Atención a efectos del cambio climático significarían a México hasta el 2.5% del PIB

 

  • Es necesario canalizar inversiones en soluciones naturales para mitigar el cambio climático; conservación de manglares y arrecifes coralinos, importante para proteger zonas costeras
     

  •  Del 2007 al 2014, México destinó 12 veces más recursos a los fondos de reconstrucción que a los de prevención de desastres

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  23 de mayo de 2016.

 

En México y en el mundo, los gobiernos, organizaciones no gubernamentales y las empresas (principalmente, las compañías aseguradoras) están ponderando ya los costos económicos del cambio climático y destacan las ventajas resultantes de realizar inversiones en la prevención de desastres. Ésta –la prevención de los potenciales impactos del cambio climático sobre los territorios, los ecosistemas y la población mundial- no es aún una prioridad destacada en la gran mayoría de los presupuestos de ninguna nación del planeta. 

Según la Universidad de Harvard, la comunidad internacional está invirtiendo en la prevención o mitigación de riesgos por el cambio climático menos de una quinta parte de lo que se gasta en atender las emergencias causadas por los desastres “naturales”. De acuerdo con cifras oficiales, del 2007 al 2014, México destinó 12 veces más recursos a los fondos de reconstrucción que a los de prevención de desastres.  

Los costos financieros y humanos del cambio climático están llamando poderosamente la atención de los distintos sectores internacionales, haciendo cada día más evidente la necesidad de invertir con mayor intensidad en medidas preventivas para la reducción de riesgos. El Foro Económico Mundial ha señalado que, durante la última década, las empresas aseguradoras en todo el mundo han pagado más de 300 mil millones de dólares por daños causados por fenómenos climatológicos, recursos que han sido utilizados generalmente para reconstruir las mismas estructuras vulnerables en sitios de alto riesgo. 

 

 

En naciones insulares como Barbados, por ejemplo, cada año se gasta hasta el 4% de su PIB en atender los impactos dejados por los huracanes; en México, la compañía aseguradora AXA estima que en las próximas tres décadas el país perderá -al menos- un 2.5 de su PIB en la atención directa de los impactos del cambio climático (es decir, inundaciones, sequías, lluvias torrenciales, olas de calor). En este sentido, las zonas costeras en el mundo se visualizan como prioritarias para canalizar inversiones a fin de instrumentar distintas medidas dirigidas a mitigar el cambio climático; esto es así debido a que más de 3 mil 500 millones de personas -es decir, la mitad de la humanidad- vive hoy en territorios frente al mar; en México, por ejemplo, cerca de la mitad de la población -el 46%- vive hoy en estados costeros. 

Es bien sabido que la elevación del nivel de los océanos, además del incremento en la intensidad y el cambio de los patrones de los huracanes, está afectando ya a numerosos asentamientos humanos costeros en México y en el mundo. Empresas de seguros (como Swiss Re) o la misma Cruz Roja Internacional están haciendo importantes inversiones económicas para la recuperación de los arrecifes de coral en el Pacífico asiático y en el Atlántico, pues saben bien que un arrecife en buenas condiciones reduce hasta en un 97% la intensidad de las olas y en un 66% su altura. Consecuentemente, esto reducirá la incidencia de inundaciones durante las tormentas y, lo más importante, habrá una disminución de las pérdidas humanas, materiales y económicas en naciones como Vietnam. 

El Banco Mundial, la organización Nature Conservancy, así como ecologistas, economistas e ingenieros de distintas partes del mundo, publicaron recientemente un reporte en el que proporcionan una guía práctica para invertir en soluciones naturales (como los manglares o los arrecifes coralinos) para reducir riesgos de desastres en las zonas costeras. 

En México, un 97 % del territorio es susceptible -de grado moderado a alto- a la desertificación y a la sequía; pero también, hasta el 15 % del territorio, el 68 % de la población y el 71 por ciento del PIB, se encuentran altamente expuestos al riesgo de impactos catastróficos atribuibles directamente al cambio climático (Greenpeace).

Los pronósticos señalan que la temporada de huracanes -que inicia oficialmente pasado mañana, 1° de junio- será más o menos leve. Esperemos que esto no relaje los de por sí insuficientes esfuerzos de prevención en materia de desastres naturales, pero, sobre todo, que no sea un motivo para continuar ignorando la urgencia de invertir muchos más en la conservación de nuestros manglares, de los recursos marinos, forestales y, en general, de la biodiversidad y los ecosistemas mexicanos.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón