Ausente una estimación de áreas verdes privadas perdidas por Boom inmobiliario

 

  •  Es necesario un sistema para la gestión integral de las áreas verdes en la CDMX y la megalópolis

  • Numerosas autorizaciones para utilizar terrenos privados y de casas unifamiliares con grandes jardines, para transformarles en edificios de oficinas, condominios y otros usos

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  1° de agosto de 2016.

 

Hablando sobre la problemática de la contaminación del aire en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, en este espacio he insistido sobre la necesidad de fortalecer las políticas públicas no sólo en la parte gris (o de emisiones contaminantes a la atmósfera) sino también invertir en la parte verde del problema (es decir, en la conservación y la ampliación de las áreas verdes en la región del “Valle de México”). 

Me ha dado mucho gusto escuchar que el tema está siendo considerado por algunos integrantes de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) y que, en días recientes, la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), junto con la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) y el Gobierno del Estado de México, anunciaron que habrán de enfocar esfuerzos para la reforestación en el norte y oriente de la zona metropolitana de la Ciudad de México.

De acuerdo con el anuncio, estas instituciones tienen planeado sembrar un total de 18 millones de árboles para, con ello, construir “barreras rompe vientos” que contribuyan a disminuir el volumen de las partículas suspendidas y la contaminación del aire proveniente de los municipios mexiquenses con alta actividad industrial y de emisiones (como Atizapán, Cuautitlán y Tultitlán). 

En principio, esto suena muy bien y significa el reconocimiento oficial de que, en materia de calidad del aire, es necesario trabajar también en la conservación y en la ampliación de nuestras áreas verdes; sin embargo, preocupa que se hable de esfuerzos aislados de reforestación donde, al parecer, continúa ausente una visión de conjunto y sistémica de las áreas verdes de la región.

 

 

También en estos días, el titular de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), Miguel Ángel Cancino, señaló la necesidad de que la Ciudad de México se dote de un sistema de gestión integral de las áreas verdes que contemple desde un inventario claro y actualizado que incluya la situación y salud del arbolado, hasta la valoración de éste como parte del paisaje urbano y como condicionante básico del bienestar de la población. Aún más, para que se pueda garantizar nuestro derecho a un medio ambiente sano, el procurador ambiental y territorial ha llamado a que este sistema de gestión integral de las áreas verdes esté previsto desde la Constitución local (que, por cierto, en este mes de agosto concluye ya el acopio de propuestas y documentos para su análisis e integración). 

Y hay que reconocerlo: durante décadas de un intenso y desordenado crecimiento urbano, las áreas verdes y el arbolado de la ciudad han llevado la peor parte; esto, no sólo debido a la ausencia de una política pública enfocada verdaderamente a su protección, sino también por una laxitud en la aplicación de la legislación vigente y –penosamente- por la indiferencia y hasta ignorancia de un amplio sector de la población. Sin embargo, me llena de optimismo ver que las autoridades ambientales locales y la federal estén pensando y propongan ya un sistema de gestión integral de las áreas verdes para la Ciudad de México (y probablemente para la megalópolis), incorporándole como un componente necesario de la política en materia de calidad del aire.

Sí, hace falta coordinación entre los distintos órdenes de gobierno para sumar conocimientos, consolidar sistemas de información y armonizar acciones institucionales en beneficio a una causa común: un medio ambiente sano para la salud y el bienestar de la población humana y no humana. Pero –sobre todo-, hace falta que los criterios de protección al medio ambiente se adopten de manera transversal en las distintas secretarías y despachos de gobierno en todos los órdenes.

No creo que, por ejemplo, exista una estimación real de la superficie de áreas verdes que ha perdido la Ciudad de México durante los últimos años como consecuencia de las autorizaciones para utilizar terrenos privados y de casas unifamiliares con grandes jardines, para transformarles en nuevos y grandes edificios de oficinas, condominios y otros usos. 

 

 

Mi percepción es que no existen registros de la pérdida de áreas verdes en terrenos privados; un hecho alarmante no sólo desde la perspectiva ambiental sino –lamentablemente- por ser el resultado de un sistemático incumplimiento de las leyes ambientales y urbanas, y de la corrupción que ha permitido cambios radicales en los usos del suelo incluso en las zonas de conservación de nuestra ciudad. Por todo ello, la integración de un sistema de gestión integral de las áreas verdes de nuestra ciudad deberá estar sustentado en una amplia participación ciudadana y en la vigilancia transparente del cumplimiento de la ley; estoy convencido de ello.  

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón