Pendiente una política pública de conservación de manglares que incorpore a comunidades locales

 

  • Además de la inspección y vigilancia, son necesarias estrategias de aprovechamiento sustentable, producción y la distribución de beneficios bajo parámetros de conservación y acrecentamiento del capital natural

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  25 de julio de 2016.

 

Para quienes estudian la complejidad biológica de los ecosistemas terrestres y marinos, o para quienes entienden de las profundas relaciones que establecen las comunidades humanas y no humanas con el entorno natural que les rodea, hablar de la relevancia de conservar los manglares es un tema recurrente. Se trata de ecosistemas poco frecuentes en la geografía del planeta y que constituyen una frontera, prolífica en diversidad de flora y fauna, entre el mar y la tierra. 

 

 

Ya en diversas ocasiones hemos comentado en este espacio no solamente sobre la enorme gama de bienes que consumimos y que provienen de los manglares, sino también de su función en el equilibrio ambiental de los territorios costeros del país. Desafortunadamente, durante las dos últimas décadas, solamente en las costas mexicanas más del 25 por ciento de la superficie ocupada por manglares ha desaparecido; ésta -de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)- es una tendencia mundial que parece no detenerse.  

Estas barreras naturales entre el medio terrestre y el marino (y donde se dan procesos esenciales para el equilibrio de la vida), han sido ocupadas sistemáticamente y destruidas por asentamientos humanos, infraestructura urbana, industrial y de servicios.  Como invariablemente sucede, los primeros en resentir los impactos de esta administración desarticulada del desarrollo económico, social y ambiental, son precisamente aquellos que dependen de forma más directa de los recursos naturales del lugar.  

 

 

Desde los años setenta, por ejemplo, se ha favorecido un modelo de crecimiento económico en algunos polos costeros que contemplan la construcción de infraestructura urbana y de servicios para el turismo, dejando a un lado -o incluso pasando por encima y destruyendo- a los ecosistemas de manglares que fueron sustento y que tradicionalmente proveían de los bienes requeridos a las comunidades originarias.

En aras de instaurar un sistema de producción y de comercialización impuesto desde la planeación centralizada, han sido afectadas y hasta suprimidas actividades de silvicultura y de pesca que garantizaban la seguridad alimentaria de numerosas comunidades costeras en el país. Esto -desde luego-, con sus correspondientes impactos sobre la salud pública que, al obligar a la población a transformar sus hábitos alimenticios y de consumo tradicionales, propicia también un cambio en los patrones epidemiológicos; el crecimiento en los índices de sobrepeso, obesidad y diabetes que experimenta nuestro país es probablemente el síntoma más evidente.

Por éstas y muchas otras razones, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), buscando promover una relación más armoniosa entre el hombre y la naturaleza, proclamó el año pasado que todos los días 26 de julio sería conmemorado en el mundo el Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, que el día de mañana será festejado por primera ocasión. Si bien ya se hablaba de la importancia de los manglares durante los festejos del Día Mundial de los Humedales -cada 2 de febrero-, la relevancia particular de estos ecosistemas llevó a considerar una fecha específica para abordar su problemática particular.

 

 

En México existe ya una estimación sobre la riqueza natural contenida en alrededor de 774 mil hectáreas de manglares, gracias al trabajo iniciado en 2005 por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Sin embargo, aún está pendiente una verdadera política pública de conservación de los manglares nacionales en la que, además de la inspección y vigilancia, se contemplen estrategias para incorporar a las comunidades vinculadas con estos ecosistemas a formas de aprovechamiento sustentable, producción y distribución de beneficios bajo parámetros de conservación y acrecentamiento del capital natural. 

Ojalá que la primera conmemoración -mañana martes 26 de julio- del Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, venga acompañada de una amplia convocatoria para diseñar una estrategia nacional para la protección y aprovechamiento racional de este valioso recurso.  

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón