-
Importante disminución del gen del crecimiento (MET) en
los productos de las madres expuestas a los químicos que
expulsan los escapes de los automóviles
-
En un mundo
dominantemente urbano, es necesario incorporar
criterios para medir el desarrollo que incorporen
indicadores de bienestar social y ambiental
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
25 de abril de 2016.
No
deja de sorprenderme esta especie de condición humana en la
que, a pesar de nuestra capacidad de razonar y de
anticiparnos a los hechos, preferimos esperar a que las
consecuencias de nuestras malas decisiones lleguen a
abatirnos antes de preferir corregir el rumbo y así poderles
evitar. Hoy, a pesar de que sabemos de los graves impactos
que está provocando la contaminación ambiental en la salud
pública o en la integridad de los ecosistemas, adoptamos
acuerdos en el camino de las soluciones al largo plazo y no
atendemos con responsabilidad la urgencia que los hechos
demandan.
Hace quince días –y hablando de la contaminación del aire-
comentaba aquí que la Organización Mundial de la Salud (OMS)
ha informado que, como consecuencia de que en la actualidad
más de la mitad de la población mundial habita en ciudades,
hoy algo así como tres mil millones y medio de personas
estamos respirando aire contaminado permanentemente. Como
resultado de ello –subraya la OMS-, hoy más gente que nunca
está muriendo por respirar aire contaminado que debido a las
enfermedades transmisibles por el agua.
Las afectaciones que tiene la contaminación del aire entre
la población están siendo ya valoradas desde la perspectiva
de otras áreas científicas ocupadas en la salud humana; así,
por ejemplo, y de acuerdo con Marc Weisskopf, profesor de
Epidemiología Ambiental y Ocupacional de la Escuela de Salud
Pública de Harvard, existe evidencia suficiente para
vincular a la contaminación del aire con el autismo en los
niños.

Numerosos estudios han mostrado que aquellas mujeres que
están expuestas a altos niveles de contaminación del aire,
tienen también un alto riesgo de dar a luz niños con
autismo; sobre todo, se ha concluido que el feto es más
vulnerable a los efectos de la contaminación del aire y, por
tanto, a desarrollar autismo, durante el tercer trimestre
del embarazo. Si bien existe una nutrida lista de factores
ambientales que han sido considerados como posibles
causantes del autismo, la contaminación del aire como
variable determinante de este trastorno del desarrollo
neuronal se ha fortalecido en los últimos años.
Investigadores de la Universidad del Sur de California han
encontrado –en experimentos con ratones- disminuciones
importantes de un gen vinculado con el crecimiento (el gen
MET) en los productos de las madres expuestas a los químicos
que expulsan los escapes de los automóviles. De acuerdo con
los científicos, hay grandes coincidencias entre los niños
cuyas madres han vivido en ambientes altamente contaminados
y su alta tendencia a padecer autismo. Los estudios sobre el
vínculo entre la contaminación del aire por vehículos
automotores y el autismo en niños, son hoy una robusta línea
de investigación científica.
Mientras tanto, creo que es también momento de que sociedad
y gobierno nos replanteemos cuáles deben ser los parámetros
para medir y, sobre todo, inducir el sano crecimiento y
desarrollo de las ciudades y del país en general. En la Gran
Bretaña, la New Economics Foundation ha propuesto valorar el
avance de los países no sólo a partir de la medición del
Producto Interno Bruto (PIB), sino hacerlo ahora
incorporando indicadores como la calidad de los empleos, el
bienestar derivado del ingreso, la salud ambiental y la
reducción de las emisiones de dióxido de carbono, la equidad
social y, finalmente, la salud de la población en términos
de prevención y tratamiento de las muertes evitables.

En cuanto a mejorar las condiciones ambientales de las
ciudades, tanto en los EE.UU. como en Europa se ha visto que
lo más viable –o lo menos costoso- es instrumentar
soluciones desde la dimensión distrital o barrial, para
después ampliarle a toda la ciudad (hay ejemplos
interesantes en Tampa, en París y en Hamburgo, por mencionar
algunas ciudades que están buscando mejorar el entorno y,
consecuentemente, la salud de sus habitantes).
En resumen, creo que es importante que los tomadores de
decisiones en nuestro país –y en otras naciones del orbe-
hagan una valoración seria, responsable, sobre cuáles son
los factores que, en este nuevo paradigma de crecimiento
urbano, están condicionando el bienestar de la población, la
salud pública y el equilibrio de los costos económicos,
sociales y ambientales que propiciarán -o no- el desarrollo
en todo el orbe. ▄