Por nuevas restricciones vehiculares, se suma un millón de usuarios al transporte público de la CDMX

 

  • El transporte público de la CDMX, además de deficiente es el segundo más inseguro para las mujeres en todo el mundo: World Economic Forum
     

  • Sólo el 20% de los habitantes de la CDMX se moviliza en automóviles; pero las obras viales ocupan más del 80% del espacio público disponible

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  5 de abril de 2016.

 

La semana pasada, en este mismo espacio, concluía mi columna afirmando que “…la situación de emergencia que vivimos –en materia de mala calidad del aire- es el resultado de la postergación de medidas necesarias y, hoy finalmente, urgentes”; y comenté que “requerimos de restricciones al tráfico vehicular … -y que-  se debe revertir el rezago en materia de inversión en un transporte público moderno y de calidad”.

Unos días después de este comentario, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) hizo público el anuncio del endurecimiento “temporal” del programa Hoy No Circula; informó sobre la reducción de los límites en la medición de contaminantes para activar la Fase 1 de contingencia ambiental; y, también, anticipó que habrá una homologación en la metodología utilizada para la verificación vehicular computarizada en toda la megalópolis.

 

 

Como persona informada de los problemas ambientales que provoca el uso de vehículos automotores que utilizan combustibles fósiles, en México y en todo el mundo, creo que ésta es una medida “impopular” sí, pero necesaria; y, por lo mismo, estoy dispuesto a asumir mi parte de responsabilidad con el medio ambiente dejando de utilizar mi auto durante cinco y hasta seis días al mes.

Coincidentemente con la contingencia ambiental y con los anuncios de la CAMe, la semana pasada el Foro Económico Mundial dio a conocer un estudio de la Universidad de Yale en el que se concluye que, en la actualidad, en todo el mundo hay más muertes debidas a la contaminación del aire que como consecuencia del agua insalubre. La mitad de la población del mundo –más de 3 mil 500 millones de personas-, dice el estudio, están expuestas a niveles peligrosos de contaminación del aire, lo que significa que una de cada 10 muertes en el mundo son ya debidas a esta causa. 

 

 

A diferencia de Yale, la Organización Mundial de la Salud dice que una de cada ocho personas las que mueren en todo el mundo debido a la contaminación del aire (lo que se entiende cuando sabemos que la mayoría de la población mundial habita ya en concentraciones urbanas). En Nueva Delhi, por ejemplo, más de 600 mil muertes al año son causadas por la contaminación del aire que es generada por el transporte motorizado; y, a pesar de la reciente instrumentación de un programa de restricción vehicular -basado en la regla de matrículas pares y nones-, los niveles de contaminación a sólo una semana de su aplicación se incrementaron hasta en un 25 por ciento. 

Hace un par de años, el Instituto Mexicano para la Competitividad calculó en más de cinco mil muertes anuales, alrededor de 15 mil hospitalizaciones y más de 800 mil consultas médicas en el país sólo por causa de la contaminación del aire (cifras que, en mi opinión, podrían ser muy conservadoras). 

Repito: asumo mi compromiso como parte de ese 20 por ciento de la población de mi ciudad que utiliza un automóvil particular, pero también esperaría un compromiso contundente, histórico por parte de las autoridades para transformar el paradigma de movilidad actual.

Con la entrada en vigor de las medidas “temporales” anunciadas, se calcula en más de un millón de personas las que nos sumaremos el día de mañana al sistema de transporte público de la Ciudad de México (por cierto, calificado también hace unos días por el Foro Económico Mundial, como el segundo más peligroso para las mujeres en todo el mundo).

 

 

Hasta ahora, no he escuchado de las autoridades de ningún orden de gobierno alguna medida emergente para ordenar, hacer más eficiente y seguro, así como ampliar al transporte público de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Tampoco veo que se contemplen inversiones históricas en este sector para terminar con el rezago de ya casi medio siglo (recordemos que el metro de la Ciudad de México se inauguró en septiembre de 1969).

Es urgente revertir la insustentable tendencia de construir infraestructura para el automóvil particular, iniciada con los Ejes Viales –en los años setenta-, y seguida de distribuidores, puentes, segundos pisos y deprimidos en las décadas subsecuentes, y pensar más en ese 80 por ciento de las personas que en esta ciudad se movilizan en un transporte público fragmentado, inseguro, inoperante y hasta insalubre.

Ojalá que la valoración de los costos ambientales y de salud pública que está provocando la actual crisis de la calidad del aire en la CDMX, detone la adopción de criterios realistas para determinar la magnitud y calidad de las inversiones dirigidas al transporte público y la movilidad. 

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Ver también: Global Metrics for Environment; Yale University, 2016.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón