfo de Bengala; o que los huracanes tropicales golpean exclusivamente al Mar Caribe, al Golfo y al Pacífico mexicano. Independientemente de que cada año estos patrones climáticos se están alejando de su “normalidad” y de que están volviéndose impredecibles, sus impactos en el bienestar de las poblaciones humanas tienen una reverberación –o un efecto dominó- que es transmitido a través de los vasos comunicantes de un mundo y de una economía cada día más globalizada.

En el 2011, cuando las desastrosas lluvias monzónicas afectaron a Tailandia, el sector tecnológico asiático en su conjunto sufrió severas pérdidas debido al daño experimentado en fábricas de discos duros tailandesas. También, en el 2013, y como consecuencia del Tifón Haiyan, se redujo significativamente la producción de aceite de coco en las Filipinas y, con ello, afectó a la industria química y a la de alimentos en todo el mundo cuando hubo que prescindir de uno de sus insumos más importantes -producido mayormente en aquel archipiélago. En el caso del tsunami y de los terremotos del 2011 en Japón (éstos, fenómenos no climáticos), la industria automotriz sufrió también un fuerte descalabro de alcances mundiales. 

 

Tifón Haiyan, en el archipiélago filipino (2013)

 

Por otra parte, se ha observado que el aumento de la temperatura en algunas regiones del planeta ha reducido la productividad en sectores como la minería, la construcción y la silvicultura, debido a que los trabajadores sufren estrés por el calor y se cansan más rápidamente. Como lo señalan Leonie Wenz y Anders Levermann en la revista Science Advances, en el presente siglo ha emergido una compleja red global donde las naciones proveen a otras de insumos y de valor agregado para producir mercancías que son consumidas en todo el orbe.

Esto implica, por tanto, que la cadena para producir una sola mercancía cuente con estabones en distintos países para su elaboración final; nada menos este fin de semana y hablando de la estrecha integración económica entre los Estados Unidos y México, la secretaria de Relaciones Exteriores explicaba a la cadena norteamericana ABC el ejemplo de la industria automotriz. “Los Estados Unidos –explicaba la Canciller Claudia Ruiz Massieu- es el mayor fabricante mundial de vehículos. La industria del automóvil está tan integrada que una gran cantidad de piezas debe cruzar la frontera ocho o nueve veces antes de hacer un coche”.

En consecuencia, me parece que ya no es sensato el continuar teniendo una visión localista y restringida de los impactos -no sólo ambientales, sino económicos, sociales y culturales- que está causando el cambio climático en el planeta; hay que entender que lo que está pasando en Asia, en África o en la Amazonia, tiene repercusiones directas en nuestra economía y en nuestra calidad de vida.  

 

 

Aunque en los acuerdos internacionales en materia de cambio climático (avalados por la Organización de las Naciones Unidas) se ha apuntado a que cada país establezca sus propias metas anuales en materia de reducción de gases de efecto invernadero, creo que sí es necesario que haya un trabajo de cooperación internacional para apoyar a los países involucrados en las cadenas productivas globales a desplegar medidas efectivas de adaptación y mitigación del calentamiento global. 

El estudio de los impactos del cambio climático sobre las redes económicas y de producción mundial es aún muy incipiente; se requerirá de un trabajo de sensibilización y de que los responsables de las grandes empresas trasnacionales asuman compromisos puntuales con la estabilidad climática y ambiental del planeta.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón