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Hay una distorsión entre la estructura del sistema de
transporte público con relación al origen y el destino
de los viajes que realiza la población: FIMEVIC
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La Ciudad de México ocupa el primer
lugar mundial en congestionamientos viales y en tiempo
extra utilizado por sus habitantes en el transporte
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección
Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo)
/ Ciudad de México /
28 de marzo de 2016.

En
días recientes, la organización TomTom (empresa inglesa
dedicada al desarrollo y venta de sistemas de geo-posicionamiento
global) publicó los resultados de la medición que hace en
295 países alrededor del mundo sobre los niveles de
congestionamiento vial. Este
Índice del Tráfico vehicular da información
detallada de los impactos que tienen los llamados
embotellamientos sobre los tiempos de traslado de los
habitantes de distintas ciudades, lo que podría ser de mucha
utilidad para las autoridades a fin de identificar puntos
específicos para mejorar la movilidad urbana.
Resulta entonces que, de 295 ciudades estudiadas en todo el
mundo, la Ciudad de México se ha llevado el primer lugar en
este índice de congestión vehicular, lo que resulta en que
los capitalinos utilicemos hasta un 60 por ciento más del
tiempo que sería el “normal” para transportarnos a través
del tráfico citadino. Esta tendencia se exacerba durante las
horas pico de la mañana y de la tarde, donde permanecemos
atorados en el tráfico hasta un 97 y un 94 por ciento
-respectivamente- más del tiempo que, de acuerdo con las
características de nuestra infraestructura vial, sería el
aceptable.
Tiempo extra en los viajes realizados en la CDMX

Entre las conclusiones más importantes que aporta este
índice mundial –trabajado y publicado a lo largo de un
lustro por la empresa Tomtom-, es que la construcción de
nuevas vías rápidas, puentes o distribuidores, no elimina el
problema de los congestionamientos viales en ninguna ciudad
del mundo. Probablemente –sugiere el estudio-, la única
forma de combatirles radique en la decisión de transformar
los paradigmas actuales de movilidad, fortaleciendo las
inversiones en infraestructura para el transporte público,
el uso de la bicicleta y opciones razonables para los
peatones (y también, pero en el mediano plazo, la
automatización del transporte individual).
Pero, mientras esto sucede, los especialistas de Tomtom
recomienda a los usuarios del transporte particular
considerar cinco puntos: 1.- utilizar el tiempo real del
tráfico y la navegación dinámica (auxiliándose de
aplicaciones satelitales disponibles para teléfonos
inteligentes, como Waze o Google Maps); 2.- atreverse a
conducir por las rutas sugeridas por estos sistemas; 3.-
consultar la situación del tráfico vehicular antes de salir
a la calle; 4.- considerar horarios diferentes de salida
para evitar las típicas horas pico, y; 5.- tomar en cuenta
otras opciones accesibles de movilidad en función de las
distancias por recorrer (como la bicicleta, el transporte
público e incluso caminar).
De acuerdo con este estudio, en promedio, los habitantes de
la CDMX utilizamos cada día 57 minutos extras del tiempo que
normalmente debiéramos invertir en las vialidades, lo que se
traduce en la pérdida de 219 horas al año atorados en los
congestionamientos viales.

Llama mi atención el constatar que en la Ciudad de México
existe, desde hace también varios años, un “Diagnóstico
de los Problemas de movilidad de las Personas”
(publicado por el Fideicomiso para el Mejoramiento de las
Vías de Comunicación, FIMEVIC), en el que se identifican de
manera muy puntual las causas y los impactos que tiene el
caos vehicular en el medio ambiente y en la salud de quienes
aquí habitamos.
Entre los puntos que considero más relevantes de este
diagnóstico (que recomiendo ampliamente
consultar)
está el hecho de que hay una distorsión entre la manera en
que está estructurado el sistema de transporte público y la
infraestructura vial de la ciudad, con relación al origen y
el destino de los viajes que está realizando la población.
Destaca también el que no se ha logrado revertir aún la
atomización o fragmentación del transporte público
–experimentada entre 1983 y 1998- donde los viajes en
microbuses, mini-taxis y colectivos subieron del 8 al 55 por
ciento; mientras que los servicios del metro, del transporte
eléctrico y autobuses redujeron su participación del 54 al
20 por ciento de los viajes realizados.

En conclusión, el incremento de los problemas de
contaminación atmosférica que hemos venido padeciendo tiene
una explicación sencilla, y sus causas son conocidas ya
desde hace tiempo; la situación de emergencia que vivimos es
el resultado de la postergación de medidas necesarias y, hoy
finalmente, urgentes. Es fácil: requerimos de restricciones
al tráfico vehicular que, sin duda, son impopulares, pero
reducirán costos de salud pública; se debe revertir el
rezago en materia de inversión en un transporte público
moderno y de calidad; pero, sobre todo, es necesario
propiciar e inducir mayor participación ciudadana en la
materia.
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