Para continuar siendo una política pública exitosa, el Hoy No Circula debe readaptarse a la realidad

 

  • En materia ambiental, la ciencia como instrumento de la política es especialmente importante para hallar y alcanzar consensos

     

  • En 27 años de operación del programa Hoy No Circula ha habido logros importantes en la reducción de concentración de contaminantes atmosféricos

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  18 de julio de 2016.

 

Probablemente, mucha gente no recuerde que el programa de restricción al uso del automóvil en la Ciudad de México –el Hoy No Circula- comenzó primero, entre 1987 y 1988, como una iniciativa ciudadana (llamada entonces “Un día Sin Auto”) en la que, sin ser obligadas por la autoridad, algunas personas dejaban de utilizar su carro durante un día a la semana. Para finales de 1989, esta medida inicialmente voluntaria se transforma en un programa de gobierno y de cumplimiento obligatorio que, hay que decirlo, contó con una amplia aceptación por parte de distintos sectores de la ciudadanía, básicamente, por lo razonable de su objetivo: reducir la grave contaminación del aire que se padecía en la Ciudad de México por aquellos días.

 

 

Durante cerca de 30 años ya, este programa de restricción vehicular ha contado con la participación de las autoridades (que verifican y registran los niveles de contaminación); la de los automovilistas (que son verificados y dejan de utilizar su coche uno o dos días semanalmente); y la participación del sector privado, que suspende ciertas actividades industriales durante las contingencias. Pero, adicionalmente a esto, desde 1990 ha habido un espectro de acciones menos visibles para el público y adicionales al programa Hoy No Circula, que se suman a los esfuerzos dirigidos a reducir las emisiones de gases y de partículas contaminantes que afectan a nuestra atmósfera y a la salud de la población. 

En una etapa inicial, con el Programa Integral Contra la Contaminación Atmosférica en el Valle de México (el PICCA, 1990-1995), y más recientemente, con el Programa para Mejorar la Calidad del Aire en el Valle de México (el Pro Aire 1995-2001, 2002-2010 y 2011-2020), se ha venido trabajando en la mejora de las gasolinas; en modernizar la tecnología y el desempeño de los automóviles y de la industria; en la restauración ecológica de las áreas boscosas de la cuenca del Valle de México; y -muy importante-, en lograr reducir los casos de enfermedades respiratorias agudas entre la población. Los recursos invertidos y los resultados de todas estas acciones han sido, evidentemente, diferenciados; pero, a pesar de las insuficiencias, sí es posible hablar de una mejora en la calidad del aire en la Ciudad de México a lo largo de todos estos años de la aplicación de una política pública destinada a la mejora ambiental y de nuestra calidad de vida. 

Constatar esta afirmación es tan simple como ver las gráficas históricas que dan testimonio de la disminución de la presencia de contaminantes atmosféricos desde 1989 a la fecha, lo que ha permitido endurecer sistemáticamente los niveles máximos del Índice Metropolitano de Calidad del Aire (IMECA) a partir de los que se decretan las contingencias ambientales.

 

 

Sí, en mi opinión ha habido un relajamiento en las acciones integrales para mejorar la calidad del aire de la ciudad (especialmente en lo tocante a la conservación y mejora de las áreas verdes y boscosas), pero sin duda hay un avance histórico en la política de calidad del aire que sigue colocándonos como un ejemplo a seguir frente a otras ciudades del país e incluso del extranjero. 

En particular, el programa Hoy No Circula, como política pública de largo aliento, ha sido exitoso y ahora –con la publicación de la nueva normatividad- enfrentamos un proceso de readaptación lógico que, desafortunadamente, ha llevado a la crispación de algunos de los sectores involucrados y que, espero, pronto será superado. Creo que sería una verdadera lástima que el tema continúe siendo politizado por el gobierno federal, por el de la Ciudad de México o por algún integrante de la megalópolis; o -peor aún- que se convierta (como ya ha habido la intención) en bandera de algún partido político, pues se corre el riesgo de dar al traste con una política pública que ha funcionado adecuadamente y ha dado resultados muy positivos -sin importar el color de los gobiernos en turno- a lo largo de ya casi 30 años. 

En las cuestiones de preservación y protección del medio ambiente, la ciencia como instrumento de la política es especialmente importante para hallar y alcanzar consensos; en materia de calidad del aire (o en casos tan lamentables como la muerte de animales en el Zoológico de Chapultepec), son los métodos y la comprobación científica lo que dará lugar a las respuestas, a la razón y, en su caso, a la selección de las mejores opciones o rutas de acción a tomar.

Y, un hecho totalmente comprobado es que, a lo largo de tres décadas de lucha contra la contaminación del aire en la Ciudad de México, los avances positivos que constatamos han sido posibles únicamente como el resultado de la participación conjunta entre autoridades, la ciudadanía y los sectores productivos. No rompamos con esta inteligente y, para todos, benéfica colaboración.  

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón