En el 2050, el cambio climático obligará a 250 millones de personas a buscar refugio en otros países

 

  • Además de los conflictos bélicos y políticos, la crisis ambiental está provocando ya desplazamientos humanos en todo el planeta  
     

  • Aceptar diferencias culturales, raciales e ideológicas, sólo pueden enriquecer y fortalecer (y no lo contrario) a aquella nación que abre sus brazos para recibir a quienes piden refugio

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  20 de junio de 2016.

 

 

A lo largo de la historia de la humanidad, el tema de las poblaciones que tienen que abandonar sus territorios de origen para buscar refugio en otros países, ha sido una constante que se explica, en la gran mayoría de los casos, por razón de conflictos bélicos y políticos. Nuestro país -México- tiene una larga tradición como nación que ha brindado su hospitalidad y cobijo a distintos grupos de refugiados desde finales del siglo XIX (como lo es el caso de la comunidad judía) y, particularmente, a finales de los años treinta del siglo XX con el exilio español. Otros grupos de Centro y Sudamérica (chilenos, argentinos, venezolanos, guatemaltecos, cubanos, etc.) se han sumado también al conjunto de personas que pudiéramos clasificar como refugiados viviendo en México. 

Sin embargo, el huir de las guerras o de la persecución política en sus países de origen no es la única condición que motiva a las personas a buscar refugio en una nación distinta. Como fenómeno multifactorial, la migración forzada también está encontrando entre sus causas a la devastación ambiental que está sucediendo en algunas regiones del mundo, donde hechos como la sequía, la desertificación, las inundaciones, la destrucción de ecosistemas y, en general, el cambio climático está implicando la pérdida de las condiciones básicas para sostener a las poblaciones. 

En el caso de los refugiados sirios en el Líbano, Jordania, Irak y Turquía (y sólo más recientemente en Europa), no son únicamente las terribles condiciones políticas y bélicas las que explican este éxodo; la inusual sequía que ha vivido la región desde el 2006 ha sido, también, una de las principales causas de este importante desplazamiento humano. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) calcula en alrededor de cinco millones a los sirios refugiados en otras naciones del mundo, y en casi siete millones a los desplazados al interior del territorio sirio. 

 

 

En la primera década del siglo XXI se ha observado un crecimiento en el número de migrantes o “refugiados ambientales”; es decir, aquellas “personas o grupos de personas que, por razones imperiosas de cambios repentinos o progresivos en el medio ambiente que afectan negativamente a la vida o las condiciones de vida, se ven obligados a abandonar sus hogares habituales, o deciden hacerlo, ya sea de forma temporal o permanentemente, y que se mueven ya sea dentro de su país o hacia el extranjero” (Organización Internacional para las Migraciones)

Es tal la relevancia que el deterioro ambiental ha venido significando para entender el fenómeno de las migraciones en el mundo, que el derecho internacional ha incorporado ya criterios ambientales y ampliado de manera importante la rama conocida como “derecho del refugiado”. Ya desde la década de los ochenta, investigadores y personalidades del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), como Jodi Jacobson y Mustafá Tolba, y más recientemente Norman Myers (del Panel Intergubernamental de observadores del Cambio Climático), han formulado pronósticos que calculan -para el 2050- en hasta en 250 millones de personas las que buscarán refugio por motivo de las emergencias ambientales en sus países de origen. 

 

 

Si bien existen dudas sobre la evidencia científica que sustenta a estas predicciones, lo que sí es claro es que las naciones tienen que -además de garantizar la prevalencia de regímenes democráticos, transparentes y participativos- invertir y trabajar en la construcción de medidas de adaptación y mitigación de los impactos y causas del cambio climático.

Pero también es cierto que todas estas medidas deben ser acompañadas de un proceso de sensibilización y educación de la población, encaminada a comprender lo esencial que es para la vida la preservación de la diversidad biológica; ello implica -cuando hablamos de migraciones humanas- aprender a aceptar también las diferencias culturales, raciales e ideológicas, entendiendo que éstas sólo pueden enriquecer y fortalecer (y no lo contrario) a aquella nación que abre sus brazos para recibir a quienes piden refugio. 

Hoy -20 de junio- es el Día Mundial de los Refugiados. Unámonos para que ellos, en cualquier parte del mundo, tengan acceso a la educación, a la salud, a la vivienda y al trabajo, y para que puedan ejercer sus derechos con plenitud en cualquiera que sea el país que les reciba.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón